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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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ALFABETO (1) (2)

Alfabeto - Diccionario Filosófico de VoltaireSi viviera todavía el sabio Du Marsais, le preguntaríamos qué nombre tiene el alfabeto. Pero como este sabio murió, preguntaremos a los ilustrados redactores de la Enciclopedia para que nos digan por qué el alfabeto no tiene nombre en ninguna lengua europea. Alfabeto sólo significa A B; y A B carecen de significado, o por mejor decir, no indican mas que dos sonidos, sin relación el uno con el otro: beta no se forma de alfa; éste es el primer sonido y aquél el segundo, sin que sepamos por qué.

¿En qué consiste, pues, que carezcamos de términos para expresar el alcance de las esencias? El conocimiento de los números, o sea el saber contar, no se llama uno-dos, y los rudimentos del arte de manifestar nuestros pensamientos no tienen en Europa término propio que lo designe.

El alfabeto es la primera parte de la gramática. Los que posean el idioma árabe, del que yo no tengo la más ligera noción, podrán decirme si la citada lengua, que, según se dice, dispone de ochenta voces para expresar la palabra caballo, tiene siquiera una para significar la palabra alfabeto. Confieso que, lo mismo que el árabe, ignoro el chino, pero sin embargo, he leído en un vocabulario de la China que dicha nación tiene dos palabras para expresar el catálogo o la lista de los caracteres de su lengua: ho-tou y haipien. Nosotros no podemos vanagloriarnos de que nuestras lenguas occidentales posean ninguna de las dos voces. A los griegos les sucedía lo mismo que a nosotros: no tenían frases para expresar su alfabet, que los griegos copiaron de los fenicios, de la nación que llamaron los hebreos «el pueblo ilustrado», lo que no les impidió apoderarse de su territorio.

Debemos suponer que los fenicios, enseñando sus caracteres a los griegos, les prestaron el gran servicio de librarlos de las dificultades que ofrecía la escritura egipcia que Cecrops les llevó de Egipto. Los fenicios, como eran negociantes, trataban de entenderse con facilidad; pero los egipcios, que se creían intérpretes de los dioses, querían que los entendieran difícilmente. Me imagino oír a un comerciante fenicio acabado de llegar a Achaix, que dice a su corresponsal griego: «Mis caracteres no sólo son fáciles de escribir y reflejan el pensamiento como los sonidos, sino que expresan nuestras deudas activas y pasivas. El sonido fenicio alef, que en Grecia pronunciáis alfa, equivale a una onza de plata; beha, equivale a dos; ro, a cien; sigma, equivale a doscientas. Os debo doscientas onzas, os pago un ro y os debo otro ro; de este modo, con facilidad, haremos nuestras cuentas.»

Probablemente los comerciantes fueron los que establecieron la sociabilidad entre los hombres, satisfaciendo sus necesidades, porque para negociar es preciso entenderse. Los egipcios conocieron muy tarde el comercio, por tener horror al mar, que para ellos era Tifón, esto es, el odio del mal. Desde tiempos remotos los tirios fueron navegantes, y unieron con vínculos estrechos los pueblos que la Naturaleza había separado, reparando las catástrofes y revoluciones del globo que ahogaron a parte del género humano. A su vez, los griegos comunicaron su alfabeto y su comercio a otros pueblos, que lo modificaron, como los griegos modificaron el alfabeto de los tirios. Cuando sus mercaderes (considerados después como semidioses) establecieron en Colcos el comercio de platería llamado «toisón de oro», dieron también su alfabeto a los pueblos de dichas regiones, que lo conservaron modificándolo igualmente.

Es verosímil que ni Tiro, ni Egipto, ni ningún pueblo asiático de los que habitan cerca del Mediterráneo comunicaran su alfabeto a los pueblos del Asia oriental. Si los tirios y los caldeos que habitan las orillas del Eufrates, por ejemplo, hubieran comunicado su alfabeto a los chinos, éstos conservarían algo de él, usando sus veintidós, veintitrés ó veinticuatro letras; mas por el contrario, usan signos distintos para todas las palabras que componen su idioma, disponiendo, según se dice, de ochenta mil, distintos completamente de los que se usaban en Tiro. A esta riqueza de signos, tan prodigiosamente diferentes, hay que añadir que escriben de arriba abajo, y los tirios y los caldeos escribían de derecha a izquierda. Los griegos y nosotros escribimos de izquierda a derecha.

Si examinamos los caracteres tártaros, indios, siameses y japoneses, veremos que no tienen la menor analogía con el alfabeto griego ni con el fenicio. Esto no obstante, todos esos pueblos, incluyendo en ellos a los hotentotes y a los cafres, pronuncian las vocales y las consonantes casi lo mismo que nosotros, porque casi poseen nuestra misma laringe, del mismo modo que el campesino más rudo está dotado de una garganta parecida a la de la primera cantante de la Opera de Nápoles. La diferencia que hace que el campesino tenga una voz ruda y discordante de bajo y que la cantante despliegue una voz de ruiseñor es tan imperceptible, que ningún anatomista puede conocerla.

Al decir que los mercaderes de Tiro enseñaron el alfabeto a los griegos, no hemos querido suponer que les enseñaran a hablar. Probablemente los atenienses se expresarían ya mejor que los pueblos de la baja Siria, porque su garganta era más flexible, las palabras de su idioma se componían de un suave conjunto de vocales, de consonantes y de diptongos, y la lengua de los pueblos de la Fenicia era ruda y grosera. Figuraos que los romanos de hoy hubieran conservado el antiguo alfabeto de Etruria, y que los mercaderes holandeses pretendieran que adoptasen el que éstos usan en la actualidad. Los romanos admitirían quizás dichos caracteres, pero se abstendrían de hablar la lengua bátava. Esto es precisamente lo que el pueblo de Atenas hizo con los marineros de Cafthor, que llegaban de Tiro o de Besith: adoptaron su alfabeto, porque era preferible al que copiaron de Egipto, pero rechazaron su idioma.

 

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