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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres QUILÓN - Libro Primero
BIOGRAFÍA DE QUILÓN
1. Quilón, hijo de Damageto (41), fue
lacedemonio. Compuso algunas elegías hasta en 200 versos. Decía que «las
previsiones que se pueden comprender por raciocinios son obra del
varón fuerte». A su hermano, que se indignaba de que no le hacían
eforo (42) siéndolo él, respondió: «Yo sé sufrir injurias, pero tú
no». Fue hecho eforo hacia la Olimpíada LV, aunque Pánfila dice que
en la LVI; y que fue primer eforo (43) siendo arconte Eutidemo, como
dice Sosícrates. Que estableció el primero que los eforos
estuviesen unidos al rey; bien que Sátiro dice que esto lo había
establecido ya Licurgo. Herodoto dice en el libro primero que,
estando Hipócrates (44) sacrificando en Olimpia, como las calderas
hirviesen por sí solas (45), le aconsejó Quilón que no se casase, o
dejase la mujer si era ya casado, y abdicase los hijos.
2. Dícese que preguntándole Esopo «qué era lo que hacía
Júpiter»,
respondió: «Humilla los excelsos, y eleva los humildes». Preguntado
«en qué se diferencia el sabio del ignorante», respondió: «En las
buenas esperanzas». «Qué cosa era dificultosa», respondió: «Guardar
el secreto, emplear bien el ocio y sufrir injurias». Daba los
preceptos siguientes: «Detener la lengua, singularmente en convites;
no hablar mal del prójimo, si no queremos oír de él cosa que nos
pese; no amenazar a nadie, por ser cosa de mujeres; acudir primero a
los infortunios que a las prosperidades de los amigos; casarse sin
pompa; no hablar mal del muerto; honrar los ancianos; guardarse de
sí mismo; escoger antes el daño que el lucro torpe, porque lo
primero se siente por una vez, lo segundo para siempre; no burlarse
del desgraciado; el poderoso sea humano, para que los prójimos
antes le celebren que le teman; aprender a mandar bien su casa; no
corra la lengua más que el entendimiento; reprimir la ira; no
perseguir con baldones la adivinación; no querer imposibles; no
apresurarse en el camino; no agitar la mano cuando se habla, por ser
cosa de necios; obedecer las leyes; amar la soledad».
3. Entre sus
adomenos (46), éste fue el más plausible: «Por la
piedra de toque se examina el oro, dando prueba de sus quilates, y
por el oro se prueba el ánimo del hombre bueno o el del malo». Refiérese que, siendo ya viejo, decía que no se acordaba de haber
obrado en su vida injustamente; sólo dudaba de una cosa, y era que,
habiendo una vez de condenar en justicia a un amigo, y queriendo
proceder según las leyes, le instó a que le recusase, y así cumplió
con la ley y con el amigo. Fue celebradísimo, especialmente entre
los griegos, por haber predicho lo de Citere, isla de Laconia, pues
teniendo observada su situación, dijo: «¡Ojalá nunca hubiese
existido, o bien se hubiese sumergido acabada de nacer!» Tenía bien
previsto lo que después sucedió, pues Demarato, huyendo de
Lacedemonia, aconsejó a Jerjes pusiese sus naves en esta isla. Y si
Jerjes lo hubiera ejecutado, ciertamente hubiera Grecia venido a su
poder. Pero después Nicias, en la guerra del Peloponeso, ganó la
isla, la hizo presidio de los atenienses, y causó infinitos daños a
los lacedemonios.
4. Era Quilón breve en el hablar; por cuya causa Aristágoras
Milesio llama quilonio a este estilo, y dice que también lo usó
Branco, el que construyó el templo de los branquidas.
5. Hacia la Olimpíada LII era ya viejo; en cuyo tiempo florecía
Esopo el compositor de fábulas. Murió, según dice Hermipo, en Pisa,
dando la enhorabuena a su hijo, que había salido vencedor en los juegos
Olímpicos, en la lucha de puñadas. Murió del excesivo placer,
y debilidad de la vejez. Todos los del concurso lo honraron en la
muerte. Mi epigrama a Quilón es el siguiente:
A ti mil gracias, Pólux rutilante, con cuyo auxilio de Quilón el
hijo consiguió el acebuche siempre verde, en lucha de puñadas. Si su
padre,
al contemplar al hijo coronado,
murió de gozo, nadie le condene: ¡Dichoso yo, si tal mi muerte
fuera!
A su imagen se puso esta inscripción:
La fuerte en lanzas y valiente Esparta
sembró a Quilón (47), primero de los siete.
Apotegma suyo es: «¿Prometes? Cerca tienes el daño». Suya es también
esta breve carta:
QUILÓN A PERIANDRO
6. «Escríbesme sobre la expedición que quieres emprender contra los
que de ahí están ausentes, en la cual irás tú mismo. Yo juzgo que un
monarca tiene en peligro hasta las cosas de su casa, y tengo por
feliz al tirano que muere en su cama sin violencia».
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(41) Estobeo lo llama Pageto. Suidas nombra cierto Damageto de
Heraclea.
(42) Era esta dignidad entra los lacedemonios un magistrado anualmente
elegido, compuesto de cierto número de individuos, para moderar la
exorbitante libertad y capricho de sus reyes. A semejanza de los éforos
crearon los romanos sus tribunos de la plebe. Los éforos se hicieron
después un magistrado tan poderoso y absoluto, que declinó en insolente, y
no se levantaba a presencia del rey. Aun llegó a arrogarse la potestad de
ponerlo preso en caso necesario. Por estos excesos de poder usurpado, dice
Plutarco que Cleómenes, hijo de Leónidas, quitó los éforos.
(43) Entiendo el principal de los de aquel año; pues la primera institución
de este magistrado fue sin duda más antigua.
(44) Hipócrates el padre de Pisístrato.
(45) Antes de encender el fuego.
(46) Véase la nota 24 a la vida de
Tales.
(47) εφύτενσεν plantó, sembró, y, por traslación, procreó,
produjo. |