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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
ZENÓN DE CITIO - Libro Séptimo
ZENÓN (1)
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(4) (5)
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(estoicismo, división de la filosofía según Zenón)
27. Hubo ocho Zenones. El primero el eleate, de que más adelante
trataremos. El segundo éste de quien escribimos. El tercero rodio, historiador de
su patria (477). El cuarto fue historiador que escribió la Historia de Pirro en
Italia y Sicilia y un Epítome de las cosas de los romanos y cartagineses.
El quinto fue discípulo de Crisipo, y escribió algunos pocos libros, pero dejó muchos
discípulos. El sexto fue médico de la escuela de Herófilo, hombre de mucha inteligencia,
pero de poco método en el escribir. El séptimo fue gramático, de quien andan, entre otras
cosas, algunos epigramas. Y el octavo sidonio, filósofo epicúreo, ilustre por su
juicio y estilo.
28. Los discípulos de Zenón fueron muchos; pero los más célebres son
Perseo Citieo, hijo de Demetrio, el cual fue, según unos, pariente suyo, según otros,
su criado, y uno de los que Antígono le había enviado por amanuense, ayo antes de su
hijo Alcioneo. De éste se dice que habiendo querido Antígono experimentarlo, hizo le
anunciasen fingidamente que sus posesiones habían sido devastadas por los enemigos;
y como se contristase, le dijo: «¿Ves cómo las riquezas no son cosa indiferente?»
29. Los libros de Zenón son éstos: Del reinar, La República de
Lacedemonia, Del casamiento, De la impiedad, Tiestes, Del amor, Exhortaciones, Diatribas,
cuatro libros de Críos, Comentarios, siete libros Acerca de las leyes de Platón.
También fueron discípulos suyos Aristón Quío, hijo de Milcíades, que es quien introdujo la
indiferencia. Herilo Cartaginés, que puso a la ciencia por fin. Dionisio,
que se pasó a la secta voluptuosa, pues padeciendo un vehemente mal de ojos, no podía
acomodarse a tener al dolor por cosa indiferente. Esfero Bosforiano; Cleantes Asio, hijo
de Fanio; el cual lo sucedió en la escuela y a quien comparaba «con las tablillas de cera
dura, en que se graba dificultosamente, pero retienen mucho lo grabado». Este Esfero oyó
también a Cleantes después de muerto Zenón; hablaremos de él en la
Vida de Cleantes.
Hipoboto pone por discípulos de Zenón también a Atenodoro Solense, a Filónides Tebano, a
Calipo Corintio, a Posidonio Alejandrino y a Zenón Sidonio. Propúseme tratar en la Vida
de Zenón de todos los dogmas de los estoicos en general, por haber sido el fundador
de esta secta. Existen de él muchos libros arriba mencionados, en los cuales habla cual
ninguno de los estoicos. Sus dogmas en común son los siguientes; bien que los pondré
sumariamente como acostumbro hacer en otros.
30. Dicen, pues, los estoicos, que la filosofía se divide en tres partes,
a saber: en natural, moral y racional o lógica. Así la dividió el primero de todos Zenón
Citio en el libro Del discurso (478), y después Crisipo en su libro I Del
discurso y en la primera parte de su Física; Apolodo Efilo en el libro I
de su Introducción a los dogmas; Eudromo en sus Elementos de moral;
Diógenes Babilonio y Posidonio. Apolodoro llama lugares a dichas tres partes;
Crisipo y Eudromo las llaman especies; los demás, géneros. Comparan la
filosofía a un animal, a saber: la racional a los huesos y nervios; la moral a la
carne, y la natural o física al alma. También la comparan a un huevo, esto es, lo
exterior es la lógica o racional; lo que se le sigue, la moral; y la física o natural,
lo del centro. Asimismo, a un campo fecundo, pues las cercas son la lógica; los frutos
la moral, y el terreno o las plantas son la física. Finalmente la comparan a una ciudad
murada y gobernada por la razón.
31. No prefieren una a otra ninguna de estas partes, según algunos de
ellos escriben, sino que las mezclan y las enseñan unidas. Otros ponen primero la lógica,
segundo la física, y tercero la moral: de éstos es Zenón en el libro Del discurso,
Crisipo, Arquidemo y Eudemo. Pero Diógenes Tolemaico empieza por la moral; Apolodoro la
pone por segunda; y Panecio con Posidonio comienzan por la física. Así lo dice Fanias,
familiar de Posidonio, en el libro I de la obra titulada De las escuelas de Posidonio.
