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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
SÓCRATES - Libro Segundo
BIOGRAFÍA DE SÓCRATES (1)
(2)
(3)
1. Sócrates fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de
Fenáreta, obstetriz, como lo dice Platón en el diálogo intitulado
Teeteto. Nació en Alopeca, pueblo de Ática. Hubo quien creyó que
Sócrates ayudaba a Eurípides en la composición de sus tragedias, por
lo
cual dice Mnesíloco:
Los Frigios drama es nuevo de Eurípides, y consta
que a Sócrates se debe (88).
Y después:
De Sócrates los clavos
corroboran de Eurípides los dramas.
Igualmente Calias en la comedia
Los cautivos dice:
Tú te engríes, y estás desvanecido:
pero puedo decirte
que a Sócrates se debe todo eso.
Y Aristófanes en la comedia Las nubes, escribe:
Y
Eurípides famoso,
que tragedias compone,
lo hace con el auxilio
de ese que habla de todo: así le salen
útiles y sabias.
2. Habiendo sido discípulo de Anaxágoras, como aseguran algunos, y
de Damón, según dice Alejandro en las Sucesiones, después de la condenación de aquél se pasó a Arquelao Físico, el cual usó de él
deshonestamente, como afirma Aristóxenes (89). Duris dice que se
puso a servir y que fue escultor en mármoles: y aseguran muchos que
las Gracias vestidas que están en la Roca (90) son de su mano. De
donde dice Timón en sus Sátiras:
De estas Gracias provino el cortador de
piedras; el parlador de
leyes, oráculo de Grecia.
Aquel sabio aparente y simulado, burlador, y orador semiateniense.
En la oratoria era vehementísimo, como dice
Idomeneo; pero los
treinta tiranos (91) le prohibieron enseñarla, según refiere Jenofonte. También lo moteja Aristófanes porque hacía buenas las
causas malas (92). Según Favorino en su Historia varia, fue el
primero que con Esquines, su discípulo, enseñó la retórica: lo que
confirma Idomeneo en su Tratado de los discípulos de Sócrates. Fue
también el primero que trató la moral, y el primero de los filósofos
que murió condenado por la justicia.
3. Aristóxenes, hijo de Espíntaro,
dice que era muy cuidadoso en juntar dinero; que dándolo a usura, lo recobraba con el aumento; y
reservado éste, daba nuevamente el capital a ganancias. Según
Demetrio Bizantino dice, Critón lo sacó del taller y se aplicó a
instruirlo, prendado de su talento y espíritu. Conociendo que la
especulación de la naturaleza no es lo que más nos importa, comenzó
a tratar de la filosofía moral ya en las oficinas, ya en el foro;
exhortando a todos a que inquiriesen
qué mal o bien tenían en sus casas.
Muchas veces, a excesos de vehemencia en el decir, solía darse de
coscorrones y aun arrancarse los cabellos; de manera que muchos
reían de él y lo menospreciaban; pero él lo sufría todo con
paciencia. Habiéndole uno dado un puntillón, dijo a los que se
admiraban de su sufrimiento: «Pues si un asno me hubiese dado una coz, ¿había yo de citarlo ante la justicia?»
Hasta aquí Demetrio.
4. No
tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron
las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo,
disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones
cuanto para indagar la verdad. Dicen que habiéndole dado a leer
Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le
parecía, respondió: «Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo
será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador delio».
Tenía mucho cuidado en ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena
constitución.
5. Militó en la expedición de Amfípolis; y dada la batalla junto a
Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos
los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando
frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de
cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la
expedición naval de Potidea, no pudiendo ejecutarse por tierra en
aquellas circunstancias. En esta ocasión dice estuvo toda una noche
en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la
victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba
mucho, como dice Aristipo en el libro IV De las delicias antiguas.
6. Ion Quío dice que Sócrates en su juventud estuvo en Samos con
Arquelao. Aristóteles escribe que también peregrinó a Delfos (93). Y Favorino afirma en el libro primero de sus
Comentarios que
también estuvo en el Istmo. Era de un ánimo constante y republicano:
consta principalmente que habiendo mandado Cricias y demás
jueces traer a Leonte de Salamina, hombre opulento, para quitarle la
vida, nunca Sócrates convino en ello; y de los diez capitanes de la
armada fue él solo quien absolvió a Leonte. Hallándose ya
encarcelado, y pudiendo huir e irse adonde quisiese, no quiso
ejecutarlo, ni atender al llanto de sus amigos que se lo rogaban;
antes les reprendió, y les hizo varios razonamientos llenos de
sabiduría.
7. Era parco y honesto.
Pánfila escribe en el libro VII de sus
Comentarios que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa
para construir una casa, le dijo: «Si yo tuviese necesidad de
zapatos, ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego
ridículo sería si yo la admitiese». Viendo frecuentemente las muchas
cosas que se venden en público, decía para sí mismo: «¡Cuánto hay
que no necesito!» Repetía a menudo aquellos yambos:
Las alhajas de plata, de púrpura las ropas,
útiles podrán ser en las tragedias; pero de nada sirven a la vida.
Menospreció generosamente a Arquelao Macedón, a Escopas Cranonio y a
Eurilo Lariseo; pues ni admitió el dinero que le regalaban, ni quiso
ir a vivir con ellos. Tanta era su templanza en la comida, que
habiendo habido muchas veces peste en Atenas, nunca se le pegó el
contagio.
8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera
Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de
Arístides el Justo (94), a la que recibió indotada y de la cual tuvo
a Sofronisco y a Menéxeno. Algunos quieren casase primero con
Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este
sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras
y contagios,
decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además
pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó
así.
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(88) La frase griega es: «Los Frigios es nuevo drama de Eurípides, a quien
Sócrates puso la leña debajo.»
(89) Οϋ χαϊ παιδιχά γενέυθαι.
(90) Es la fortaleza o alcázar de Atenas, tan celebrada en toda la antigüedad;
y de cuya magnificencia todavía conserva vestigios.
(91) Estos treinta pretores fueron creados en la Olimpiada XCIV, cuyo poder
al principio no se extendía a más que a elegir el Senado; pero después
pasaron a tiranizar a Atenas. Muchos autores griegos, cuando los nombran, no
dicen más que los treinta.
(92) Aristófanes en sus Nubes, v. 115.
(93) Πυθώδε, o Πυθώθε, es adverbio que significa Delphis, en Delfos.
(94) Véase sobre esto Ateneo, lib. XIII, poco después del principio.
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