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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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CAMBIOS SUCEDIDOS EN EL GLOBO

Cambios sucedidos en el globo - Diccionario Filosófico de VoltaireCuando presenciamos que una montaña avanza hasta una llanura, o lo que es lo mismo, que un inmenso peñasco de dicha montaña se desprende y cae en los campos; cuando vemos con nuestros propios ojos un castillo hundido en la tierra, un río tragado que luego viene a salir del abismo, señales indudables de que una gran cantidad de agua inundó en otros tiempos un país hoy habitado, y muchos vestigios de otras revoluciones, estamos predispuestos a creer los grandes cambios que han alterado la faz del mundo.

¿Es cierto que hubo un gran incendio en los tiempos de Faetón? Es verosímil, pero no lo produjo la ambición de Faetón ni la cólera de Júpiter, que lanzó sus rayos. Lo mismo que en 1755 no fueron las hogueras que en Lisboa encendía la Inquisición las que atrajeron la venganza divina ni las que encendieron los fuegos subterráneos y destruyeron la mitad de la ciudad, porque Mequínez, Tetuán y otras tribus considerables de árabes sufrieron catástrofes más horribles que la de Lisboa, y la Inquisición no se conoce en aquellas regiones.

La isla de Santo Domingo, que quedó destruida poco después, no había ofendido más al Ser Supremo que la isla de Córcega. Todo está sometido a leyes físicas y eternas. El azufre, el betún, el nitro, el hierro, encerrados en la tierra con sus mezclas y sus explosiones, han trastornado mil ciudades, han cerrado y abierto muchos abismos, y todos los días nos amenazan estos accidentes peculiares de la manera de estar constituida la tierra, como nos amenazan en varias regiones los lobos y los tigres que tienen hambre durante el invierno.

Si el fuego, que, según Demócrito, es el principio de todo, ha trastornado gran parte de la tierra, el agua, que es el primer principio de Tales, no ha causado menores trastornos. La mitad de la América está inundada todavía por los antiguos desbordamientos del Marañón, el río de la Plata, el río de San Lorenzo y el Mississippi, y por los arroyuelos, aumentados perpetuamente por las nieves eternas de las montañas más altas de la tierra, que atraviesan ese continente de un extremo a otro. Estos diluvios acumulados han producido en muchas partes grandes pantanos. Las tierras inmediatas han quedado inhabitables, y la tierra que las manos del hombre hubieran podido fertilizar, ha producido peces. Lo mismo ha sucedido en China y Egipto, y han tenido que pasar multitud de siglos para poder abrir canales en ellas y desecar los campos. Añadid a los interminables desastres las irrupciones del mar, los terrenos que éste invade y abandona, las islas que arranca del continente, y podéis contar que el agua ha devastado más de ochenta mil leguas cuadradas de Oriente a Occidente, desde el Japón hasta el monte Atlas.

Que el Océano se tragó la isla Atlántida, lo mismo puede considerarse como un hecho histórico que como una fábula. La escasa profundidad que tiene el Atlántico hasta las islas Canarias, puede considerarse como una prueba de la citada catástrofe. Las islas Canarias pudieran ser muy bien los restos de la Atlántida. Platón asegura que los sacerdotes de Egipto, por cuyo país viajó, conservaban documentos antiguos que afirmaban la desaparición de dicha isla en el mar. Platón dice también que esa catástrofe sucedió nueve mil años antes de su época. Nadie creerá esa cronología bajo la fe de Platón, pero nadie puede alegar contra ella ninguna prueba física ni hecho alguno histórico sacado de los escritores profanos.

Plinio dice que en todos los tiempos los pueblos de las costas españolas meridionales han creído que el mar se abrió paso por Calpe. El que viaje para estudiar puede convencerse por sí mismo de que las Cícladas y las Esporadas formaban antiguamente parte del continente de la Grecia, y sobre todo que la Sicilia estaba unida a la Apulia. Los volcanes del Etna y del Vesubio, que tienen los mismos cimientos debajo del mar, y el abismo de Caribdis, único punto profundo de dicho mar, son pruebas irrecusables de esto. Los diluvios, de Deucalión y de Ogiges son bastante conocidos, y las fábulas que se inventaron después de esto sirven todavía de entretenimiento a todo el Occidente.

Los escritores antiguos mencionan otros diluvios acaecidos en Asia. El diluvio que refiere Beroso sucedió, como él dice, en Caldea, cuatro mil trescientos o cuatro mil cuatrocientos años antes de la era vulgar. El Asia se vio inundada de fábulas inventadas sobre este asunto, tanto como de los desbordamientos del Tigris y del Eufrates y demás ríos que desembocan en el Ponto Euxino.

Esos desbordamientos sólo llenan los campos de algunos pies de agua; pero la esterilidad que producen, la destrucción de las casas y los puentes y la muerte de las bestias que causan, son pérdidas que necesitan cerca de un siglo para reponerse. Sabido es lo mucho que las inundaciones le cuestan a Holanda, la cual perdió más de la mitad de su territorio en 1060. Necesita todavía combatir continuamente contra las olas, que siguen amenazándola; nunca empleó tantos soldados para resistir a sus enemigos como trabajadores emplea para defenderse sin cesar de los asaltos del mar, que siempre está dispuesto a tragársela.

El camino que por tierras del Egipto conduce a Fenicia, costeando el lago Sirbón, fue antiguamente practicable; pero hace muchísimo tiempo que no lo es. Ahora es una sábana de arena cubierta de agua pantanosa. En una palabra, gran parte de la tierra sería un vasto pantano ponzoñoso y habitado por monstruos, si no lo fertilizara el trabajo asiduo de la raza humana.

No estudiaremos en este artículo el diluvio universal de Noé, porque basta para enterarse de él leer con fe la Sagrada Biblia. El diluvio de Noé es un milagro incomprensible, que realizó sobrenaturalmente la Providencia, queriendo destruir al culpable género humano y crear un nuevo género humano inocente. Si la nueva raza humana fue más perversa que la primera y sigue siendo más criminal de siglo en siglo y de reforma en reforma, también esto es misterio de la Providencia, cuyas profundidades es imposible sondear, y a la que adoramos los pueblos de Occidente, desde hace algunos siglos, por la traducción latina de los Setenta.

Voltaire - Diccionario Filosófico    

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