32. Cleantes hace seis partes, que son: dialéctica, retórica, moral, civil,
física y teológica. Otros, como Zenón Tarsense, dicen que éstas no son partes del discurso,
sino de la misma filosofía. Algunos dicen que la parte lógica o racional se divide en dos
disciplinas, que son retórica y dialéctica, a las cuales hay quien añade otra especie llamada
definitiva, que versa sobre las reglas y juicios. Otro aun dividen esta definitiva;
pues de las reglas y juicios toman todavía para hallar la verdad (dirigiendo por ello la
diferencia de las ideas) (479), como también para conocerla, puesto que las cosas se
comprenden por sus nociones. Que la retórica es el arte de decir bien en discurso
dilatado; y la dialéctica, el de disputar rectamente por preguntas y respuestas;
por lo cual la definen también: ciencia de lo verdadero, de lo falso y de lo dudoso
(480). Que la retórica misma se divide en tres partes: una es la consultiva (481),
otra la judicial, y otra la encomiástica (482). Divídenla también en invención,
elocución, disposición y acción. Que la oración retórica consta de exordio, narración,
confutación y epílogo. Que la dialéctica se divide en dos lugares, a saber: en el
lugar de las cosas que se significan, y en el de la voz. Que el lugar de las
cosas que se significan se divide en lugar de fantasías o imágenes, en lugar de
las cosas dimanadas de ellas, expuestas por palabras, por axiomas, y otras perfeccionadas
por sí mismas, por predicamentos y semejantes rectos y pasivos, géneros y
especies; y en lugar que trata de las oraciones (483), de los tropos,
de los silogismos y de los sofismas nacidos de voces y cosas. De éstos
son las proposiciones (484) falsas, las verdaderas y las negativas, los
sorites y otros semejantes, los defectuosos, los ambiguos, los concluyentes
o terminantes, los ocultos, los cornutos, los outidas y los segadores (485).
33. Que la dialéctica tiene un lugar propio de la voz
misma, según ya dijimos, en el cual se demuestra la voz escrita, y las partes
del razonamiento (486), el solecismo y barbarismo, los poemas (487), las
anfibologías, la dulzura de la voz misma en la música, y aun, en sentir de
algunos, sus terminaciones, divisiones y palabras. Utilísima, dicen, es la
teoría de los silogismos; pues manifiestan lo demostrativo, son muy conducentes
para rectificar los dogmas, indican el orden y confirman fuertemente la memoria.
Que la oración o razonamiento mismo (488) es un complejo de ilaciones; y el
silogismo es un razonamiento (489) puesto en forma, constante de las mismas
ilaciones. Que la demostración es un raciocinio (490) que en todas las cosas
colige de lo más comprensible lo difícil de comprender. Que la fantasía es una
impresión en el ánimo, y toma el nombre propiamente por traslación de las figuras
de sellos impresas en cera; pero que hay una fantasía comprensible, y otra
incomprensible. La comprensible, que dicen es el juicio o criterio de las cosas,
es producida por un objeto existente y según es en sí, impresa y grabada profundamente.
La incomprensible es la que o no dimana de objeto existente, o si dimana, no tiene la
matriz o molde acomodado a él, ni menos es su copia.
34. Que la dialéctica es necesaria, y una virtud especial que
contiene otras virtudes. Que el evitar la caída es ciencia que enseña cuándo conviene
consentir y cuándo no. Que la circunspección y prudencia es una fuerte razón (491)
para lo verosímil, a fin de no ceder fácilmente a ello. Que la irreprensibilidad
tiene fuerza en la oración para no dejarnos llevar a cosas en contrario. Que la
exclusión de la vanidad es un hábito que sujeta la fantasía a la recta razón. Que
la ciencia o es una comprensión cierta, o un hábito que en la recepción de las
fantasías o imágenes no se aparta de la razón. Que el sabio, sin la teoría de la
dialéctica, no dejará de errar en el razonamiento; pues por ella se discierne lo
verdadero de lo falso, lo probable de lo dicho anfibológicamente. Que sin ella no
hay camino para preguntar y responder, y su ignorancia causa la precipitación que
vemos en las enunciaciones y demás operaciones; de manera que todo se vuelve futilidad
y desorden en los que no tienen ejercitadas las imaginaciones o fantasías. Que el hombre
sin dialéctica no será agudo, grave en el decir, perspicaz ni sabio, ni menos podrá
parecerlo; pues de uno mismo es el hablar y pensar rectamente, el disputar de lo que
se lo propone, y responder a lo que se le pregunta; las cuales cosas son propias del
hombre práctico en la dialéctica.
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(477) ίστορίαν ένιαίαν, o bien ένιάαν. Parece quiso decir que la escribió en un
volumen o libro solo. Dioro Sículo, lib. V, cita este Zenón, como también Polibio en los fragmentos.
(478) εν τψ περί λόγου.
(479) φαντασιών.
(480) χαί ουδετέρων, De las cosas neutras.
(481) συμ βουλευτιχόν, acaso podría ser meditativa.
(482) O sea, demostrativa.
(483) λόγων. Todo el período es oscuro.
(484) λόγους.
(485) Nombres de argumentos capciosos.
(486) λόγου μέρη.
(487) No deja de confirmarse aquí la corrección que hicimos con Mer. Casaubono a
la voz ποιήσεως del párrafo 19.
(488) λόγον άυτον.
(489) λόγον.
(490) λόγον.
(491) λόγον.
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