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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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DIVORCIO

Divorcio - Diccionario Filosófico de VoltaireEn el artículo de la Enciclopedia titulado Divorcio se dice «que habiendo introducido los romanos dicha costumbre en las Galias, Bissine o Bazini abandonó al rey de Shuringe, que era su marido, para seguir a Childerico, que se casó con ella». Esto es lo mismo que si se dijera que, habiendo los troyanos establecido el divorcio en Esparta, Helena repudió a Menelao para irse con Paris a Frigia. La fábula agradable de Paris y la fábula ridícula de Childerico, que jamás fue rey de Francia, y que suponen que robó a la esposa de Bazini, no tiene nada que ver con la ley del divorcio. Cita también el referido artículo a Chereverto, reyecillo de la pequeña ciudad de Lutecia, que también repudió a su esposa. El abad Velly, en su Historia de Francia, dice que Chereverto repudió a su mujer Ingoberga para casarse con Mirefleur, hija de un artesano, y luego se casó con Theuldegilda, hija de un pastor, «que fue elevada hasta el primer trono del Imperio francés». No había entonces ni primero ni segundo trono entre los bárbaros, a los cuales el Imperio romano no reconoció nunca como reyes. Tampoco existió Imperio francés. El imperio francés no empieza hasta Carlomagno.

Dice también que el régulo Childerico, señor de la provincia de Soissonnais, a quien llaman rey de Francia, se divorció de la reina Andova o Andovera, y he aquí la razón de ese divorcio. Andovera, después de haber tenido del señor de Soissons tres hijos, tuvo una hija. Los francos eran en cierto modo cristianos desde la época de Clovis. Andovera presentó su hija para que recibiera el bautismo. Childerico de Soissons, que indudablemente estaba harto de ella, le declaró que había cometido un crimen sin remisión siendo madrina de su hija, y que ya no podía seguir siendo su esposa, según las leyes de la Iglesia, y se casó con Fredegunda. Después repudió a ésta y se casó con una visigoda.

El Código Justiniano, que en gran parte han aceptado las naciones modernas, autoriza el divorcio; pero el derecho canónico, por el que los católicos se rigen en esta materia, no lo permite.

El autor del artículo de la Enciclopedia dice que el divorcio se practica en los Estados de Alemania autorizado por la Confesión de Augsburgo (1). Podemos añadir nosotros que ese uso está establecido en los países del Norte, entre los reformistas de todas las confesiones posibles y en toda la Iglesia griega.

El divorcio cuenta probablemente la misma antigüedad que el matrimonio; pero sin embargo, creo que el matrimonio debe ser algunas semanas más antiguo; esto es, que el marido reñiría con la mujer a los quince días, le pegaría a los treinta y se separaría de ella seis semanas después de haber cohabitado.

Justiniano, que reunió todas las leyes promulgadas antes de su época, añadiendo a ellas las que él dictó, no sólo estuvo conforme con la ley del divorcio, sino que le dio más extensión, hasta el punto de que toda mujer cuyo marido fuera no esclavo, sino sencillamente prisionero de guerra durante cinco años, podía, transcurridos éstos, contraer otro matrimonio.

Justiniano era cristiano y hasta teólogo; sin embargo, la Iglesia derogó sus leyes cuando llegó a ser soberana y legisladora. Los papas, sin gran trabajo, consiguieron que las decretales sustituyeran a ese código de Occidente, que estaba sumergido en la ignorancia y la barbarie. Supieron servirse en provecho suyo de la estupidez de los hombres, hasta el extremo de que Honorio III, Gregorio IX e Inocencio III prohibieron por medio de bulas que se enseñara el derecho civil. Como desde entonces únicamente la Iglesia mandó en materia de matrimonio, también mandó respecto al divorcio, y no hubo un solo príncipe que se divorciara ni que se casara con segunda mujer sin permiso del Papa antes de los tiempos de Enrique VIII, rey de Inglaterra, que se casó sin este permiso, después de solicitar mucho tiempo que terminara el proceso la curia romana. Esa costumbre, que se estableció en tiempos de ignorancia, se perpetuó en tiempos más ilustrados, porque todo abuso se eterniza por sí mismo. Enrique IV sólo consiguió ser padre de un rey de Francia por decreto del Papa, y todavía necesitó, como ya dijimos en otro artículo, para que se fallara su divorcio, mentir diciendo que el acto carnal del matrimonio no había existido.

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(1) Este es el nombre que se da a los veintiocho artículos que los luteranos presentaron a Carlos V en Augsburgo en 1530. -N. del T.

 

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