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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
PLATÓN - Libro Tercero
PLATÓN (1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6) (7)
(8)
(diálogos y escritos de Platón)
33. Así distribuye Trasilo, con algunos otros, los libros de
Platón. Pero otros, de cuyo número es el gramático Aristófanes, dividen los
diálogos en triloquios. El primero contiene la República, el Timeo
y el Cricias. El segundo contiene el Sofista, el Político y
el Crátilo. El tercero las Leyes, el Minos y el Epinomis.
El cuarto el Teeteto, el Eutifrón y la Apología. El quinto
el
Critón, el Fedón y las Cartas. Los demás van separados y
sin orden especial. Algunos empiezan, como ya se dijo, por la República;
otros por Alcibíades mayor; otros por Téages; otros por
Eutifrón; otros por Clitofón; otros por Timeo; otros por
Fedro; otros por Teeteto, y otros, finalmente, empiezan por la
Apología.
34. Se tienen por espurios los diálogos siguientes: el
Midón o Hipostrofo, el
Eurixias o Erasistrato, el Alción, el Acéfalo o
Sísifo, el Axioco, el Feaces, el Demódoco, el
Quelidón, el Séptima (222) y el Epiménides, de los cuales el
Alción parece es de un tan León, según afirma Favorino en el libro V de
sus
Comentarios. Usa mucha variedad de voces en sus obras a fin de que no
sean entendidas de los ignorantes; no obstante, es de sentir que la sabiduría
consiste propiamente en el conocimiento de cosas intelectuales, como el de Dios
y el del alma separada del cuerpo. Da en particular a la filosofía el nombre de
sabiduría, como que es un deseo o amor de la sabiduría divina; pero en común
da también nombre de sabiduría a toda pericia o inteligencia, v. g., cuando
llama sabio a un artista célebre.
35. Usa también de unas mismas voces para significar cosas
diferentes, como, por ejemplo, usa de la voz φαΰλος (phaulos) para
significar lo que άπλοΰς (haplous), igualmente que Eurípides la emplea
con la misma significación, hablando así de Hércules en su Licimnio:
Sencillo, sin adorno, en todo bueno, y que toda la ciencia
circunscribe
en la obra, no versado en elegancias (223)
También usa Platón algunas veces de la misma palabra en vez
de τοΰ χαλου (224) (tou calou), y aun por τουμιχρου (tou microu),
pequeño. Y, por el contrario, usa muchas veces diversas voces para un mismo
significado, pues para significar la Idea usa de las palabras especie,
género, paradigma, principio y
causa. No menos usa de voces opuestas en un mismo significado, llamando
sensible
a lo existente y a lo no existente: a lo existente por su generación; a lo no
existente por innata mutación. Llama Idea a lo que ni se mueve ni está
quieto, y una misma cosa a la unidad y a la pluralidad. Todo lo cual lo
acostumbra hacer con mucha frecuencia.
36. De tres maneras se deben exponer sus escritos.
Primeramente, conviene explicar qué cosa sea cada una de las que allí se dicen.
Luego por qué se dice cada una de ellas: si como principal asunto, o como parte
de algún símil; para establecer dogmas, o para convencer a su adversario. Y en
tercer lugar, si las tales cosas están rectamente dichas.
37. Y por cuanto en sus libros se ponen ciertas señales o
signos, diremos también de ello alguna cosa. La X se aplica a las palabras y a
las figuras, según costumbre de Platón (225). El Diple (doble) = a
los dogmas y opiniones propias de Platón. La .X. con un punto a cada parte se
pone a las sentencias más selectas y hermosas. El diple con dos puntos
(226) se pone donde se enmiendan algunas cosas. El obelo con dos puntos
(227) en las cosas vanas e ineptas. La
antisigma con los dos puntos (228) cuando pueden dos cláusulas servir
igualmente en un pasaje mismo o para alguna traslación. El ceraunio (229)
se pone en las cosas pertenecientes a la instrucción filosófica. El asterisco
(230) cuando hay uniformidad de dogmas. Y el simple obelo (231) se pone
cuando se reprueba algo. Estos son los libros de Platón y las notas que les
ponen. De ellos dice Antígono Caristio, en su libro De Zenón, que recién
publicados, si alguno quería leerlos, pagaba al que los poseía.
38. Sus opiniones son éstas: decía que «el alma es inmortal;
que pasa de unos cuerpos a otros, y que tuvo principio numérico; pero que el
cuerpo lo tuvo geométrico». Definía el alma diciendo que es «la idea de un
espíritu esparcido por todas partes; que se mueve por sí misma, y que está
dividida en tres partes; que la parte racional reside en la cabeza; la irascible
en el corazón, y la concupiscible en el ombligo e hígado; que el alma, estando
en el medio del cuerpo, retiene todas las partes de éste en rededor; que se
compone de los elementos, y que, estando dividida al tenor de los intervalos
armónicos, forma dos círculos unidos. Dividido en otros seis el círculo interior
de estos dos, componen todos los siete círculos (232). Que dicho círculo yace
retirado hacia la izquierda del diámetro, y el otro al lado, hacia la derecha,
por cuya razón es único (233). El primero está dividido en lo interno. Que éste
es propio de la naturaleza de Sí mismo o del Mismo, y los demás del Otro (234).
