ANTROPOMORFISTAS
Suponen algunos autores que eran antropomorfistas los que formaron una secta en el siglo IV de la era vulgar. Pero se cree generalmente que esta secta ha existido en todos los pueblos donde hubo pintores y escultores. En cuanto supieron dibujar
o tallar una figura, idearon en seguida la imagen de la Divinidad.
Aunque los egipcios consagraban los gatos y los machos cabríos, esculpieron sin embargo las estatuas de Isis y de Osiris; hicieron la estatua de Bel en Babilonia, la de Hércules en Tiro y la de Brahma en la India.
Los musulmanes no pintaron a Dios en figura de hombre. Los guebros no poseyeron ninguna imagen del Gran Ser. Los árabes sabeos no dieron figura humana
a las estrellas, ni los judíos la dieron a Dios en su templo. Ninguno de esos pueblos conoció el dibujo, y si Salomón colocó en su templo figuras de animales, es verosímil que las mandara esculpir en Tiro; pero todos los judíos consideraron
a Dios como hombre, como hombre en todas las ocasiones. Para los judíos, Dios desciende al Paraíso, donde se pasea diariamente al mediodía; allí habla
a sus criaturas y a la serpiente; allí, detrás de la zarza, deja oír su voz a Moisés, el que sólo consigue verle por detrás en lo alto de la montaña, y sin embargo de esto, le habla frente
a frente y como un amigo a otro.
En el Corán se considera a Dios siempre como a un rey, y en el capítulo XII
lo sienta en un trono situado encima de las aguas. Manda a un secretario suyo que escriba el
Corán, como los reyes dictan sus órdenes, y dispone que el ángel Gabriel lleve el
Corán a Mahoma, así como los reyes envían a sus embajadores. En una palabra, aunque declare el
Corán que Dios «no engendra ni
fue engendrado», le atribuye dicho libro algo de antropomorfismo. En la Iglesia griega y en la latina siempre pintaron
a Dios con barbas largas.
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