gaceta
Así empezó a llamarse el relato de los asuntos públicos. Al principio del siglo XVII se inventó en Venecia esta buena costumbre, en la época en que Italia era todavía el centro de las negociaciones de Europa y
Venecia el asilo de la libertad. Llamaron a unas hojas de papel impresas que repartían una vez cada semana «gacetas», nombre sacado de
gazzetta, moneda de escaso valor que tenía curso obligatorio en Venecia. En seguida imitaron ese ejemplo las principales ciudades de Europa.
Diarios casi semejantes se publicaban en la China desde tiempo inmemorial. En esa nación se imprime todos los días la
Gaceta del Imperio, por orden del soberano.
El médico Teofastro Renaudot publicó en Francia las primeras gacetas en 1631, concediéndole este privilegio, que
fue durante mucho tiempo patrimonio de su familia. Este privilegio se convirtió en un objeto importante en Amsterdam, y la mayoría de las gacetas de las Provincias Unidas dan hoy todavía una renta
a muchas familias de magistrados, que pagan a los que las escriben. La ciudad de Londres publica más de doce gacetas cada semana, y allí
únicamente se pueden imprimir en papel timbrado, lo que da buen producto al Estado.
Las gacetas de la China sólo se ocupan de este Imperio, las de Europa se ocupan de todo el universo, y aunque con frecuencia divulgan noticias falsas, suministran, sin embargo, buenos materiales para la Historia, porque ordinariamente los errores en que incurre un número de la gaceta lo rectifican los números siguientes, y en ellos se encuentran todas las disposiciones auténticas de los soberanos, que ellos mismos mandan insertar. El ministerio revisa siempre las gacetas de Francia, y por eso los autores emplean siempre fórmulas decorosas y no olvidan que hablan en nombre del rey. Los diarios públicos jamás fueron manchados por la maledicencia y se han escrito siempre con corrección (1).
No sucede lo mismo en las gacetas extranjeras; en las
Londres, exceptuando las de la corte, se insertan algunas indecencias que la libertad de la nación autoriza.
Imitando las gacetas políticas, empezaron a imprimirse en Francia en 1665 gacetas literarias; los primeros periódicos de esa clase no eran mas que sencillos anuncios de los libros nuevos que se imprimían en Europa; pero muy pronto añadieron
a los anuncios la crítica razonada de las obras, lo que desagradó a muchos autores criticados, por más que en esta materia no se abusó al principio. Sólo nos ocuparemos ahora de las gacetas literarias con que se abrumó al público, que recibía ya muchos periódicos de todos los países de Europa que cultivaban las ciencias. Estas gacetas aparecieron en París el año 1723 con distintos nombres. La mayor parte de ellas se escribieron únicamente para ganar dinero; y como
no se adquieren ganancias elogiando a los autores, la sátira constituía ordinariamente el fondo de aquellos escritos; como se ocupaban con frecuencia de personalidades odiosas, dieron pasto
a la malignidad; pero la razón y el buen gusto, que a la larga prevalecen siempre, consiguieron excitar el desprecio y hacerlas caer en el olvido.
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(1) Desde la época de Voltaire hasta nuestros días los periódicos se han transformado mucho.—N. del
T.
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