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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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Jardín del Edén - Génesis - Diccionario Filosófico de Voltaire

«No comerás del fruto de la ciencia del bien y del mal»

Es difícil poder concebir que haya existido un árbol que enseñara el bien y el mal, como existen y han existido manzanos y albaricoqueros. Además, no se comprende por qué Dios no ha de querer que el hombre conozca el bien y el mal, y hasta me atreveré a decir que dárselo a conocer me parecería más digno de Dios y mucho más necesario para el nombre. Mi pobre razón me dicta que Dios debía haber mandado que comiéramos mucha fruta de ese árbol; pero someto mi débil razón a sus designios, porque es preciso obedecer los preceptos de Dios.

«En cuanto comas del fruto de ese árbol, morirás.»

Sin embargo, Adán comió y no murió; al contrario, dicen que vivió todavía novecientos treinta años. Varios Santos Padres consideran todo esto como una alegoría. Efectivamente, podemos decir que los demás animales no saben que han de morir, pero que al hombre se lo enseña la razón; y su razón es el árbol de la ciencia, que le hace prever su fin. Esto parece la explicación más razonable.

«Dijo también el Señor Dios: No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle ayuda semejante a él.»

Al leer ese versículo esperamos que el Señor le dé una mujer; pero antes le proporciona todos los animales. Quizás esto dimane de alguna transposición del copista.

«Y el nombre que Adán dio a cada uno de los animales fue su verdadero nombre.»

Lo que debía entenderse por verdadero nombre de un animal debía ser el que especificara todas las propiedades de su especie, al menos las principales; pero no sucede esto en ninguna lengua. Además, si Adán conocía las propiedades de los animales, es porque había comido el fruto de la ciencia, y en este caso Dios no tenia necesidad de prohibírselo, porque sabía ya más que la Sociedad Real de Londres y la Academia de las Ciencias.

Notad que en ese versículo nombra por primera vez a Adán el Génesis. El primer hombre, en el pueblo de los antiguos bramanes, que es muy anterior a los judíos, se llamaba Adimo, esto es, hijo de la tierra, y su mujer se llamaba Procriti, esto es, vida: así lo dice el Veidam, en la segunda formación del mundo. Adán y Eva significaban lo mismo en el idioma fenicio, y esto es otra prueba de que el Espíritu Santo se conformaba con las ideas admitidas.

«El Señor Dios hizo caer a Adán en profundo sueño, y habiéndose dormido, tomó una de sus costillas e hinchó carne en su lugar. Y formó el Señor Dios la costilla que había tomado de Adán en mujer; y llevóla a Adán.»

El Señor, en un capítulo antes, había creado ya el macho y la hembra. ¿Por qué, pues, quitar una costilla del hombre para formar una mujer que existía ya? Contestan a esto que el autor enuncia en una parte lo que explica en otra, y además, que por medio de esta alegoría somete la mujer al marido y expresa su íntima unión. Algunas gentes han creído, apoyándose en ese versículo, que los hombres tienen una costilla menos que las mujeres; pero esta suposición es una herejía, y la anatomía nos prueba que la mujer no tiene más costillas que el marido.

«Pero la serpiente era más astuta que todos los animales de la tierra que había hecho el Señor Dios. La cual dijo a la mujer: ¿Por qué os mandó Dios que no comieseis de todo árbol del paraíso?»

En todo el capítulo III del Génesis no se menciona al diablo. Todas las naciones orientales consideraban a la serpiente como el más astuto de todos los animales, y creían que era inmortal. Los caldeos imaginaron una fábula, en la que tuvieron una cuestión Dios y la serpiente, y esta fábula la conservó Ferecides. Orígenes la cita en su libro VI, escrito contra Celso. Llevaban unas serpientes en las fiestas de Baco. Los egipcios creían que la serpiente era una especie de divinidad; así lo refiere Eusebio. En la Arabia, en las Indias y en la China, la serpiente simbolizaba la vida: de esto provino que los emperadores de la China anteriores a Moisés llevaran siempre sobre el pecho la imagen de una serpiente. Eva no se sorprende de que la serpiente le hable. Los animales hablaban en todas las historias antiguas.

Esa aventura aparece puramente física y tan despojada de toda clase de alegorías, que nos explica por qué la serpiente se arrastra desde entonces, por qué queremos aplastarla siempre y por qué ella trata de mordernos; lo mismo que se explicaba en las antiguas metamorfosis por qué el cuervo, que fue blanco antiguamente, es negro hoy; por qué el búho sólo de noche sale de su agujero, etc., etc.; pero los Santos Padres creen que es una alegoría tan manifiesta como respetable y lo más acertado será creerles.

«Multiplicaré tus dolores y tus preñeces: con dolor parirás los hijos, y estarás bajo la potestad de tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.»

No se sabe por qué dice que la multiplicación de las preñeces es un castigo, cuando los judíos lo consideraban como una bendición. Los dolores del parto sólo son insufribles para las mujeres delicadas; las que están acostumbradas al trabajo paren con mucha facilidad, sobre todo en los climas cálidos. A veces las bestias sufren mucho en el parto, y algunas mueren de él. En cuanto a la superioridad del hombre sobre la mujer, es un efecto enteramente natural, que tiene por causa la mayor fortaleza del cuerpo y de la inteligencia del marido sobre la mujer. Por regla general, los hombres poseen órganos más capaces de atención continua, y son más a propósito para los trabajos de la cabeza y de los brazos; pero cuando la mujer tiene el puño y el espíritu de su marido, ella es la que impera y el marido se le somete. Todo esto es verdad; pero puede ser que antes del pecado original no conociera la mujer ni la sujeción ni los dolores.

«Hizo también el Señor a Adán y a su mujer unas túnicas de pieles, y vistiólos.»

Ese pasaje prueba también que los judíos creían que Dios era corporal. El rabino Eleazar dice que Dios vistió a Adán y a Eva con la piel de la misma serpiente que les tentó, y Orígenes sostiene que esa túnica de piel fue una nueva carne, un nuevo cuerpo que Dios dio al hombre. Vale más atenerse respetuosamente al texto, que interpretarlo de ese modo.

«Y el Señor dijo: He aquí, Adán, cómo se ha hecho uno de nos, sabiendo el bien y el mal.»

Parece que los judíos admitieron la existencia de muchos dioses. Algunos comentaristas, interpretando la frase «uno de nos», dicen que significa la Trinidad; pero indudablemente no se trata de la Trinidad en la Biblia. La Trinidad es un compuesto de varios dioses, es el mismo Dios triple, y los judíos no oyeron nunca hablar de un dios dividido en tres personas. Las palabras «semejante a nos» es verosímil que los judíos las aplicaran a los ángeles. Esto hizo creer a muchos doctos temerarios que ese libro no se escribió hasta después que los judíos adoptaron la creencia de esos dioses inferiores; pero ésta es una opinión anatematizada.

«Y echóle el Señor Dios del paraíso del deleite para que labrase la tierra, de la que fue tomado.»

Hay críticos que dicen que anteriormente Dios puso al primer hombre en el jardín del deleite «con la idea de que cultivase ese jardín», y si Adán era jardinero y se convirtió en labrador, no empeoró su estado, porque un buen labrador equivale a un buen jardinero. Esa solución nos parece poco seria; hubiera valido más que Dios castigara la desobediencia de Adán desterrándolo del sitio de su nacimiento. Según atrevidos comentaristas, toda esa historia está basada en la idea que tuvieron los hombres, y que conservan todavía, de que los tiempos pasados son mejores que los presentes. Siempre nos quejamos del presente y echamos de menos el pasado. Como el trabajo abruma a los hombres, se hacen la ilusión de que la dicha estriba en la ociosidad, sin reflexionar que el peor de los estados es el del hombre que no tiene nada que hacer. Con frecuencia hemos visto siempre seres desgraciados, y nos hemos forjado a menudo la idea de que existió un tiempo en el que todo el mundo era feliz, que es lo mismo que si dijéramos: «Hubo un tiempo en el que no se moría ningún árbol; en el que ningún animal estaba enfermo ni lo devoraba otro animal; en el que las arañas no cazaban moscas.» De esto provino la idea de la existencia de un siglo de oro, la de la serpiente que robó al asno la receta para gozar la vida dichosa e inmortal, que el hombre había escondido en la albarda del cuadrúpedo; la del combate de Tifón y Osiris, la de la famosa caja de Pandora y la de muchos cuentos antiquísimos. Pero debemos creer que las fábulas de todos los pueblos están tomadas de la historia hebrea, porque conservamos la historia antigua de los hebreos y desconocemos casi por completo la historia primitiva de las demás naciones.»

«Y echó fuera a Adán, y delante del paraíso puso querubines con espada que arrojaba llamas, y andaban alrededor para guardar el camino del árbol de la vida».

La palabra kerub significa «buey». Hay comentarista que dice debía hacer extraña figura un buey con sable flamígero custodiando la entrada del paraíso. Los judíos, más tarde, representaron a los ángeles bajo la forma de bueyes y de gavilanes, aunque estas representaciones las tenían prohibidas. Esos bueyes y esos gavilanes los copiaron de los egipcios, de los que tantas cosas imitaron. Los egipcios veneraban al buey como símbolo de la agricultura, y al gavilán como símbolo de los vientos; pero nunca hicieron portero a ningún buey. Eso es probablemente una alegoría, porque la palabra kerub significaba para los judíos la Naturaleza, cuyo símbolo se componía de cuerpo humano con una cabeza de hombre y otra de buey, cuyo cuerpo ostentaba alas de gavilán.

«Y puso el Señor a Caín una señal para que no le matase todo el que le hallase.»

«¡Vaya un Señor!» exclaman los incrédulos al leer la historia de los dos hermanos. Acepta la ofrenda de Abel y rechaza la que le ofrece Caín, que era el primogénito, sin alegar ningún motivo, y desde entonces es la causa de la enemistad de los dos hermanos. Verdaderamente es una lección de moral, tomada de las antiguas fábulas, que apenas exista el género humano, un hermano asesine a otro; pero lo que les parece contrario a todas las morales del mundo, a toda justicia y a todos los principios de sentido común, es que Dios haya condenado por toda una eternidad al género humano, haciendo morir inútilmente a su propio hijo, por haber comido una manzana, y que poco después perdone un fratricidio. ¿Qué digo perdonar? Hizo más; tomó al culpable bajo su protección; declaró que el que vengara el asesinato de Abel sería castigado siete veces, y puso a Caín un signo que le sirviese de salvaguardia. Los impíos dicen que eso es una fábula tan execrable como absurda; es el delirio de algún infeliz judío que escribió esas infamias, imitando los cuentos que los pueblos inmediatos propalaban en la Siria. Ese judío insensato atribuyó esas atrocidades a Moisés, en una época en que no había casi ningún libro. La fatalidad, que dispone de todo, hizo que llegara hasta nosotros ese desdichado libro; los bribones lo exaltaron, y los imbéciles se lo creyeron. Así hablan multitud de teístas que adoran a Dios, pero hacen la guerra al Dios de Israel; juzgan la conducta del Ser Eterno sujetándola a las reglas de nuestra moral imperfecta y de nuestra justicia errónea. Nos guardaremos bien de ser tan atrevidos, y seguiremos respetando como siempre lo que no alcanzamos a comprender.

 

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