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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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BATALLÓN

Batallón - Diccionario Filosófico de VoltaireLa cantidad de hombres que sucesivamente han constituido un batallón ha variado mucho y hará variar aún los cálculos por medio de los cuales, para un número dado de hombres, se deben encontrar los lados del cuadro, los medios de formar ese cuadro, lleno o vacío, y de formar de un batallón un triángulo, imitando el cuneus de los antiguos, que sin embargo no era un triángulo.

El método de ordenar los batallones a tres hombres de fondo, según la opinión de muchos oficiales, les da demasiada extensión y les hace presentar flancos muy débiles. El balanceamiento les priva de los medios de avanzar con ligereza contra el enemigo y la debilidad de los flancos les expone a que los derroten siempre, si no los apoyan o los protegen, viéndose obligados a formar cuadro y a tener que permanecer casi inmóviles. Las ventajas de ese sistema, mejor dicho, su única ventaja, consiste en poder hacer muchísimo fuego, porque todos los soldados que componen el batallón pueden disparar; pero esa ventaja no compensa los inconvenientes, sobre todo en Francia.

El modo de hacer la guerra en la actualidad (1) es completamente distinto del modo antiguo. Se alinea un ejército en orden de batalla para que sirva de blanco a los cañones enemigos, avanza un poco en seguida para disparar y recibir tiros de fusil, y el ejército que se cansa primero de ese zipizape es el que pierde la batalla. La artillería francesa es notable, pero su infantería raras veces es superior; casi siempre es inferior a la de las demás naciones. Puede decirse, sin faltar a la verdad, que la nación francesa es tan impetuosa en el ataque, que resulta dificilísimo resistir su choque. El mismo soldado que no tiene paciencia para resistir los disparos de los cañones cuando permanece inmóvil y quizás tiene miedo, volará con rabia contra el enemigo, se dejará matar o clavará los cañones: no se ha visto muchas veces. Los grandes generales están unánimes en juzgar de este modo a los franceses.

Es digno de notarse que el orden, la marcha, las evoluciones de los batallones, casi lo mismo que hoy se practican, las restableció en Europa un hombre que no era militar, Maquiavelo, secretario del gobierno de Florencia. Estableció batallones a tres, cuatro y cinco de fondo; los batallones formando cuadro para que no los destruyan después de una derrota; los batallones a cuatro de fondo sostenidos por otros batallones, formando columna, y los batallones flanqueados por la caballería. Puede decirse que enseñó a Europa el arte de hacer la guerra.

El gran duque de Florencia tenía interés en que el autor de La mandrágora y de la Clitia mandara al ejército según su nuevo sistema; pero Maquiavelo se negó a complacerle, temiendo que los oficiales y los soldados se burlaran de un general de capa, y se limitó a pedir que aquéllos mandaran en presencia suya el ejercicio a las tropas. No deben pasarse en silencio las cualidades que Maquiavelo exige en el soldado. Desde luego, exige que tengan gallardía, esto es, vigor; los ojos vivos y poco alegres, el cuello nervioso, el pecho ancho, el brazo musculoso, las formas redondeadas, poco vientre, las piernas y los pies delgados; en una palabra, exige todos los signos de la agilidad y de la fuerza. Sobre todo, desea que el soldado ame el honor y que éste le impulse a batirse. «La guerra —dice— corrompe las costumbres»; y recordando un proverbio italiano, añade: «La guerra da vida a los ladrones y la paz les levanta los patíbulos.»

Maquiavelo hace poco caso de la infantería francesa; y es preciso confesar que fue muy floja hasta la batalla de Rocroi. Maquiavelo fue un hombre extraño; se divertía escribiendo versos y comedias, en enseñar desde su gabinete el arte de matarse técnicamente, y a los príncipes el arte de ser perjuros, de asesinar y de envenenar en casos dados. Ese gran arte que el papa Alejandro VI y su hijo bastardo César Borgia ejercieron maravillosamente, sin necesitar las lecciones de Maquiavelo.

Observemos que en todas las obras de Maquiavelo, que tratan sobre asuntos muy diferentes, no se encuentra ni una palabra que haga amar a la virtud, ni una palabra que nazca del corazón. Lo mismo se ha notado en Boileau; pero aunque éste no nos incite a amar a la virtud, trata de probar que es necesaria.

__________

(1) Como comprenderá el lector, ha cambiado mucho el arte de la guerra desde el siglo XVIII, en que escribía Voltaire.—N. del T.

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