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Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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CLIMA

IClima - Diccionario Filosófico de Voltaire

Es indudable que el terreno y la atmósfera influyen en las varias producciones de la Naturaleza, siendo más a propósito para unas que para otras, empezando por el hombre y terminando por los guisantes.

En el siglo de Luis XIV, el ingenioso Fontenelle dijo: «Puede asegurarse que la zona tórrida y las dos zonas glaciales no son muy a propósito para el cultivo de las ciencias. Hasta hoy no han conseguido pasar del Egipto y de la Mauritania por una parte, y de la Suecia por la otra. No es quizá casual que se hayan contenido entre el monte Atlas y el mar Báltico. No se sabe si estos son los límites que la Naturaleza les marcó, o si podemos abrigar la esperanza de que existan algún día sabios lapones o negros.»

Chardin, uno de los viajeros que mejor raciocina y más profundiza, al ocuparse de la Persia, va todavía más lejos que Fontenelle. «La temperatura de los climas cálidos —dice— enerva el espíritu y el cuerpo y disipa el fuego que necesita la imaginación para inventar. Los hombres no son capaces en esos climas de pasar largas veladas ni dedicarse al continuo estudio que produce las obras de las artes liberales y las artes mecánicas.»

Chardin no recordaba sin duda que Ladi y Lokman eran persas; ni que Arquímedes nació en Sicilia, cuyo terreno es más cálido que las tres cuartas partes de la Persia; ni que Pitágoras aprendió la geometría en el país de los brahmanes. El abad Dubos sostuvo y desarrolló esa opinión de Chardin. Cincuenta años antes que Chardin y que Dubos, Bodin sentó la base de su sistema en sus libros titulados República y Método de la historia, en los que afirma que la influencia del clima es el principio del gobierno de los pueblos y de su religión.

Heliodoro de Sicilia fue de esa opinión mucho tiempo antes que Bodin. El autor de El espíritu de las leyes llevó esta idea más lejos que Dubos, Chardin y Bodin, haciendo creer a parte de la nación que él la había inventado, porque siempre en las muchedumbres se encuentra más entusiasmo que talento.

Podemos preguntar a los que sostienen que todo depende de la atmósfera: ¿por qué el emperador Juliano dijo en su Misopogon que le gustaban los parisienses por la gravedad de su carácter y la seriedad de sus costumbres, y por qué esos mismos parisienses, sin que el clima haya variado, son hoy niños juguetones, a los que el gobierno guía riéndose con latigazos, de los que se ríen después inventando canciones burlescas para criticar a sus preceptores? ¿Por qué los egipcios, que nos pintan los autores antiguos de carácter más grave que los parisienses, constituyen en la actualidad el pueblo más holgazán, más frívolo y más cobarde, cuando antiguamente conquistaron casi todo el mundo durante el mismo reinado de Sesostris? ¿Por qué en la Atenas moderna no nace hoy un Anacreonte, un Aristóteles o un Zeuxis? ¿Por qué en la Roma actual, en vez de descollar un Cicerón, un Catón o un Tito Livio, sólo existen ciudadanos que no se atreven a hablar y un populacho embrutecido, cuya suprema felicidad consiste en comprar el aceite barato y ver desfilar las procesiones?

Cicerón, en sus cartas, se burla mucho de los ingleses, y suplica a Quintio, su hermano, lugarteniente de César, que le diga si ha encontrado grandes filósofos en su expedición a Inglaterra. No podía creer ni sospechar siquiera que esa nación pudiera producir más adelante tan notables matemáticos, que él no hubiera podido entender. Sin embargo, el clima allí no ha cambiado, y el cielo de Londres es hoy tan nebuloso como entonces.

Todo cambia en el cuerpo y en el espíritu con el transcurso de los tiempos. Quizás un día vengan los americanos a enseñar a los pueblos de Europa. El clima tiene alguna influencia, el gobierno la tiene mayor, y la religión y el gobierno juntos influyen mucho más.

II

INFlUencia del clima

El clima influye sobre la religión en materia de usos y ceremonias. No costará gran trabajo al legislador que los indios se bañen en el Ganges durante ciertas fases de la luna, porque el baño es un gran placer para ellos; pero apedrearían al legislador que propusiera que tomaran un baño los pueblos rusos que habitan en las cercanías de Arkangel. Prohibid que coma cerdo el árabe, que adquiriría la lepra si comiera la carne de dicho animal, que en su país es muy malsana, y os obedecerá contento. Prohibid esto mismo al habitante de Westfalia, y veréis cómo se subleva. La abstinencia del vino es un buen precepto en la Arabia, donde los refrescos de naranja y limón son precisos para conservar la salud; pero Mahoma no hubiera nunca prohibido beber vino en Suiza, sobre todo antes de ir al combate.

