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VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres              ZENÓN DE CITIO - Libro Séptimo

 

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ZENÓN (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12) (13)

(psicología y antropología estoica)

Zenón de Citio - Psicología estoica76. Dicen igualmente que oficio es aquel de quien, ya hecho o prestado, puede darse buena razón, v.gr., la cosa consiguiente y de servicio a la vida; lo cual se extiende a las plantas y a los animales, pues también en éstos se advierten oficios. Zenón fue el primero que dio al oficio el nombre de χαθήχον (cathécon), llamándolo así porque va o se presta a muchos, y es éste un efecto propio de las disposiciones naturales, pues de las cosas ejecutadas según el apetito, unas son oficios, otras contrarias a ellos. Que aquellas cosas son oficios que la razón quiere se presten, como es honrar a los padres, los hermanos, la patria, y ser diligente con los amigos. Cosas contrarias a los oficios son las que la razón disuade, como, v.gr., serían no cuidar de los padres ni de los hermanos, no favorecer a los amigos, menospreciar la patria, y semejantes. Las cosas que la razón ni las aconseja ni las disuade no son oficios ni contrarios a ellos, v.gr., quitar una pajuela, tener la pluma, la almobaza y cosas semejantes a éstas.

77. Que hay oficios sin urgencia precisa; otros con ella. Los no urgentes son, v.gr., cuidar de la salud, de los órganos de los sentidos, y cosas semejantes. Los urgentes son el mutilarse a sí mismo y arrojar su hacienda (527). De la misma suerte se entienden las cosas contrarias a los oficios. Más: de los oficios, unos son continuos y otros no. Oficio continuo es vivir virtuosamente; no continuo es el preguntar, responder, pasear, y semejantes. Lo mismo se entiende acerca de cosas contrarias a los oficios. Hay también oficio en las cosas medias o medianas, v.gr., obedecer los muchachos a sus pedagogos o maestros.

78. Dicen que el alma contiene ocho partes, que son: los cinco sentidos, el órgano de la voz, el órgano del pensar, que es la mente misma, y la virtud generativa. Que de las cosas falsas sobreviene perversión en la mente, y de ella brotan muchas pasiones o perturbaciones y motivos de inconstancia. Según Zenón, la perturbación o pasión es un movimiento del alma, irracional y contra naturaleza; o bien un ímpetu exorbitante. Según Hecatón en el libro II De las pasiones, y Zenón en su libro del mismo asunto, hay cuatro géneros de pasiones supremas, que son: el dolor, el temor, la concupiscencia y el deleite. Son de sentir que las perturbaciones o pasiones son también juicios o discernimientos, como dice Crisipo en su libro De las pasiones, pues la avaricia es un juicio o estimación de que el dinero es cosa buena y honesta: lo mismo es de la embriaguez, de la incontinencia y otras. Que el dolor es una contracción irracional del ánimo. Sus especies son la misericordia, la envidia, la emulación, los celos, la angustia, la turbación, la tristeza, la pena y la confusión. Que la misericordia es un dolor acerca del que padece males sin merecerlo; la envidia, un dolor de los bienes ajenos; la emulación, un dolor de que goce otro lo que uno deseaba; los celos son un dolor de que alcance otro lo que uno también tiene; la angustia es un dolor que agrava; la turbación, un dolor que estrecha y pone dificultades; la tristeza, un dolor que nos queda o se aumenta de los dialogismos o argumentos interiores que nos hacemos; la pena es un dolor laborioso; la confusión es un dolor irracional, aflictivo, y que prohíbe considerar las cosas presentes.

79. Que el temor es la previsión del mal que amenaza. Refiérense al temor el miedo, la ignavia, la vergüenza, el terror, el tumulto, la agonía. El miedo es un temor que ata y pone trepidación: la vergüenza es un temor de la ignominia; la ignavia es un temor de las operaciones futuras; el terror es un miedo causado por alguna imaginación extraordinaria; el tumulto es un temor junto con apresuramiento de voces; y la agonía es el temor de una cosa incierta. La concupiscencia es un apetito irracional. Se ordenan a él la indigencia, el odio, la contienda, la ira, el amor, el rencor, la furia. La indigencia es una concupiscencia de lo que no tenemos, y como separada de ello, pero a ello inútilmente extendida y alargada. El odio es una concupiscencia y deseo de que venga mal a alguno, pero con algún provecho y aumento propio. La contienda es una concupiscencia y deseo acerca de las sectas u opiniones. La ira es concupiscencia y deseo de que sea castigado aquél que parece ha obrado injustamente. El amor es una concupiscencia ajena del hombre grave, pues es un cuidado de conciliarse la voluntad de una belleza aparente. El rencor es una ira inveterada y llena de odio, que espera la ocasión de vengarse, lo cual se declara por estos versos:

Una bilis de un día se digiere;
mas no un viejo rencor, si el fin no logra.

Y la furia o fuerza es una ira incipiente o que comienza.