Que el primero es el movimiento del alma, y el segundo el del universo y
planetas».
39. «Estando, pues, hecha desde el medio la división de
manera que se extiende y une a los extremos, conoce y comprende el alma las
cosas existentes, puesto que tiene en sí misma los principios armónicamente. Que
la opinión se hace por el círculo llamado Otro, y la ciencia por el llamado
Mismo. Que los principios de todas las cosas son dos, a saber: Dios y la
Materia, llamando a Dios Mente y Causa. Que la Materia es informe e infinita;
pero de ella se forman y componen las cosas». Dice que «habiéndose movido sin
orden en algún tiempo esta Materia, la fijó Dios y la unió en un lugar, teniendo
por mejor el orden que el desorden. Que esta sustancia o materia se convirtió en
los cuatro elementos o principios: fuego, agua, aire y tierra, de los cuales fue
engendrado el mundo y cuanto hay en él. Solamente la tierra, dice, es inmutable:
dando por causa la variedad de figuras en las partes de que constan los
elementos que la componen. Las figuras de los principios de las demás cosas,
dice, son homogéneas, a saber: compuestas todas de un triángulo prolongado; pero
que la tierra tiene su figura propia. Las partes de que se compone el fuego son
piramidales; las del aire, de figura octaedra (235); las del agua, de icosaedra
(236), y las de la tierra cúbicas (237); por lo cual ni la tierra se convierte
en los demás elementos, ni ellos en tierra. Que no cada cosa tiene su propio
lugar separadamente, sino que la circunferencia, constriñendo y apretando hacia
el centro, une las partes pequeñas y separa las grandes; así, que mudando de
especie, mudan también de sitio».
40. «Que el mundo es uno solo, habiéndolo Dios criado
sensible (238). Que está animado, puesto que lo animado es más noble que lo
inanimado. Que este edificio del mundo está sujeto a la Suprema causa. Que fue
creado único (y no limitado), por ser también único el original según el cual
fue creado. Que es esférico, por serlo también su Criador. Y que aquél contiene
los demás animales; éste las figuras de todos. Que es liso y sin órgano alguno
en su circunferencia, por no serle de ningún uso (239). Que permanece sin
acabarse, porque no se resuelve en Dios. Y que es Dios la Causa de toda
generación, por ser cosa natural al bueno el hacer bien. Que la Causa de la
generación del cielo es excelentísima; pues lo más bello de las cosas criadas
debe ser producción de la más excelente de las cosas intelectuales; y por cuanto
Dios es tal, el cielo, a este Ser excelentísimo semejante y en sí hermosísimo,
no es semejante a ninguna criatura, sino sólo a Dios. Que el mundo consta de
fuego, agua, aire y tierra. De fuego, para que sea visible; de tierra, para que
sea sólido; de agua y aire, para que esté proporcionado, puesto que la rigidez
de los sólidos se proporciona con los dos elementos medios para formar el
universo. Y consta de todos, para que sea perfecto e inmortal. Que el tiempo fue
creado a imagen de la eternidad: dura siempre, y es el movimiento del cielo: la
noche, el día, el mes y semejantes son partes del tiempo. Así, que el tiempo no
puede existir sin la naturaleza del universo, pues luego que hubo mundo hubo
también tiempo, habiendo sido criados el sol, la luna y los planetas para formar
el tiempo. Que Dios encendió la lumbre solar para que fuese patente el número de
las horas y lo percibiesen aun los animales. Que la luna tiene su esfera sobre
el círculo de la tierra; próximo al círculo de la luna está el del sol, y en los
siguientes los demás planetas».
