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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
ZENÓN DE ELEA - Libro Noveno
BIOGRAFÍA DE ZENÓN DE ELEA
1. Zenón, natural de Elea, fue hijo de Pireto, según Apolodoro en las Crónicas;
según otros, de Parménides. Otros, finalmente, lo hacen hijo de Teleutágoras
por naturaleza, y de Parménides por adopción. De él y de Meliso dice Timón:
En una y otra lengua poderoso (638),
difícil fue Zenón de ser vencido;
sí vencedor de todos.
Igualmente Meliso, que supera
todas las fantasías de la mente,
y acaso es superado de muy pocos.
Zenón fue discípulo de Parménides, y aun su bardaja.
Platón en su Parménides dice que fue alto de cuerpo; y en su Sofista lo llama
Palamedes Eleático.
2. Aristóteles dice que fue inventor de la dialéctica, como Empédocles de la
retórica. Fue varón clarísimo en filosofía y política, como vemos en sus
escritos, tan llenos de sabiduría. Queriendo destronar al tirano Nearco (o
Diomedonte, como quieren algunos), fue aprehendido, como refiere Heráclides en
el Epitome de Sátiro. En esta ocasión, como fuese preguntado acerca de los
conjurados y de las armas conducidas a Lípara, dijo que los conjurados eran
todos los amigos del tirano; con lo cual quiso suponerlo abandonado y dejado
ya solo. Después, diciendo tenía algo que hablarle a la oreja tocante a algunos,
se la cogió con los dientes, y no la soltó hasta que lo acribillaron a estocadas,
como sucedió al tiranicida Aristogitón (639). Demetrio dice en sus Colombroños
que la nariz fue lo que le arrancó de un bocado.
3. Antístenes escribe en las Sucesiones que después de haber citado por
cómplices en la conjura a los amigos del tirano, como éste le preguntase si
había otro culpado, respondió: «Tú, oh destrucción de esta ciudad».
Y que a los circunstantes habló en esta forma: «Estoy admirado de
vuestra cobardía, pues por miedo de lo que yo padezco sois esclavos de un
tirano»; y que luego, cortándose la lengua con los dientes, se la escupió a
aquél encima. Incitados con esto los ciudadanos, al punto quitaron la vida a
pedradas al tirano. Finalmente, Hermipo dice que Zenón fue metido en un
mortero y machacado allí. Mis versos a él son éstos:
Promoviste, oh Zenón, solicitaste
una facción ilustre. Tú querías,
al tirano acabando,
a Elea libertar de cautiverio.
Mas no lo conseguiste;
antes sobrecogido del tirano,
te mandó machacar en un mortero.
Pero ¿qué es lo que digo?
No te machacó a ti, sino a tu cuerpo.
4. Fue Zenón bueno también en otras cosas; pero hombre fastidioso y que se
sobreponía a sus mayores, como Heráclito. A su patria (llamada antes Hile y
después Elea), siendo colonia de los focenses y ciudad humilde y que sólo solía
producir hombres de bien, la estimaba en más que la magnificencia de Atenas,
adonde raras veces iba, viviendo siempre en su casa. Fue este
Zenón el primero
que usó el argumento que llaman Aquiles, aunque Favorino dice que Parménides y
otros muchos (640).
5. Sus opiniones son: «Que hay muchos mundos. Que no hay vacuo.
Que la naturaleza de todas las cosas proviene del cálido y
frígido, del seco y húmedo, conmutándose éstos entre sí. Que la generación de
los hombres es de la tierra; y el alma una mixtión de todo lo dicho,
sin que tenga mayor porción de uno que de otro». Dicen que habiendo
sido maltratado de palabras, se indignó mucho; y como uno le dijese por qué se
indignaba, respondió: «Si no me indigno y me acostumbro a los ultrajes y
desprecios, tampoco me alegraré de los loores». Cuando tratamos de
Zenón Citieo
ya dijimos hay ocho Zenones. El presente floreció hacia la Olimpíada LXXIX (641).
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(638) Esto es, en argüir en pro y en contra. Habla de esto Plutarco en la
vida de Pericles.
(639) El que en compañía de Hermodio mató a Hipias, tirano de Atenas, hijo de Pisístrato.
(640) Éste es uno de los argumentos capciosos o falacias; suele proponerse así: En un instante indivisible de tiempo nadie
puede correr más que una partícula indivisible de espacio; luego juntando estos espacios indivisibles uno a uno como en el
sorites, tendremos que tanto correrá una tortuga como Aquiles. Plutarco no pone el ejemplo en Aquiles, sino en el caballo
de Adrasto.
(641) La edición de Estéfano pone LXX.
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