80. El deleite es un movimiento irracional del ánimo acerca de lo que parece apetecible. Contiene bajo de sí la delectación o halago, el gozo del mal ajeno, el divertimiento y la disolución. El halago o delectación es un gusto que capta el oído. El gozo del mal ajeno es deleitarse en el mal de otro. El divertimiento (como si dijéramos pervertimiento) es una inclinación del ánimo al relajamiento o disolución. Y la disolución es una relajación de la virtud. Como tenemos enfermedades del cuerpo, cuales son la gota y el dolor de artículos, las tiene también el alma, v.gr., el amor de la gloria, el de los deleites y otros semejantes. Enfermedad es morbo o dolencia con falta de fuerzas. Morbo es la opinión vehemente de lo que parece debe ser apetecido; pues así como el cuerpo tiene fáciles caídas de humores, v.gr., el catarro y la diarrea, también el alma tiene sus tendencias e inclinaciones, v.gr., la envidia, la inmisericordia, las contenciones y semejantes (528).

81. Dicen que hay tres afecciones buenas del ánimo: el regocijo, la precaución y la voluntad. Que el regocijo es contrario al deleite, puesto que es un movimiento racional. Que la precaución lo es al miedo, siendo una racional declinación del peligro. Así, el sabio nunca teme, sino que se precave. Y que la voluntad es contraria a la concupiscencia, puesto que aquélla es un deseo racional. Así como caen algunas cosas debajo de las pasiones o perturbaciones primeras, lo mismo sucede debajo de las buenas afecciones del ánimo, pues a la voluntad se sujetan la benevolencia, el agrado, el aprecio, la dilección. A la precaución se sujetan el pudor, la castidad. Al regocijo, el divertimiento, la alegría, la ecuanimidad. Dicen que el sabio está sin pasiones, por hallarse libre de caídas. Que también hay otro sin pasiones, que es el malo o ignorante (529), como si dijéramos duro e inmoble. Que asimismo el sabio carece de vanidad y fasto, pues no hace diferencia entre la gloria y la ignominia; pero también hay entre el vulgo otro sin fasto, que es el malo o ignorante.

82. Dicen que todos los sabios son austeros, pues ni ellos hablan de deleites, ni admiten lo que de los deleites hablan otros; pero que también hay otro austero, comparable al vino áspero, que mejor es para medicamentos que para bebida. Que los sabios son incorruptos y sinceros, pues se guardan de ostentar lo que son por medio de apariencias que oculten los defectos y hagan manifiestas las buenas prendas. Que tampoco son dobles o engañosos, pues quitan los fingimientos de voces y rostros. Que están ajenos de los negocios, pues huyen de hacer cosa alguna sino oficios. Que beben vino, sí; mas no se embriagan. Que no pierden el juicio; pero, sin embargo, caen a veces en algunas fantasías o imaginaciones extrañas, por melancolía o delirio, no por razón de cosas que deseen, sino por defecto de la naturaleza. Ni siente dolor el sabio, puesto que el dolor es una irracional contracción del ánimo, como dice Apolodoro en su Moral. Que los sabios son divinos, pues parece tienen a Dios en sí mismos; y que el malo o ignorante es ateo. Que el ateo es de dos maneras: uno el que se llama contrario a Dios; otro el que menosprecia a Dios; pero esto no se halla en todos los malos. Que los sabios son religiosos y píos, como prácticos que están en el derecho divino, pues la piedad es ciencia del cultivo divino. Que sacrifican por sí mismos a los dioses y son castos; puesto que detestan los pecados contra los dioses; y aun los dioses mismos los aman porque son santos y justos en las cosas divinas.

83. Que sólo los sacerdotes son sabios, porque resuelven y decretan acerca de los sacrificios, ritos establecidos y demás cosas peculiares de los dioses. Son de sentir que los padres, hermanos y hermanas se han de respetar en primer lugar después de los dioses. Dicen los estoicos que les es natural el grande amor para con sus hijos; y en los malos no hay tal amor. Que todos los pecados son iguales, como es de ver en Crisipo, libro IV De las cuestiones morales, en Perseo y en Zenón; pues si una verdad no es mayor que otra verdad, ni una cosa falsa lo es más que otra, tampoco un fraude será mayor que otro, ni un pecado mayor que otro pecado. En efecto, quien dista cien estadios de Canopo y quien dista uno, igualmente dejan de estar en Canopo; así, el que peca mucho y el que poco, igualmente dejan de estar en lo recto. No obstante, Heráclides Tarsense, familiar y amigo de Antípatro Tarsense, y Atenodoro dicen que los pecados son desiguales.
 

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(527) En caso de enfermedad, herida, veneno, lazo, etc., y en el de una tempestad de mar, en una fuga, etc., en que se arrojan los bienes por salvar la vida.
(528) Las voces άρρώστημα, νόσημα y ασθενία apenas hallo modo de distinguirlas en nuestra lengua. Todas significan lo mismo que aegritudo, infirmitas, debilitas, etc.
(529) Aquí y en otros muchos lugares de esta obra se halla la voz φαύλος con los significados que indiqué en la nota 99 a la vida de Sócrates, pár. 14. He procurado darle en cada uno de ellos la traducción que me ha parecido más propia al lugar que ocupa en el contexto.

 

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