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Voltaire - Diccionario Filosófico |
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MOISÉS (1)
(2) (3)
II
Los sabios que creen que Moisés no escribió el Pentateuco, se apoyan en la misma Sagrada Escritura, que confiesa que el primer ejemplar se encontró en la época del rey Josías, que se lo entregó
a dicho rey el secretario Safán, y
entre la existencia de éste y la de Moisés median mil ciento sesenta y siete años, según el cómputo hebreo. Dios se apareció
a Moisés en la zarza encendida el año 2213 del mundo, y el secretario Safán publicó el libro de la ley el año 3380 del mundo. El ejemplar que se encontró en el reinado de Josías permaneció siendo desconocido hasta que los judíos regresaron de la cautividad de Babilonia, y dícese que Esdras, inspirado por Dios, publicó todas las Santas Escrituras.
Pero sea Esdras o cualquier otro autor el que redactara dicho libro, es absolutamente indiferente desde el momento en que se conviene que el libro está inspirado. No consta en el
Pentateuco que Moisés sea su autor; luego sería lícito atribuirlo
a cualquier hombre a quien el espíritu divino le hubiera dictado, si la Iglesia no hubiese decidido que ese libro es de Moisés.
Algunos controversistas añaden que ningún profeta cita los libros del
Pentateuco, que no hablan de ellos ni los salmos, ni los libros que atribuyen
a Salomón, ni Jeremías, ni Isaías, ni ningún libro canónico de los judíos. Las palabras que corresponden
a las frases Génesis, Éxodo, Números, Levítico y
Deuteronomio, no se encuentran en ninguno de los escritos que ellos tienen por auténticos.
Otros incrédulos más audaces encuentran las siguientes dificultades para creer que el gran profeta escribió el susodicho libro:
1.º ¿En qué lengua lo podía escribir Moisés en un desierto salvaje? Sólo podía hacerlo en lengua egipcia, porque en ese mismo libro consta que Moisés y su pueblo nacieron en Egipto, y es probable que no hablaran ningún otro idioma. Los egipcios entonces no conocían aún el uso del papiro para escribir, y sólo grababan jeroglíficos en mármol
o en madera. Dícese también que las tablas de la ley se grabaron en piedra pulida; pero esto supone un gran trabajo y el transcurso de un gran número de años.
2.º ¿Es verosímil que en el desierto donde vivía el pueblo judío careciendo de zapateros y de sastres, donde el Dios del universo necesitaba hacer un milagro continuo para conservar la ropa y los zapatos viejos de los judíos, se encontraran hombres que tuvieran bastante vanidad para grabar los cinco libros del
Pentateuco en madera o en mármol? No se nos objete que encontraron trabajadores que hicieron un becerro de oro en una noche y que convirtieron en seguida el oro en polvo, porque eso es una operación imposible para la química ordinaria, que no se había inventado todavía; no
se nos diga que construyeron el tabernáculo, que lo adornaron con treinta y cuatro columnas de bronce que tenían los capiteles de plata; que tejieron y que bordaron velos de lino, de púrpura y de escarlata, porque todo esto viene en apoyo de nuestra opinión.
3.º Si Moisés hubiera escrito el primer capítulo del
Génesis, ¿hubieran prohibido a los jóvenes que lo leyeran? ¿Hubieran faltado al respeto al legislador divino? Si Moisés hubiera dicho que Dios castiga la iniquidad de los padres hasta la cuarta generación, ¿Ezequiel se hubiera atrevido
a contradecirle?
4.º Si Moisés hubiera escrito el Levítico, ¿se hubiese contradecido en el
Deuteronomio? El Levítico prohíbe casarse con la mujer de nuestro hermano, y el
Deuteronomio manda semejante casamiento.
5.º ¿Se hubiera ocupado Moisés de ciudades que no existían en su época? ¿Hubiera dicho que estaban al Oriente del Jordán algunas ciudades que se encuentran al Occidente?
6.º ¿Hubiera asignado cuarenta y ocho ciudades a los levitas en un territorio en el que nunca se encontraron diez, y en la inmensidad de un desierto donde iban vagando sin encontrar una sola casa?
7.º ¿Hubiera prescrito reglas de conducta a los reyes judíos, cuando ese pueblo no los conocía, cuando los tuvo cerca de quinientos años después de su época, y no las hubiera dictado para los jueces y pontífices que le sucedieron? Esta reflexión induce
a creer que el Pentateuco se escribió en la época de los reyes, y que las ceremonias que instituyó Moisés se practicaban por tradición.
8.º ¿Es posible creer que dijera a los judíos: «Conseguí que salierais del territorio de Egipto seiscientos mil combatientes, protegidos por vuestro Dios»? Los judíos le hubieran contestado: «Debéis ser
muy cobarde, porque no os habéis atrevido a que fuéramos a declarar la guerra al Faraón de Egipto, que no puede presentar para luchar con nosotros un ejercito de doscientos mil hombres; le hubiéramos vencido fácilmente, y nos hubiéramos apoderado de su reino. Dios, que os habla, degolló para complaceros
a todos los primogénitos de Egipto, y si en ese país hay trescientas mil familias, mataría
a trescientos mil hombres en una noche por vengarnos, y vos os negáis a secundar los planes de vuestro Dios, no entregándonos ese país fértil, que no podría defenderse de nosotros. Nos habéis hecho salir de Egipto como cobardes y como ladrones, para hacernos morir en los desiertos entre precipicios y montañas. Podíais habernos conducido por el camino recto
a la tierra de Canaán, que nos habéis prometido, y cuya tierra no hemos podido pisar todavía. Era natural y hasta fácil que desde Gessen nos dirigiéramos hasta Tiro y Sidón,
a lo largo del Mediterráneo; pero nos hicisteis pasar el istmo de Suez casi entero, volver
a entrar en Egipto, remontarnos más allá de Menfis, y nos encontramos en Beel-Sefon, en las orillas del mar Rojo, dando la espalda al territorio de Canaán, habiendo andado veinticuatro leguas por el mismo Egipto, del que queríamos huir, y nos habéis colocado de modo que estamos próximos
a perecer entre el mar y el ejército de Faraón. Si hubierais querido entregarnos
a nuestros enemigos, no os hubierais portado de otra manera. Decís que Dios nos ha salvado por milagro; que el mar se retiró para dejarnos pasar; pero después de haber recibido semejantes beneficios, ¿os parece que es portarse bien con nosotros condenarnos
a morir de hambre y de fatiga en los horribles desiertos de Etam, de Cades-Barné, de Mara, de Elim, de Oreb y de Sinaí? Nuestros padres murieron en estas soledades, y al cabo de cuarenta años venís
a decirnos que Dios veló por nuestros padres.»
He aquí lo que los judíos murmuradores, hijos injustos de los judíos vagabundos que murieron en los desiertos, habrían podido contestar
a Moisés si les hubiera leído el Éxodo y el Génesis.
Éstas son poco más o menos las principales objeciones con las que atacan los sabios
a los que creen que Moisés es el autor del Pentateuco.
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