FIGURA EN TEOLOGÍA
Es muy cierto, y convienen en ello muchos hombres devotos, que el uso de las figuras y de las alegorías en esta materia se ha llevado demasiado lejos, esto es, que se ha abusado de ellas. No puede negarse que el pedazo de tela roja que puso en su ventana la cortesana Rahab para avisar
a los espías de Josué, que algunos Padres de la Iglesia creen que simboliza la sangre de Jesucristo, es un abuso del espíritu religioso, que en todo quiere encontrar misterio. No puede negarse que San Ambrosio, en su libro titulado
De Noé y del arca, usa con muy poco gusto la alegoría cuando dice que la pequeña puerta del arca tenía la figura del ano, por el que salen los excrementos.
Todas las personas sensatas extrañan que hayan tratado de probarnos que las palabras hebreas
maher-salat-hasbas, «tomad pronto los despojos», representen la figura de
Jesucristo; que Moisés tendiendo las manos hacia el cielo durante la batalla contra los madianitas simbolice también
a Jesús; que Judá atando su borriquillo a la vid y lavando su manto con vino represente también una figura;
que Rut metiéndose en la cama de Booz sea una representación de la Iglesia; que Sara y Raquel figuren ser la Iglesia y Agar y Lia la Sinagoga, y que los besos de la Sulanita en la boca figuren el casamiento de la Iglesia. Pudiéramos describir un volumen de enigmas parecidos, que muchos
teólogos
modernos tienen por rebuscados más que por edificantes.
El peligro de este abuso lo reconoce expresamente el abate Fleury, autor de la
Historia eclesiástica. Este abuso es un resto de rabinismo, un defecto en el que nunca incurrió el sabio San Jerónimo. Este abuso se parece
a la interpretación de los sueños, a la quiromancia. Cuando una joven veía soñando el agua turbia y burbujosa, era signo de que se casaría mal; y cuando la veía clara, era augurio de que encontraría un buen marido; la aparición de una araña predecía tener dinero, etc., etc. ¿La posteridad ilustrada
podrá creer que durante cuatro mil años se han estado haciendo estudios serios
sobre la inteligencia de los sueños?
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