|
Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres SOLÓN - Libro Primero
SOLÓN (1)
(2)
(3)
(epístolas de Solón)
Sus epístolas son éstas:
SOLÓN A PERIANDRO
15. «Dícesme que muchos ponen asechanzas contra ti. Aunque quieras
exterminarlos, no te precaverás: te las pondrán los que menos
sospeches: uno porque te tema, otro conociéndote digno de muerte,
por ver no hay cosa que no temas. Aun hará obsequio al pueblo el
menos sospechoso que te quite la vida. Para quitar la causa, sería
lo mejor dejar el imperio; pero si quieres absolutamente perseverar
en él, te será preciso tener fuerzas mayores que las de la ciudad.
De este modo ni habrá quien te sea temible, ni te desharás de
ninguno.»
SOLÓN A EPIMÉNIDES
16. «Ni mis leyes, en la realidad, habían de ser
de grande emolumento para los atenienses, ni menos lo fuiste tú al
partir de la ciudad; pues no sólo pueden auxiliar a las ciudades los
dioses y los legisladores, sino también los que siempre forman multitud,
a cualquiera parte que se inclinen. A éstos les son provechosos los
dioses, y las leyes, si proceden debida y rectamente; pero si
administran mal, de nada les sirven. No cedieron ciertamente en
mayor bien mis leyes y establecimientos; porque los que manejaban el
común han perjudicado con no estorbar que Pisístrato se alzase rey,
no dando crédito a mis predicciones. Él, que halagaba a los
atenienses, fue más creído que yo que los desengañaba. Armado
delante del Senado, dije que «yo era más sabio que los que no
advertían que Pisístrato
quería tiranizarlos, y más valeroso que los que por miedo no le
repelían». Pero ellos creyeron que Solón estaba loco. Por último, di
público testimonio en esta forma: «¡Oh patria! Solón está aquí
dispuesto a darte socorro de palabra y de obra, aunque, por el
contrario, creen éstos que estoy loco. Así, único enemigo de Periandro, me ausento de ti. Esos otros sean, si gustan, sus
alabarderos». Sabes, oh amigo, con cuánta sagacidad invadió el
solio. Empezó adulando al pueblo; después, hiriéndose a sí mismo,
salió ante el Senado diciendo a gritos que le habían herido sus
contrarios, y suplicó le concediesen cuatrocientos alabarderos de
guardia. Y ellos, no oyendo mis amonestaciones, se los otorgaron,
armados con clavas; y seguidamente subyugó la república. En vano,
pues, me desvelaba en libertar a los pobres de la servidumbre,
puesto que en el día de hoy todos son esclavos de Pisístrato.»
SOLÓN A PISÍSTRATO
17. «Creo que de ti no me vendrá daño alguno, puesto que antes de tu
reinado era tu amigo, y hoy no te soy más enemigo que los demás
atenienses que aborrecen el estado monárquico. Piense cada cual si
le está mejor ser gobernado por uno o por muchos. Confieso eres el
más benigno de los tiranos; sin embargo, veo no me conviene volver a
Atenas, no sea se me queje alguno de que habiendo yo puesto el
gobierno de ella en manos de todos igualmente, y abominando el
monárquico, ahora con mi regreso parezca lisonjear tu hecho.»
SOLÓN A CRESO
18. «Me
causa gran maravilla tu amistad para conmigo; y te juro por
Minerva que, a no haber ya resuelto habitar en gobierno democrático,
querría antes vivir en tu reino que en Atenas, violentamente
tiranizada por Pisístrato. Pero yo vivo más gustoso en donde los
derechos son iguales entre todos. Bajaré, no obstante, ahí, siquiera
por ser tu huésped un breve tiempo.»
|