Hay usos que son de pura fantasía. ¿Por qué los sacerdotes de Egipto inventaron la circuncisión? No sería para conservar la salud. Cambises, que los trató como merecían, y con él sus cortesanos y sus soldados, no se hicieron recortar el prepucio, y gozaban de buena salud. El clima no tiene nada que ver con las partes genitales del sacerdote, que ofrecía su prepucio a Isis. Del mismo modo que le ofrecían las primicias de los frutos de la tierra, le dedicaban las primicias del fruto de la vida.

Las religiones rodaron siempre sobre estos dos ejes: observancia y creencia. La observancia depende en gran parte del clima, pero la creencia no. Lo mismo se puede imponer un dogma en el Ecuador que en el círculo polar; lo mismo le rechazarán en Batavia que en las Orcadas, y será admitido ungivus et rostro en Salamanca. Esto no depende del suelo ni de la atmósfera; depende únicamente de la opinión, que es la reina del mundo.

Ciertas libaciones de vino servirán de precepto en el país donde abundan las viñas, y el legislador que instituya en Noruega misterios sagrados cuidará de que se celebren con vino. Mandará expresamente que se queme incienso en el empedrado del templo, donde se degüellan animales, haciendo estos sacrificios en honor de la Divinidad y para que sirvan de cena a los sacerdotes. Aquellas carnicerías que se llaman «templos» hubiesen sido focos de abominable infección si no las hubieran purificado continuamente; sin los aromas del incienso, la religión de los antiguos hubiera atraído la peste. Hasta adornaba el interior de los templos con festones de flores para purificar el aire.

No sacrificaban vacas en la cálida península de las Indias, porque esos animales que nos suministran la leche son muy escasos en aquellos campos: tienen la carne seca, dura como el cuero, es poco nutritiva y cara, por lo que la vaca en aquel país se convirtió en animal sagrado.

Entraban descalzos en el templo de Júpiter Ammón, porque allí hacía calor excesivo, pero en los templos de Copenhague entran bien calzados los devotos.

No sucede así con el dogma. En todos los climas se creyó en el politeísmo, y le fue tan fácil a un tártaro de Crimea como a un habitante de la Meca reconocer la existencia de un Dios único, engendrador y no engendrado. Por el dogma, más que por los ritos, se extiende una religión de un clima a otro. El dogma de la unidad de Dios pasó desde Medina hasta las montañas del Cáucaso, y el clima cedió a la opinión.

Los árabes dijeron a los turcos: «Seguimos la costumbre de circuncidarnos en Arabia, sin saber precisamente por qué. Era moda que antiguamente seguían los sacerdotes de Egipto de ofrecer a Osiris una pequeña parte de lo que les era más precioso, y nosotros adoptamos esa costumbre tres mil años antes de ser mahometanos. Os circuncidaréis, pues, como nosotros; tendréis obligación de acostaros, como nosotros, con una de vuestras mujeres todos los viernes, y de entregar cada año a los pobres el dos y medio por ciento de vuestra renta. Sólo bebemos agua, porque se nos prohíben toda clase de licores, que en la Arabia son perniciosos, y os sujetaréis a ese régimen, aunque seáis aficionados al vino y aunque éste os sea necesario en las riberas del Tase y del Araxo. Si queréis ir al cielo y tener en él buen sitio, tenéis que ir en peregrinación a la Meca.» Los habitantes del Norte del Cáucaso se sometieron a esas leyes y abrazaron una religión que no se fundó para ellos.

En Egipto, el culto emblemático que se rendía a los animales sucedió a los dogmas de Thaut. Los dioses de los romanos compartieron en seguida con Egipto el culto de los perros, los gatos y los cocodrilos. A la religión romana sucedió el cristianismo, y éste fue sustituido por el mahometismo, que quizá ceda su sitio a una nueva religión.

En todas estas vicisitudes, el clima no intervino para nada; el gobierno lo hizo todo. La religión cristiana, que nació en la Siria y que creció extraordinariamente en Alejandría, se extiende hoy por los países donde antiguamente adoraron a Teutates, Irminsul, Frida y Odín.

En algunos pueblos, ni el clima ni el gobierno han introducido la religión. ¿Por qué causa se separaron el Norte de Alemania, Dinamarca, las tres cuartas partes de la Suiza, Holanda, Inglaterra, Escocia e Irlanda, de la comunión romana? Por la pobreza. Quisieron vender demasiado caras las indulgencias y la salvación del purgatorio a unas almas cuyos cuerpos tenían entonces muy poco dinero. Los prelados y los frailes se tragaban todas las rentas de una provincia, y esas naciones adoptaron una religión más barata. Después de combatirse en varias guerras civiles, se ha llegado a creer que la religión del Papa era muy buena para los grandes señores, y la protestante para los ciudadanos.

 


 

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