TORRE DE BABEL EDICIONES

Portal de Filosofía,  Psicología y Humanidades

BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO - Catálogo

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano

Selección de artículos de una de las más importantes y clásicas Enciclopedias en lengua española

 

 Mitología griega e historia de los grandes hombres de Grecia

Sencilla exposición de la mitología griega, historia de los héroes, semidioses y hombres célebres griegos. Por Fernán Caballero.

 

Historia de la Filosofía

Edición digital de la Historia de la Filosofía de Jaime Balmes

 

Historia de la Filosofía

Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...

 

Diccionario de Filosofía

Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes

 

Biografías y semblanzas

Vidas y referencias biográficas de los filósofos y pensadores

 

Índices y sumarios

 Índices y sumarios de las obras clásicas del pensamiento

 

En la red y en español

Directorio y breve descripción de revistas de filosofía en español editadas en la red

 

Razón vital

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

 

Curso de Psicología

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

 

Vocabulario de psicología

Explicación de los principales conceptos, tesis y escuelas en el área de la Psicología

 

La psicología contemporánea

Manual del filósofo y psicólogo español J. Vicente Viqueira

 

Vocabulario de economía

Principales conceptos de esa ciencia. Por el catedrático de economía José Manuel Piernas Hurtado

 

Legislación educativa y cultural

 

 

VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

Cambios sucedidos en el globo  ◄

Voltaire - Diccionario Filosófico  

►  Canto, música, melopea

 

CAMINOS

Caminos - Diccionario Filosófico de VoltaireHace poco tiempo que las modernas naciones de Europa han empezado a hacer practicables los caminos y a dotarlos de alguna belleza. Es uno de los grandes cuidados de los emperadores del Mogol y de la China; pero esos príncipes se han quedado más atrás que los romanos. Las vías Apia, Aurelia, Flaminia, Emiliana y Trajana subsisten todavía. Únicamente los romanos podían construir semejantes caminos y repararlos.

Bergier, que ha escrito un libro muy útil, titulado Historia de los grandes caminos del Imperio romano, dice y repite que Salomón empleó treinta mil judíos en cortar madera del Líbano, ochenta mil para edificar su templo, setenta mil para el acarreo de los materiales y tres mil seiscientos para dirigir los trabajos. Será verdad todo esto, pero nada tiene que ver con los grandes caminos.

Plinio dice que estuvieron empleados trescientos mil hombres durante veinte años para construir una pirámide en Egipto. Si esto es cierto, fue una lástima que emplearan tan mal a trescientos mil hombres. Los que trabajaron para abrir los canales en Egipto y para levantar la gran muralla de la China, los que construyeron los caminos del Imperio romano, fueron empleados con mayor utilidad que los trescientos mil infelices que el construyeron sepulcros terminados en punta para enterrar el cadáver de un egipcio supersticioso.

Conocidas son las obras de los romanos; los lagos que ahondaron o cambiaron de curso, las colinas que hicieron desaparecer, la montaña que por orden de Vespasiano cortaron en la vía Haminia, en un espacio de mil pies de longitud, cuya inscripción subsiste todavía. La construcción de la mayoría de nuestras casas no es tan sólida como lo era la de las grandes vías que conducían a Roma. Estas vías públicas las extendieron por todo el Imperio, aunque no con tanta solidez, porque no hubieran tenido dinero suficiente. Casi todas las calzadas de Italia se elevaban cuatro pies sobre sus cimientos, y cuando encontraban un pantano que interrumpía el camino lo cegaban; cuando encontraban algún sitio montañoso le unían al camino por medio de una suave pendiente y sostenían en muchas partes dichos caminos con murallas. Encima de los cuatro pies de obra colocaban grandes piedras de talla, mármoles de un pie de espesor que con frecuencia tenían diez pies de longitud, trabajándolos por su parte superior para que no hicieran resbalar a los caballos que caminaban sobre ellos. No sabemos qué es más admirable, si la utilidad o la magnificencia de los caminos romanos.

Casi todas esas asombrosas construcciones se hicieron a expensas del tesoro público. César reparó y prolongó la vía Apia con dinero de su peculio, pero su dinero era el de la República. Empleaban en esos trabajos a los esclavos, a los pueblos vencidos, a los habitantes de las provincias que no eran ciudadanos romanos; trabajaban por servidumbre corporal, pero recibían una pequeña retribución.

Augusto fue el primer emperador que hizo que las legiones trabajasen con el pueblo para construir excelentes caminos en las Galias, España y Asia. Perforó los Alpes por el valle que lleva su nombre, y que los piamonteses y los franceses llamaban por corrupción el «Valle de Aosto», y necesitó para esto someter antes a los habitantes salvajes que ocupaban dichas regiones. Todavía existe entre el grande y el pequeño San Bernardo el arco de triunfo que le erigió el Senado después de la conquista. Perforó además los Alpes por otra parte, por la que va a Lyón y desde allí conduce a todas las Galias. Los vencidos no habían hecho nunca en beneficio suyo lo que hicieron por ellos los vencedores.

Con la caída del Imperio romano desaparecieron las obras públicas, la civilización, el arte y la industria. Quedaron deshechos los grandes caminos de las Galias, excepto alguna calzada que la desgraciada reina Brenechilde reparó, cuya reparación duró poco tiempo. Apenas se podía pasar a caballo por las antiguas vías, que no eran ya mas que abismos llenos de cieno y de piedras. Había que pasar por los campos labrados, y los carros apenas podían hacer en un mes el camino que hacen hoy en una semana. El comercio se puede decir que no existía. Por poco que se viajase en las estaciones crudas, largas y fastidiosas en los climas septentrionales, era preciso hundirse en el fango o trepar por las rocas. Eso es lo que sucedía en Alemania y en Francia hasta mitad del siglo XVII. Hasta la época de Luis XIV no empezaron a construirse los grandes caminos, que las demás naciones imitaron. Las vías militares romanas sólo tenían diez y seis pies de anchura, pero eran infinitamente más sólidas, y no necesitaban repararlas todos los años, como nosotros. Las embellecían infinidad de monumentos, columnas miliarias y hermosos sepulcros, porque ni en Grecia ni en Roma se permitía que las ciudades sirvieran de sepultura, y mucho menos los templos, lo que les hubiera parecido un sacrilegio. No sucedía allí lo que sucedió en nuestras iglesias, en las cuales una vanidad de bárbaros indujo a enterrar a precio de oro a los habitantes ricos, que infectaban el sitio donde los fieles van a adorar a Dios, y en el que parecía que sólo quemaban incienso para no oler el hedor de los cadáveres, mientras que los pobres se pudrían en el cementerio contiguo, y unos y otros esparcían enfermedades contagiosas que atacaban a los vivos. Únicamente los emperadores romanos reposaban al morir en los monumentos que Roma les erigía.

Voltaire - Diccionario Filosófico    

 CAMINOS

 

Cambios sucedidos en el globo  ◄

 

►  Canto, música, melopea

 

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco  - Aviso legal y política de privacidad