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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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Voltaire - Diccionario Filosófico  

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DICHA, FELICIDAD

Dicha, felicidad - Diccionario Filosófico de VoltaireLo que llamamos felicidad es una idea abstracta; compuesta de algunas ideas de placer, porque el que sólo tiene un momento de placer no puede decir que es feliz, como por un momento de dolor no puede creerse el hombre desgraciado. El placer es más rápido que la dicha, y la dicha más rápida que la felicidad. Cuando el hombre dice: «Soy dichoso en este momento», abusa de la palabra, porque sólo quiere decir: «Tengo placer.» Cuando disfrutamos de placeres repetidos durante un espacio de tiempo, podemos decir que somos dichosos. Cuando esa dicha se prolonga, podemos decir que somos felices. Muchas veces, gozando de gran fortuna, no somos dichosos, como los enfermos displicentes que carecen de apetito y no comen en los festines preparados para ellos.

El antiguo adagio francés que dice: «No debemos llamar a nadie feliz hasta después de su muerte», se funda en principios falsos. Si creemos esa máxima, no conceptuaremos dichoso mas que al hombre que lo sea constantemente desde que nace hasta que expira, y esa serie continua de momentos agradables es imposible si atendemos a la constitución de nuestros órganos, a la constitución de los elementos de que dependemos y a la de los hombres, de los que dependemos mucho más. La pretensión de querer ser siempre dichosos es buscar la piedra filosofal del alma. Ya conseguimos mucho si no pasamos gran parte de la vida sumidos en la tristeza. El que creyera haber gozado siempre de la vida feliz, aunque pereciera miserablemente, merecería ser llamado dichoso hasta su muerte, y se puede asegurar que habría sido el más dichoso de los hombres. Quizás Sócrates fue el más feliz de los griegos, aunque jueces supersticiosos y absurdos le envenenaran jurídicamente a la edad de setenta años por la sospecha de que creía en un solo Dios.

Se cuestiona también si hay en la vida una condición más feliz que otra, y si el hombre en general es más dichoso que la mujer. Pero para decidir esta cuestión era preciso haber pasado por todas las condiciones de la existencia y haber sido hombre y mujer, como Tiresias e Ifis, y además haber vivido en todas las condiciones con las circunstancias propias para cada una y pasar por todos los estados posibles del hombre y de la mujer.

Se pregunta si existe un hombre más feliz que otro, pero esa perogrullada es muy fácil de contestar. Es claro que el que padece las enfermedades de la piedra y de la gota, y pierde sus bienes, su honor, su mujer y sus hijos, y le condenan a la horca, es menos feliz en el mundo que un sultán joven y vigoroso y que el zapatero de remendón de La Fontaine (1). Lo que se quiso preguntar sin duda es cuál es más feliz de dos hombres que gocen de igual salud y que posean iguales bienes de fortuna. Esta cuestión la ha de decidir el carácter. El más moderado, menos inquieto y al mismo tiempo más sensible es el más dichoso; pero por desgracia, el más sensible es casi siempre el menos moderado. No es nuestra condición, es el temple del alma el que nos hace felices, y esta disposición del alma depende de nuestros órganos, y nuestros órganos se han formado sin que tengamos la menor parte en su formación.

Algunos perros se ven acariciados, los peinan, les dan a comer bizcochos y les destinan hermosas perras; pero hay otros que padecen de sarna, los muelen a palos y los matan de hambre. ¿Depende acaso de esos perros ser dichosos o desgraciados?

Comúnmente usamos las frases siguientes: pensamiento feliz, rasgo feliz, clima feliz. Los pensamientos y los rasgos felices que nos ocurren como rápidas inspiraciones los recibimos como la luz que hiere nuestra vista sin que la busquemos. No están en nuestro poder, como no lo está tener fisonomía dichosa, esto es, expresiva y noble, que es independiente de nosotros mismos y muchas veces engañosa. Clima feliz es el que la Naturaleza favorece, lo mismo que  la imaginación y el talento superior. ¿Quién puede darse el genio a sí mismo? ¿Quién puede, cuando recibió algunos rayos de esa llama, conservarla siempre brillante?

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(1) Fábula II del libro VIII.

 

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