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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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Voltaire - Diccionario Filosófico  

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CADENA DE LOS SERES CREADOS

Cadena de los seres creados - Diccionario Filosófico de VoltaireLa gradación de seres elevándose desde el ligero átomo hasta el Ser Supremo, esa escala del infinito, excita nuestra admiración; pero cuando la examinamos atentamente, se desvanece ese gran fantasma, como antiguamente las apariciones se desvanecían al rayar la aurora y sonar el canto del gallo.

La imaginación se complace en observar el paso imperceptible de la materia bruta a la materia organizada, de las plantas a los zoófitos, de los zoófitos a los animales, de éstos al hombre, del hombre a los genios, de los genios a las substancias inmateriales, y siguiendo esos millares de órdenes diferentes de substancias que en belleza y perfección se elevan hasta el mismo Dios. Esta jerarquía complace a las buenas gentes, que creen ver en ella al Papa y a sus cardenales, seguidos de los arzobispos y de los obispos, tras de los que van los curas, los vicarios, los sacerdotes, los diáconos y los subdiáconos, cerrando la marcha los frailes.

Pero hay mucha más distancia entre Dios y las más perfectas criaturas que entre el Santo Padre y el decano del Sacro Colegio; el decano puede ascender a Papa; ¿pero el más perfecto de los genios puede llegar a ser Dios? ¿No media el infinito entre Dios y él?

Esta supuesta gradación o cadena no existe en los vegetales y en los animales, y la prueba de ello es que hay especies de plantas y de animales que han desaparecido. Como por ejemplo, la muria, que ya no existe.

Los judíos tenían prohibido comer carne de grifo y de ixión: esas dos especies de pájaros es probable que hayan desaparecido del mundo. Aunque no hubiéramos perdido algunas especies de animales, es indudable que pueden destruirse. Los leones y los rinocerontes empiezan a ser muy escasos. Si el resto del mundo hubiera imitado a los ingleses, quizá ya no habría lobos en la tierra.

Es probable que hayan existido razas de hombres que no se encuentren ya. Pero suponiendo que hayan subsistido, como los blancos, los negros, los cafres o los samoyedos, ¿no es cosa visible que ha mediado siempre un hueco entre el mono y el hombre?, ¿no es fácil imaginarse un animal de dos pies, implume, que fuera inteligente, sin estar dotado del uso de la palabra ni del rostro humano, del que pudiéramos apoderarnos y que respondiera a nuestros signos y nos sirviera? ¿Y entre esta nueva especie y la del hombre no podríamos imaginar otras especies?

Por encima del hombre coloca en el cielo el divino Platón una fila de substancias celestes, porque la fe nos lo enseña. Pero, ¿qué razón tenía Platón para creer en ellas? Aparentemente no se había comunicado con Sócrates, y el buen hombre Heres, que resucitó expresamente para enseñarle los secretos de la otra vida, nada le dijo de esas substancias.

Esa supuesta cadena no está menos interrumpida en el universo sensible. ¿Qué gradación hay entre los planetas? La luna es cuarenta veces más pequeña que nuestro globo; si viajáis desde la luna por el vacío, os encontraréis con Venus, que es casi tan grande como la Tierra. Desde allí vais a buscar a Mercurio, que describe una elipse muy diferente del círculo que recorre Venus, y que es veinte veces más pequeño que la Tierra, y el Sol un millón de veces más grande; Marte, cinco veces más pequeño, y da la vuelta en dos años; Júpiter, su vecino, la da en doce, y Saturno en treinta, y Saturno, que es el planeta que está más lejos de nosotros, no es tan grande como Júpiter. ¿Dónde existe, pues, la gradación? ¿Cómo podéis suponer que en los grandes espacios vacíos existe una cadena que lo ligue todo? Si existe alguna, es indudable que ha de ser la que Newton descubrió, la que hace gravitar todos los globos del mundo planetario unos hacia otros en el inmenso vacío.

¡Oh divino Platón! Temo que sólo nos hayas contado fábulas y sólo escrito sofismas. Has causado más daño que pudiste nunca imaginar. «¿Cómo lo causó?», se me preguntará. Yo no lo diré.

Voltaire - Diccionario Filosófico    

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