ÁNGEL (1)
(2)
(3)
III
La palabra «ángel» en griego significa «enviado». Los persas inventaron sus
Peris, los hebreos sus Malakim, y los griegos sus Daimonoi, pues una de las
primeras ideas que tuvieron los hombres
fue la de colocar seres intermediarios entre la Divinidad y nosotros. Éstos fueron los demonios y los genios que la antigüedad inventó. El hombre imaginó siempre
a los dioses semejantes a él. Vio que los príncipes dictaban órdenes a
sus mensajeros, y creyó que así lo debía hacer la Divinidad, y Mercurio
e Isis fueron los mensajeros
Los hebreos, que según dicen fueron el único pueblo
que protegió la Divinidad, no bautizaron desde el principio a los ángeles que Dios se dignó enviarles, y copiaron los nombres que les dieron los caldeos, cuando la nación judía quedó cautiva de Babilonia. David, siendo esclavo de dicha nación, nombró por primera vez
a Miguel y a Gabriel. El
judío Tobías, que vivía en Nínive, conoció al ángel Rafael cuando viajaba con su hijo para ayudarle
a que cobrara el dinero que le debía el judío Gabael.
En las leyes de los judíos, esto es, en el Levítico y en el
Deuteronomio, no se dice que existan los ángeles. Por esto, sin duda, los saduceos no creyeron que existían. Pero en las historias de los judíos se ocupan de ellos. Estos ángeles eran corporales; les nacían alas de las espaldas, así como creyeron los gentiles que
a Mercurio le nacían de los talones, y algunas veces escondían las alas debajo del manto. No podían concebirles sin cuerpo, porque vivían y comían y porque los habitantes de Sodoma quisieron cometer el pecado de sodomía con los ángeles que fueron
a casa de Lot.
La antigua tradición judía, según nos dice Maimónides, admite diez grados, diez órdenes de ángeles: 1.º, los puros; 2.º, los rápidos; 3.º, los fuertes; 4.º, las llamas; 5.º, las chispas; 6.º, los mensajeros; 7.º, los dioses
o jueces; 8.º1, los hijos de los dioses; 9.º, los querubines; 10.º, los animados.
La historia de la caída de los ángeles no se encuentra en los libros de Moisés. La primera referencia que se encuentra de ese hecho se atribuye al profeta Isaías, cuando apostrofó al rey de Babilonia, como hace poco dijimos.
La religión cristiana está fundada en la caída de los ángeles. Los que se rebelaron, precipitados de las esferas que habitaban, cayeron en el centro de la tierra,
o sea en el infierno, y se convirtieron en diablos. Un diablo tentó a Eva en figura de serpiente y condenó al género humano. Jesús vino al mundo
a rescatarlo y a vencer al diablo que nos tienta todavía; sin embargo, esta tradición fundamental sólo se encuentra en el libro de Enoch, que es apócrifo, y aun allí es diferente de la tradición admitida.
San Agustín, en su carta 109, atribuye cuerpos sutiles y ágiles
a los ángeles buenos y a los malos. El papa Gregorio I redujo a nueve los coros
o jerarquías de los ángeles, de los diez que reconocieron los judíos. Estos tenían en su templo dos querubines, y cada uno de ellos ostentaba dos cabezas, una de toro y otra de águila, y de las espaldas les nacían seis alas. Nosotros pintamos
a los ángeles y a los arcángeles en figura de jóvenes hermosos con dos alas. En cuanto
a los ángeles del séptimo coro y de las dominaciones, podemos decir que no se han pintado todavía.
Santo Tomás, en la cuestión 108, dice que los ángeles del séptimo coro están tan cerca de Dios como los querubines y los serafines, porque Dios se sienta encima de ellos. Scot cuenta mil millones de ángeles. Cuando la antigua mitología de los buenos y de los malos genios pasó desde el Oriente
a Grecia y a Roma, quedó consagrada esta opinión al admitir que cada hombre tenía un ángel
bueno y un ángel malo, un ángel que le protege y otro que le perjudica desde su nacimiento hasta su muerte. Pero no se ha averiguado todavía si esos ángeles pasan continuamente de un sitio
a otro o sí los relevan otros ángeles. Sobre esto debe consultarse la Summa de Santo Tomás. No se sabe precisamente el sitio que ocupan los ángeles; no se sabe si están en el aire, en el vacío
o en los planetas: Dios no ha querido que lo supiéramos.
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