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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
PROTÁGORAS - Libro Noveno
BIOGRAFÍA DE PROTÁGORAS
1. Protágoras, hijo de Artemón, o según Apolodoro y Dinón en su Historia de
Persia, hijo de Meandro, fue abderita, como dice Heráclides Póntico en sus
libros De las leyes, el cual añade que Protágoras escribió leyes a los turios.
Pero, según Éupolis en su comedia Los aduladores, fue natural de Teos, pues
dice:
Adentro está Protágoras de Teos.
Éste y Pródico Ceyo buscaban la vida leyendo libros. Y Platón en su Protágoras
dice que Pródico tenía la voz grave. Fue Protágoras discípulo de Demócrito, y lo
llamaban Sabiduría, como dice Favorino en su Historia varia. El primero que
dijo que «en todas las cosas hay dos razones contrarias entre sí», de las cuales
se servía en sus preguntas, siendo el primero en practicarlo. En un lugar
comenzó de este modo: «El hombre es la medida de todas las cosas: de las que
existen como existentes; de las que no existen como no existentes». Decía que
«el alma no es otra cosa que los sentidos (como lo dice también Platón en su
Teeteto), y que todas las cosas son verdaderas». En otro lugar empezó de este
modo: «De los dioses no sabré decir si los hay o no los hay, pues son muchas las
cosas que prohíben el saberlo, ya la oscuridad del asunto, ya la brevedad de la
vida del hombre». Por este principio de su tratado lo desterraron los
atenienses, y sus libros fueron recogidos de manos de quienes los poseían y
quemados en el foro a voz de pregonero.
2. Fue el primero que recibió cien minas de salario; el primero que dividió el
tiempo en partes, explicó las virtudes de las estaciones, inventó las disputas e
introdujo los sofismas, para los que gustan de tales cosas en los argumentos.
Él fue quien, dejando el significado de las cosas, indujo las disputas de nombres;
dejándonos aquel modo superficial de argüir que todavía dura. Así, Timón dijo de él:
Y Protágoras mixto
en la disputa sumamente diestro
También fue el primero que movió el estilo socrático en el hablar
y el primero que usó del argumento de Antístenes, con el cual pretende demostrar que no
puede contradecirse, como dice Platón en su Eutidemo. Fue igualmente el primero
que formó argumentos para las tesis o posiciones, como lo dice Artemidoro Dialéctico
en su libro Contra Crispino; el primero que usó aquel cojinillo sobre el cual
se lleva el peso, y lo llamó tule, como dice Aristóteles en el libro De la
educación. Efectivamente, él fue palanquín, como dice Epicuro en cierto lugar;
y el haber sido elevado a discípulo de Demócrito provino de haberle visto atar bien
un haz de leña (660).
3. Dividió el primero la oración en cuatro partes; ruego, pregunta,
respuesta y precepto. Otros dicen la dividió en siete; narración, pregunta,
respuesta, precepto, pronunciación (661), ruego y vocación, a las cuales
llamó fundamento y raíz de las oraciones. Alcidamas dijo eran cuatro estas partes:
afirmación, negación, pregunta y apelación o elocución (662). El principio
de su libro De los dioses, que leyó él mismo, es el que pusimos arriba. Lo leyó
en Atenas en casa de Eurípides, o según algunos, en la de Megaclides, o bien, según
otros, en el Liceo, por medio de su discípulo Arcágoras, hijo de Teodoro. Lo acusó
Pitodoro, hijo de Polizelo, uno de los cuatrocientos (663), bien que Aristóteles dice
lo acusó Evatlo.
4. Los libros que quedan de él son: El arte de disputar; De la
lucha; De las matemáticas; De la República; De la ambición; De las virtudes; Del estado
de las cosas en el principio; De las cosas que hay en el infierno; De las cosas no
bien hechas por los hombres; Preceptivo; Juicio sobre la ganancia, y dos libros
De contradicciones. Hasta aquí sus libros. Platón escribió de él un Diálogo. Filocoro dice que navegando Protágoras a Sicilia, se anegó la nave; también lo insinúa
Eurípides en su Ixión. Algunos quieren muriese en el camino, a los noventa años
de edad, o a los setenta, como dice Apolodoro.
5. Filosofó por espacio de cuarenta años, y floreció hacia la Olimpíada
LXXIV. Mi epigrama a él es el siguiente:
Moriste, oh Protágoras, ya viejo,
en viaje, ausentándote de Atenas.
Huir te deja el pueblo de Cécrope;
y tú también huiste
de la ciudad de Palas;
mas huir de Plutón ya no pudiste.
Dicen que habiendo pedido la paga a su discípulo Evatlo, como éste
respondiese que todavía no había ganado causa alguna, respondió: «Y si yo ganare, es fuerza
recibir por haber ganado; y si tú vencieres, porque tú habrás vencido» (664).
6. Hubo otro Protágoras, astrólogo, de quien Euforión hizo el elogio
fúnebre; y aun otro que fue filósofo estoico.
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(660) Aulo Gelio cuenta el caso por extenso.
(661) άπαγγελια.
(662) Προαγορενσις.
(663) De los 400 que durante un tiempo gobernaron Atenas habla Tucídides, lib. VIII.
(664) Gelio, lib. V, cap. X, trae largamente el caso, que es curioso: «Pactó Protágoras con su discípulo Evatlo de enseñarle la
oratoria forense por cierta paga, con la condición de que el discípulo daría de entrada la mitad de aquel tanto, y la otra mitad
luego que defendiese algún pleito y lo ganase. Como se pasase mucho tiempo sin verificarse la condición pactada, pidió Protágoras
el resto de la deuda; a que Evatlo satisfizo diciendo que todavía no había ganado ni orado causa alguna. Pero no se aquietó
Protágoras, antes le puso pleito sobre ello; y hallándose ambos ante los jueces, dijo Protágoras: «Sábete, oh necio joven, que de
cualquier modo que este pleito salga, debes pagarme; pues si te condenan a ello, me habrás de pagar por sentencia; y si te libran,
me pagarás por nuestro pacto.» A esto respondió Evatlo: «Sabed también vos, oh sabio maestro, que por todo lo mismo no debo yo
pagaros; pues si los jueces me absuelven, quedo libre por sentencia; y si pierdo el pleito, lo quedo por nuestro pacto.» En esta
duda no se atrevió el tribunal a resolver por entonces. La misma historia trae Apuleyo; y Sexto Empírico otra semejante.
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