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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

Índice (A) (B-C) (D-F) (G-N) (O-Z)



Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

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BARBA

Barba - Diccionario Filosófico de VoltaireLos naturalistas nos aseguran que la secreción que produce la barba es la misma que perpetúa al genero humano, y dicen que los eunucos no tienen barba, porque les han privado de los dos receptáculos en los que se elabora el líquido procreador que hace nacer al mismo tiempo los hombres y la barba. Añaden que la mayoría de los impotentes no tienen barba, por la razón de carecer de ese líquido, que se saca de los vasos absorbentes, se une a la linfa nutritiva y lo suministran a las diminutas cebollitas de las que nacen los pelos en la barba, etc., etc.

Existen hombres que están llenos de vello desde la cabeza hasta los pies, como los monos, y se supone que son los más vigorosos y los más aptos para propagar su especie, y con frecuencia son muy favorecidos en amor, como ciertas damas que tienen bastante vello. Por regla general, hombres y mujeres, rubios o morenos, tienen algo de vello en todo el cuerpo, y puede decirse que no hay más partes de él desprovistas absolutamente de pelo que la palma de la mano y la planta del pie.

La afinidad constante que hay entre el pelo y el líquido seminal no puede ponerse en duda. Pero permítasenos preguntar por qué los eunucos y los impotentes carecen de barba y tienen cabello. ¿La cabellera es acaso de otro género que la barba y que los demás pelos? ¿No tendrá ninguna analogía con el líquido seminal? Los eunucos tienen también cejas y pestañas, y ésta es otra excepción que contradice la opinión dominante de que el origen de la barba está en los testículos. Siempre se encuentran dificultades que se oponen a las suposiciones más admitidas. Los sistemas son como los ratones, que después de pasar por veinte agujeros, se encuentran con dos o tres que les cierran el paso.

Todo un hemisferio parece que se oponga a la unión fraternal de la barba y del semen. Los americanos de cualquier región, de cualquier color y de cualquier estatura que sean, ni tienen barba ni pelo alguno en el cuerpo, si exceptuamos en las cejas y en la cabeza. Puedo presentar pruebas jurídicas de esto, suministradas por hombres que han conversado y que se han batido con varias tribus de la América septentrional, y aseguran que jamás les vieron pelo en el cuerpo, burlándose, como es justo, de los escritores que, copiándose unos a otros, dicen que los americanos no tienen pelo porque se lo arrancan con pinzas. Como si Cristóbal Colón, Hernán Cortés y los demás conquistadores hubieran llevado sus buques cargados de esas diminutas pinzas que usan nuestras damas para arrancarse el vello y las hubieran distribuido entre todos los pueblos de América.

Mucho tiempo creí que los esquimales se exceptuaban de esa ley general del Nuevo Mundo; pero viajeros serios me han asegurado que son tan imberbes como los demás americanos, y esto no obstante, tienen hijos en Chile, en el Perú y en el Canadá, como los tenemos en nuestro continente los hombres barbudos. La virilidad no es, pues, inherente en América a los pelos negruzcos o amarillentos. Existe, sin embargo, una diferencia específica entre esos bípedos y nosotros. La misma que existe entre sus leones, que no tienen crines y que no son de la misma especie que los leones de África.

Debemos notar que los orientales siempre tuvieron la misma consideración a la barba. El casamiento es para ellos la época de la vida en que empiezan a no afeitarse. El traje largo y la barba imponen respeto. Los pueblos occidentales han cambiado de traje con mucha frecuencia, y hasta me atrevo a decir que han cambiado de barba. Llevaron bigotes durante el reinado de Luis XIV hasta el año 1672. En la época de Luis XIII usaron una barba corta que terminaba en punta. Enrique IV la llevaba cuadrada. Carlos V, Julio II y Francisco I pusieron en moda en sus cortes la barba larga, que hacía mucho tiempo nadie usaba. La gente de toga, por respetar la costumbre de sus padres y por gravedad, se afeitaba entonces, mientras que los cortesanos y los elegantes se dejaban crecer la barba todo lo que podían. En aquellas épocas, cuando los reyes querían enviar en una embajada a algún hombre de toga, suplicaban a los colegas de éste que le permitieran dejarse la barba, sin que se burlaran de él, en los juzgados y en los demás tribunales. Ya hemos hablado demasiado sobre la barba.

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