41. «Que el universo está animado, por ir conexo con el
movimiento, que lo está. Que para que el mundo fuese perfecto y semejante a la
Inteligencia animada, fue criada la naturaleza de los otros animales. Y como
aquélla tuvo mente, fue conveniente la tuviese también el cielo. Que los dioses
son de naturaleza ígnea. Que los demás animales son de tres géneros: volátil,
acuátil y pedestre. Que la tierra es más antigua que los dioses que hay en el
cielo (240). Que fue criada para que formase la noche y el día: y como ocupa el
medio del universo, gira sobre el medio mismo». Dice que «siendo dos las causas
de las cosas, se ha de decir que unas proceden por deliberación de la mente;
otras por necesidad de la misma causa (241). Éstas son el aire, el fuego, la
tierra y el agua; los cuales no eran perfectamente elementos, pero eran capaces
de serlo. Que se componen de triángulos combinados (242), y en ellos se
resuelven. Que sus principios son el triángulo prolongado y el isósceles. Que el
principio y causa de las cosas son las dos referidas, cuyo ejemplar son Dios y
la materia; el cual es fuerza sea informe, como las demás cosas capaces de
forma. Que la causa de estas cosas es necesaria; pues produce las esencias según
las ideas concebidas, se mueve por potencia disímil, y se mueven contrariamente
las cosas por ella movidas. Que estas cosas al principio se movieron sin orden
ni concierto alguno; pero después que comenzaron a componer el mundo, por su
propia aptitud recibieron de Dios la conmensuración y orden».
42. «Que las causas antes de la creación del cielo eran dos:
luego se agregó la generación, que es la tercera; pero no eran manifiestas, sino
sólo como huellas y sin orden; bien que después de criado el mundo, recibieron
también ellas el orden debido. Que el cielo fue criado de todos los cuerpos
antes existentes». Es de sentir que «Dios es como incorpóreo, como también el
alma; por cuya causa son incapaces de corrupción y pasiones». Pone las ideas,
según dijimos, como ciertas causas y principios, «las cuales hacen que las cosas
existentes por su naturaleza sean tales cuales son realmente».
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(222) Έβδόμη.
(223) άπλοϋς es sencillo, o sea no doble. Lo mismo puede
significar φαϋλος, aunque ordinariamente es ignorante, malo, perverso, etc.
Véase la nota 98.
(224) Honesto, bello.
(225) A las palabras y figuras nuevas que usa.
(226) San Isidoro, Orig., lib. I, cap. XX, lo figura así:>:
(227) Su forma era ésta: -. San Isidoro lo figura así: '-;
y al obelo con dos puntos lo llama limnisqus.
(228) Es figurado así: .). San Isidoro no pone más que la de un punto
dentro. Llamábase έστιγμένον.
(229) El Ceraunio, o digamos Rayo, se figuraba de esta forma: V.
(230) Que era una estrella.
(231) Que se figuraba así: -.. San Isidoro pone muchos signos diferentes
de éstos.
(232) Parece que quiere significar los siete orbes celestes de los siete
planetas, puestos por intervalos armónicos, según la doctrina pitagórica.
Que a su imitación arreglaban también el alma por intervalos armónicos, lo
dice más abajo. - Platón, en su Timeo; Cicerón, en el libro De universo.
(233) No está dividido en seis, como el antecedente.
(234) χαί τόν μήν, εϊναι ταύτού τούς δέ, θατέραυ, esto es, que el círculo no dividido es de sí mismo: los demás son del
otro que no está dividido. Son estas locuciones muy oscuras y difíciles de
comprender, cuanto más de explicar. Podrá leerse el mismo Platón en su
Timeo, Plutarco en su Opúsculo de la procreación del alma, etc.
(235) De ocho lados o faces.
(236) De veinte faces.
(237) De seis faces.
(238) αισθητός, sujeto a nuestros sentidos.
(239) Las palabras de Platón en su Timeo son: λεϊον δέ δή χύχλψ πάν,
etc.; esto es, a este globo lo pulió y alisó sumamente en rededor, de modo que no tuviese ningunas
eminencias ni hoyos. Más adelante sigue diciendo: ούδ΄ αϋ πινδς έπιδεές
ην οργάνον σχεϊν, etc., a saber: ni tenía necesidad de
instrumento alguno por donde recibiese alimento. Lo mismo dice en su Timeo
Locrense, por estas palabras: λειότατον δέ όν ποτ΄ άχρί
βειαν,
etc. Estando, pues (el universo), sumamente liso y terso en su
exterior, no ha menester los órganos mortales que a los otros animales se
adoptan y acomodan para sus usos.
(240) Los gentiles hicieron a la tierra no sólo diosa, sino
madre de todos los dioses; y por consiguiente más antigua que ellos. Es de
notar que el texto de Timeo, o de Platón, no pone aquí dioses, sino
cuerpos, diciendo que la tierra es el más antiguo cuerpo de los
celestes, πρεσ βύστα δέ έντί τών
έντός ώρανώ σωμάτων; pero Laercio pone Οεών, dioses, y Cicerón, traduciendo el pasaje, dice
deorum. Aun el mismo Platón en su primer Timeo escribe cuerpos,
ςωμάωτν: bien que el intérprete latino traduce deorum.
(241) Aquí parece haber padecido alguna alteración el texto laerciano. Sigo
la corrección de Mer. Casaubono, que me parece la más fundada.
(242) συντιθένων, literalmente suena compuestos o agregados y unidos
entre si.
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