ANTIGÜEDAD (1)
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II
De la antigüedad de las costumbres
¿Quiénes fueron los primeros locos que existieron antiguamente en Egipto, en Siria
o en otros pueblos? ¿Qué significaba el muérdago de la encina? ¿Quién
fue el primero que veneró un gato? ¿Qué nación fue la primera que bailó en honor de los dioses debajo del ramaje de los árboles? ¿Qué pueblo
fue el primero que organizó las procesiones y llevó delante de ellas locos con campanillas? ¿Quién ideó pasear por las calles un príapo, y después clavarlo en las puertas
a guisa de aldaba? ¿Qué árabe inventó colgar los calzones blancos de su mujer en la ventana de la casa al día siguiente de su boda?
Las antiguas naciones tenían la costumbre de bailar a
la luz de la luna nueva. ¿Es que se dieron esa consigna? No; como no se la dieron para regocijarse por el nacimiento de un hijo ni para llorar por la muerte del padre. Los hombres
se alegran siempre de volver a disfrutar de la luz de la luna
después que pasan algunas noches a oscuras. Hay muchísimos usos que son tan naturales en todos los hombres, que
no se puede decir que los vascos los han enseñado a los frigios ni que los frigios los han enseñado
a los vascos.
La costumbre de usar el agua y el fuego en los templos se introdujo por sí misma. Los sacerdotes no quieren tener siempre las manos sucias, y necesitaban tener fuego para cocer la carne inmolada, como necesitaron quemar astillas de madera resinosa para que el aroma de éstas destruyese el hedor de la sacra carnicería. Pero las ceremonias misteriosas, que son dificilísimas de interpretar, los usos que la Naturaleza no enseña, ¿en qué sitio, cuándo y por qué se han inventado? ¿Qué pueblo los comunicó
a otro pueblo?
No es verosímil que les haya ocurrido al mismo tiempo a un árabe y a un egipcio cortar
a sus hijos el extremo del prepucio, ni que un chino ni un persa pensaran a un mismo tiempo en castrar
a los jóvenes al llegar a la pubertad. No se les hubiera ocurrido nunca al mismo tiempo
a dos padres de diferentes regiones la idea de degollar a sus hijos por complacer
a Dios. Para esto es indudablemente preciso que unas naciones comuniquen a otras sus locuras serias, ridículas
o bárbaras, y en la más remota antigüedad es donde se debe husmear para descubrir, si podemos, el primer insensato y el primer malvado que ha pervertido al género humano.
Pero ¿cómo es posible saber si en Fenicia fue Jehud el inventor de los sacrificios de sangre humana al inmolar
a su hijo? ¿Cómo estar seguros de que Lycaón
fue el primero que comió carne humana, cuando no sabemos quién fue el primero que comió pollos?
También se ha buscado el origen de las antiguas fiestas, y creemos que la más antigua y la más agradable y útil es la de los emperadores de la China, que labran y siembran
con
los primeros mandarines (2). La segunda es la de las fiestas de Ceres, que se celebraba en Atenas. Festejar al mismo tiempo la agricultura y la justicia, demostrando
a los hombres que una y otra son necesarias, unir el freno de las leyes al provecho de las artes prácticas, manantial de la riqueza, es costumbre sabia y útil al mismo tiempo.
Antiguamente se celebraban fiestas alegóricas en todas
partes al renovarse las estaciones. No fue necesario que una nación viniera de lejos
a enseñar a otra que debían darse muestras de amistad y regocijo a los conocidos el primer día del año. Esta costumbre la tuvieron todos los pueblos. Las Saturnales de los romanos las conocemos, pero son desconocidas para nosotros las de los allobroges y de los pictos. Esto es porque nos quedan muchísimos escritos de los romanos, y no los tenemos de los otros pueblos de la Europa occidental. La fiesta de Saturno se reducía
a festejar al Tiempo, al que dotaron de cuatro alas, para indicar su velocidad. Le atribuían además dos rostros, con los que indudablemente querían representar el año concluido y el año empezado. Los griegos decían que Saturno se había comido
a su padre y que se comía a sus hijos, dando a entender con esta alegoría que el Tiempo se tragó el pasado, y se traga el presente y se tragará el porvenir.
¿Por qué hemos de buscar inútiles y tristes explicaciones de fiesta tan universal, tan alegre y tan conocida? Examinando la antigüedad, no veo en ella ninguna fiesta anual que sea triste; hasta la que empieza por lamentaciones, termina bebiendo, riendo y bailando. En la fiesta para llorar la muerte de Adoni
o Adonai, que nosotros llamamos Adonis, éste resucita en seguida, y los asistentes
a la fiesta se regocijan al ver su resurrección. Lo mismo sucede en las fiestas de Isis, de Osiris y de Horus, y en las que los griegos celebraban en honor de Ceres y de Proserpina.
No encuentro ni una sola conmemoración general de un acontecimiento infausto. Los que instituyeron las fiestas no hubieran tenido sentido común caso de instituir en Atenas la celebración de la batalla que la ciudad perdió en Queronea, y en Roma la conmemoración de la batalla que ésta perdió en Cañas. Perpetuaron el recuerdo que podía animar el valor de los hombres y no el recuerdo de lo que podía inspirarles cobardía
o desesperación. Esto es tan cierto, que hasta inventaron fábulas por el gusto de instituir fiestas. Cástor y Pólux no pelearon combatiendo en pro de los romanos en las orillas del lago Regilo; pero los sacerdotes lo hicieron creer así en Roma trescientos
o cuatrocientos años después, y el pueblo bailaba en honor de ellos. Hércules tampoco libró
a Grecia de la hidra de siete cabezas que la amenazaba; pero el pueblo cantó a Hércules y
a la hidra.
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(2) Véase el artículo
Agricultura.
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