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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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Alma - Diccionario Filosófico de VoltaireSería un magnífico espectáculo poder ver el alma. La máxima «Conócete a ti mismo» es un excelente precepto, pero precepto que sólo Dios puede practicar; porque ¿qué mortal puede comprender su propia esencia?

Llamamos alma a lo que anima; pero no podemos saber más de ella, porque nuestra inteligencia tiene límites. Las tres cuartas partes del género humano no se ocupan de esto, y la cuarta busca, inquiere, pero no encontró ni encontrará.

El hombre ve una planta que vegeta, y dice que tiene «alma vegetativa»; observa que los cuerpos tienen y dan movimiento, y a esto llama fuerza; ve que su perro de caza aprende el oficio, y supone que tiene «alma sensitiva, instinto»; tiene ideas combinadas, y a esta combinación llama «espíritu». ¿Pero qué entiendes tú por esas palabras? Indudablemente la flor vegeta; ¿pero existe realmente un ser que se llame vegetación? Un cuerpo rechaza a otro, ¿pero posee dentro de sí un ser distinto que se llama fuerza? El perro te trae una perdiz, ¿pero vive en él un ser que se llama instinto? ¿No te burlarías de un polemista que te dijese: «Todos los animales viven; luego encierran dentro de ellos un ser, una forma sustancial, que es la vida»? Si un tulipán pudiera hablar y te dijera: «Mi vegetación y yo somos dos seres que formamos un conjunto», ¿no te burlarías del tulipán?

Vamos a ver lo que sabes y de lo que estás seguro: sabes que andas con los pies, que digieres con el estómago, que sientes en todo el cuerpo y que piensas con la cabeza. Veamos si el único auxilio de la razón pudo proporcionarte bastantes datos para deducir, sin un apoyo sobrenatural, que tienes un alma.

Los primeros filósofos, tanto caldeos como egipcios, dijeron: «Es indispensable que haya dentro de nosotros algo que produzca los pensamientos; ese algo debe ser muy sutil, debe ser un soplo, debe ser un éter, una quinta esencia: una entelequia, un nombre, una armonía.» Según el divino Platón, es un compuesto del «mismo» y del «otro». «Lo constituyen dos átomos que piensan en nosotros», dijo Epicuro después de Demócrito. ¿Pero cómo un átomo pudo pensar? Confesad que no lo sabéis.

La opinión más aceptable es sin duda la de que el alma es un ser inmaterial; ¿pero indudablemente conciben los sabios lo que es un ser inmaterial? «No -contestan éstos-, pero sabemos que por naturaleza piensa.» «¿Y por dónde lo sabéis'?» «Lo sabemos, porque piensa.» «Me parece que sois tan ignorantes corno Epicuro. Es natural que una piedra caiga, porque cae; pero yo os pregunto: ¿quién la hace caer?» «Sabemos que la piedra no tiene alma; sabemos que una negación y una afirmación no son divisibles, porque no son parte de la materia.» Soy de vuestra opinión; pero la materia posee cualidades que no son materiales, ni divisibles, como la gravitación; la gravitación no tiene partes; no es, pues, divisible. La fuerza motriz de los cuerpos tampoco es un ser compuesto de partes. La vegetación de los cuerpos orgánicos, su vida, su instinto, no constituyen seres aparte, seres divisibles; no podéis dividir en dos la vegetación de una rosa, la vida de un caballo, el instinto de un perro, lo mismo que no podéis dividir en dos una sensación, una negación o una afirmación. El argumento que sacáis de la indivisibilidad del pensamiento no prueba nada.

¿Qué idea tenéis del alma? Sin revelación, sólo podéis saber que existe en vuestro interior un poder desconocido que os hace sentir y pensar. Pero ese poder de sentir y de pensar ¿es el mismo poder que os hace digerir y andar? Tenéis que confesarme que no, porque aunque el entendimiento diga al estómago: «digiere», el estómago no digerirá si está enfermo; y si el ser inmaterial manda a los pies que anden, éstos no andarán si tienen gota. Los griegos comprendieron que el pensamiento no tiene relación muchas veces con el juego de los órganos, y dotaron los órganos del alma animal y los pensamientos de una alma más fina. Pero el alma del pensamiento, en muchas ocasiones, depende del alma animal. El alma pensante ordena a las manos que tomen, y toman; pero no dice al corazón que lata, ni a la sangre que corra, ni al quilo que se forme, y todos esos actos se realizan sin su intervención. He aquí dos almas que son muy poco dueñas de su casa.

De esto debe deducirse que el alma animal no existe, o que consiste en el movimiento de los órganos; y al mismo tiempo hay que añadir que al hombre no le suministra su débil razón ninguna prueba de que la otra alma exista.

Veamos ahora los varios sistemas filosóficos que se han establecido respecto al alma. Uno de ellos sostiene que el alma del hombre es parte de la sustancia del mismo Dios; otro, que es parte del Gran Todo. Hay sistema que asegura que el alma está creada para toda la eternidad; hay otro que sostiene que el alma fue hecha y no creada. Varios filósofos aseguran que Dios forma las almas a medida que las necesita, y que llegan en el instante de la copulación; otros añaden que se alojan en el cuerpo con los animalillos seminales, etc., etc. Filósofo hubo que dijo que se equivocaban todos los que le hablan precedido, asegurando que el alma espera seis semanas para que esté formado el feto, y entonces toma posesión de la glándula pineal; pero que si se encuentra con algún germen falso, sale del cuerpo y espera mejor ocasión. La última opinión consiste en dar al alma por morada el cuerpo calloso; este es el sitio que le asigna La Peyronie.

Santo Tomás, en su cuestión 75 y siguientes, dice «que el alma es una forma que subsiste per se, que está toda en todo, que su esencia difiere de su poder, que existen tres almas «vegetativas»: la «nutritiva», la «aumentativa» y la «generativa»; que la memoria de las cosas espirituales es espiritual, y la memoria de las corporales corporal; que el alma razonable es una forma inmaterial en cuanto a las operaciones, y material en cuanto al ser». ¿Has entendido algo? Pues Santo Tomás escribió dos mil páginas tan claras como ésta. Por esto, sin duda, le llaman el ángel de las escuelas. No se han inventado menos sistemas para el cuerpo; para explicar cómo oirá sin tener oídos, cómo olerá sin tener nariz y cómo tocará sin tener manos; en qué cuerpo se alojará en seguida; de qué modo el «yo», la identidad de la misma persona, ha de subsistir; cómo el alma del hombre que se volvió imbécil a la edad de quince años y murió imbécil a los setenta volverá a anudar el hilo de las ideas que tuvo en la edad de la pubertad, y por qué medio un alma a cuyo cuerpo se le cortó una pierna en Europa y perdió un brazo en América podrá encontrar la pierna y el brazo, que quizás se habrán transformado en legumbres y habrán pasado a formar parte integrante de la sangre de cualquier otro animal. No terminaría nunca si detallara todas las extravagancias que sobre el alma humana se han publicado.

 

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