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VOLTAIRE - DICCIONARIO FILOSÓFICO 

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Voltaire es un precursor. Es el portaantorcha
del siglo XVIII, que precede y anuncia la Revolución.
Es la estrella de ese gran mañana. Los sacerdotes
tienen razón para llamarle Lucifer.


         VÍCTOR HUGO

 

 

 

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II

Abraham - Diccionario Filosófico de VoltaireAbraham es uno de los hombres célebres en el Asia Menor y en la Arabia, como Tesant lo fue en Egipto, el primer Zaratustra en Persia, Hércules en Grecia, Orfeo en Tracia, Odín en la naciones septentrionales, y otros conocidos por su celebridad más que por su historia verídica. Sólo me refiero aquí a la historia profana, porque respecto a la historia de los judíos, nuestros antecesores y nuestros enemigos (cuya historia creemos y detestamos, a pesar de que dicen que fue escrita por el Espíritu Santo), tenemos de ella la opinión que debemos tener. En esta ocasión nos referimos a los árabes, que se vanaglorian de descender de Abraham por la rama de Ismael, y que creen que ese patriarca edificó la Meca y murió en dicha ciudad. La verdad es que la raza de Ismael se vio mucho más favorecida por Dios que la raza de Jacob. Una y otra raza indudablemente produjeron ladrones; pero los ladrones árabes fueron superiores a los ladrones judíos. Los descendientes de Jacob sólo conquistaron un pequeño territorio, que perdieron, y los descendientes de Ismael conquistaron parte del Asia, de Europa y del África; establecieron un Imperio más vasto que el de los romanos, y expulsaron a los judíos de sus cavernas, que ellos llamaban la tierra de Promisión.

A juzgar por los ejemplos que ofrecen las historias modernas, es difícil convencerse de que Abraham fuera el padre de dos naciones tan diferentes. Se nos dice que nació en Caldea y que era hijo de un pobre alfarero que se ganaba la vida haciendo pequeños ídolos de barro; pero no es verosímil que el hijo de un alfarero fuese a fundar la Meca, a cuatrocientas leguas del sitio donde nació, bajo el Trópico, y atravesando desiertos impracticables. Si fuera un conquistador, indudablemente se hubiera dirigido al inmenso territorio de la Siria, y si no fue mas que un pobre hombre, como nos describen, no hubiera sido capaz de fundar reinos lejos del sitio donde nació.

El Génesis refiere que habían pasado setenta y cinco años cuando salió del territorio de Harán, después de la muerte de su padre Tharé el alfarero. Pero también el Génesis dice que Tharé engendró a Abraham a los setenta años, que Tharé vivió doscientos cinco, y que cuando murió, Abraham salió de Harán. O el autor no sabe lo que dice en esa narración, o resulta muy claro en el Génesis que Abraham tenía ciento treinta y cinco años cuando dejó la Mesopotamia. Salió de un país idólatra para ir a otro país idólatra también, que se llamaba Sichem, situado en la Palestina. ¿Para qué fue allí? ¿Por qué abandonó las riberas fértiles del Eufrates para ir a tan lejana y tan estéril región como es la de Sichem? El idioma caldeo debió ser muy diferente del que se hablaba en Sichem, y además aquel territorio no era comercial. Sichem dista de Caldea más de cien leguas, y es preciso pasar muchos desiertos para llegar allí. Pero Dios quiso tal vez que hiciera ese viaje para ver la tierra que habían de habitar sus descendientes muchos siglos después. El espíritu humano no alcanza a comprender el motivo de ese viaje.

Apenas llegó al país montañoso de Sichem, el hambre le obligó a abandonarlo, y se marchó a Egipto con su mujer, en busca de vituallas para vivir. Hay cien leguas desde Sichem a Memfis. ¿Es natural ir tan lejos a buscar trigo, en un país cuyo idioma se desconoce? Extraños son esos viajes emprendidos a la edad de ciento cuarenta años.

