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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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FILOSOFÍA

Platón, Aristóteles - Filosofía - Diccionario Filosófico de VoltaireHe consumido cerca de cuarenta años en mi peregrinación, en dos o tres rincones del mundo, buscando esa piedra filosofal que se llama «la verdad». Consulté a todos sus adeptos de la antigüedad, a Epicuro y a Agustín, a Platón y a Malebranche, y continué permaneciendo en la misma pobreza. Quizás en los crisoles de esos filósofos haya una o dos onzas de oro, pero todo lo demás de ellos es residuo, caput mortuum, fango insípido, con el que nada se puede hacer.

Siempre me ha parecido que los griegos, que fueron nuestros maestros, escribían más para ostentar su ingenio que para instruir. No encuentro un solo autor de la antigüedad que haya seguido un sistema metódico y claro y que camine de consecuencia en consecuencia, tratando de unir y de combinar los sistemas de Platón, de Aristóteles y de los orientales. He aquí poco más o menos la sustancia que de todos ellos he podido reunir.

La casualidad es una palabra vacía de sentido; nada puede existir sin causa. El mundo está gobernado por leyes matemáticas; luego lo organizó una inteligencia.

No es un ser inteligente, tal como yo soy, el que presidió a la creación del mundo, porque yo no puedo crear ni un albaricoque; luego el mundo es obra de una inteligencia prodigiosamente superior.

Ese ser que posee la inteligencia y el poder en tan alto grado, ¿existe necesariamente? Necesariamente; porque es preciso o que haya recibido el ser de otro, o que exista por su propia naturaleza. Si recibió el ser de otro, lo que es muy difícil de concebir, tengo que recurrir a ese otro, y ese otro será el primer motor. Cualquiera de las dos cosas que elija, tengo que admitir siempre un primer motor poderoso e inteligente, que lo sea necesariamente por su propia naturaleza.

Ese primer motor, ¿produjo las cosas de la nada? Esto no se concibe: crear de la nada es convertir la nada en alguna cosa. No debo admitir semejante producción, a lo menos hasta que encuentre razones invencibles que me obliguen a admitir lo que mi inteligencia no puede comprender.

Todo lo que existe parece que exista necesariamente, puesto que existe; porque si hoy día hay una razón para demostrar la existencia de las cosas, también la hubo ayer y la habrá en todos los tiempos, y esta causa debe haber tenido siempre su efecto, porque si no lo tuviera hubiera sido por toda la eternidad una causa inútil.

Pero ¿cómo habrán existido las cosas siempre, estando visiblemente bajo la dirección del primer motor? Será, pues, indispensable que esa potencia haya obrado siempre, lo mismo, poco más o menos, que no puede haber sol sin luz; lo mismo que no puede haber movimiento sin que exista un ser, sin que éste pase de un punto del espacio a otro punto.

Existe, pues, un Ser poderoso e inteligente que obra siempre, porque si no hubiera obrado, ¿de qué le serviría su existencia? Todas las cosas son, pues, emanaciones eternas de ese primor motor.

Pero ¿cómo concebir que la piedra y el cieno sean emanaciones del Ser Eterno, inteligente y poderoso? Hay que escoger en este dilema: o la materia de la piedra y del cieno existe necesariamente por sí misma, o existe porque le da vida el primer motor; no puede haber término medio. De modo que hay que adoptar uno de estos dos partidos: o la materia es eterna por sí misma, o la materia es producto eterno del Ser poderoso e inteligente.

Pero o subsistiendo por su propia naturaleza, o emanada del Ser protector, existe para toda la eternidad, puesto que existe. Si la materia es eternamente necesaria, es, pues, imposible, es contradictorio que no sea. Pero ¿qué hombre puede asegurar que es imposible y contradictorio que el guijarro y que la mosca no tengan vida? Nos vemos obligados a pararnos ante esta dificultad, que sorprende más a la imaginación que contradice los principios del raciocinio.

Efectivamente, desde que habéis concebido que todo emana del Ser existente siempre, que siempre ha debido obrar, y que por lo tanto, todas las cosas debieron salir eternamente del seno de su existencia, no debéis resistiros a creer que la materia de que están formados el guijarro y la mosca es una producción eterna, como no os habéis resistido a comprender que la luz es una emanación eterna del Ser todopoderoso.

Puesto que soy un ser extenso y pensante, mi extensión y mi pensamiento son productos necesarios de este Ser. Es evidente que no puedo dotarme ni de extensión ni de pensamiento; luego he recibido una y otra facultad de ese Ser necesario. ¿Pudo darme lo que no tenía? Me dotó de inteligencia y me puso en el espacio; luego es inteligente y está en el espacio.

Decir que el Ser Eterno, que el Dios todopoderoso, en todos los tiempos llenó necesariamente el universo de sus producciones, no es privarle de su libertad; al contrario, porque la libertad es el poder de obrar, Dios obró siempre; luego Dios usó siempre de la plenitud de su libertad.

La libertad que llaman «indiferencia» es una palabra sin sentido, un absurdo; porque eso sería determinarse sin razón, sería un efecto sin causa. Luego Dios no puede tener esa libertad supuesta, que implica contradicción en los términos. Luego Él ha obrado siempre por la necesidad que constituye su existencia.

Es, pues, imposible que el mundo exista sin Dios y que Dios exista sin el mundo. El mundo está lleno de seres que se suceden unos a otros; luego Dios ha producido siempre los seres que se han sucedido.

Estas aserciones preliminares constituyen la base de la antigua filosofía de los griegos. De esa regla general debemos exceptuar a Demócrito y a Epicuro, cuya filosofía corpuscular combatió esos dogmas. Pero hay que fijarse en que los epicúreos partían de una física enteramente equivocada, y en que el sistema metafísico de los demás filósofos subsiste como los sistemas físicos. Toda la Naturaleza, exceptuando el vacío, contradice a Epicuro, y ningún fenómeno de ella contradice la filosofía que acabo de explicar. Una filosofía que está acorde con las leyes que rigen la Naturaleza y que satisface a los espíritus más observadores, ¿no es superior a cualquier otro sistema no revelado?

Fuera de las aserciones de los antiguos filósofos que he concretado cuanto me ha sido posible, ¿qué es lo que nos resta? Un caos de dudas y de quimeras. No creo que haya existido jamás filósofo que haya propuesto un nuevo sistema, que no haya confesado al fin de su vida que ha perdido el tiempo. Hay que confesar que los inventores de las artes mecánicas han sido más útiles a la humanidad que los inventores de los silogismos; el que inventó la lanzadera fue más útil que el que adivinó las ideas innatas.

 

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