Lleva a Memfis su mujer Sara, que era extremadamente joven, casi una niña comparada con él, porque no tenía mas que sesenta y cinco años, y como era muy hermosa, resolvió sacar partido de su belleza. «Finge que eres mi hermana —le dijo—, para que por tu bella cara me traten bien a mí.» Debía haberle dicho: «Finge que eres mi hija.» Pero en fin... adelante. El rey se enamoró de la joven Sara, y regaló a su fingido hermano ovejas, bueyes, asnos, camellos, criados y criadas. Esto prueba que el Egipto era entonces ya un reino poderoso y civilizado, y por consecuencia muy antiguo, y además que recompensaban allí magníficamente a los hermanos que ofrecían sus hermanas a los reyes de Memfis.

La joven Sara tenía noventa años cuando Dios le prometió que Abraham, que había cumplido ciento sesenta, sería padre de un hijo suyo dentro de un año. Abraham, que era muy aficionado a viajar, se fue al desierto horrible de Cades, llevándose a su mujer embarazada, siempre joven y hermosa. Un rey del desierto se enamoró también de Sara, como se había enamorado un rey de Egipto. El padre de los creyentes dijo allí la misma mentira que en Egipto, hizo pasar a su mujer como hermana, y la mentira le proporcionó también ovejas, bueyes, criados y criadas. Puede decirse que Abraham llegó a ser muy rico por la finca de su mujer. Los comentaristas han escrito prodigioso número de volúmenes para justificar la conducta de Abraham y para ponerse de acuerdo con la cronología. Aconsejamos a nuestros lectores que lean esos comentarios, escritos por autores finos y delicados, excelentes metafísicos, hombres sin preocupaciones y algo pedantes.

Por otra parte, los nombres de Bram, Abram, eran famosos en la India y en la Persia, y hay varios doctores que se empeñan en que fue el mismo legislador que los griegos llamaron Zaratustra. Otros autores dicen que fue el Brahma de los indios; pero esto no está demostrado. Lo que es probable para muchos sabios es que Abraham fue caldeo o persa. Los judíos, en el transcurso del tiempo, se vanagloriaron de descender de él, como los francos de Héctor y los bretones de Tubal. Es doctrina admitida que la nación judía fue una horda relativamente moderna, que sólo muy tarde se estableció en Fenicia, que estaba rodeada de pueblos antiguos, cuyo idioma adoptó, que hasta tomó de ellos el nombre de Israel, que es caldeo, según la opinión del mismo judío Flavio Josefo. Sabido es que tomó de los babilónicos hasta los nombres de sus ángeles, y que sólo conoció la palabra Dios después que la conocieron los fenicios. Probablemente tomó de los babilónicos el nombre de Abraham o de Ibrahim, porque la antigua religión de todas aquellas regiones, desde el Eufrates hasta el Oxus, se llamaba Kishibrahim, Milafibrahim. Esto nos lo confirman los estudios que hizo en aquellos países el sabio Hide.

Los judíos hicieron, pues, con la historia y con la fábula antigua lo que hacen los ropavejeros con los trajes muy usados: los reforman y los venden como nuevos al precio mayor que pueden. Ha sido un ejemplo singular de la estupidez humana creer durante mucho tiempo que los judíos constituyeron una nación que había enseñado a todas las demás, cuando su mismo historiador Josefo confiesa que fue todo lo contrario.

Es dificilísimo penetrar en las tinieblas de la antigüedad, pero es evidente que estaban florecientes todos los reinos del Asia antes que la horda vagabunda de árabes que llamamos judíos poseyera un pequeño espacio de tierra propia, antes que fuera dueña de una sola ciudad, antes de dictar sus leyes y de tener religión fija. Cuando encontramos un antiguo rito, una primitiva opinión establecida en Egipto o en Asia antes de los judíos, es lógico suponer que el reducido pueblo recién formado, ignorante y grosero, copió como pudo a la nación antigua, industriosa y floreciente, y es preciso ser un ignorantón o un pícaro para asegurar que los judíos enseñaron a los griegos.

 

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  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco