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VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                            PLATÓN - Libro Tercero

 

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PLATÓN (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8)

(poemas de Platón)

Poemas de Platón15. Fue Platón el primero que introdujo el escribir en diálogos, como dice Favorino en el libro VIII de su Varia historia, y el primero que enseñó a Leodamante Tasio a responder a las cuestiones por análisis, o sea, disolución. También es el primero que en la filosofía hace mención de antípodas, primer principio, dialéctica, poemas, de la longitud del número, de la superficie plana entre las extremidades, y de la providencia de Dios. Fue asimismo el primer filósofo que contradijo la disertación de Lisias, hijo de Céfalo, exponiéndola palabra por palabra en su Fedro. Y finalmente, el primero que examinó la fuerza de las voces gramaticales. Suele preguntarse por qué no hizo mención de Demócrito, habiendo contradicho a casi todos los que le precedieron. Cuenta Neantes Ciziceno que habiendo Platón concurrido a los juegos olímpicos, todos los griegos se volvieron hacia él; y que luego tuvo plática con Dión, que trataba de hacer guerra a Dionisio.

16. En el libro I de los Comentarios de Favorino se dice que Mitrídates Persa puso en la Academia la estatua de Platón con la inscripción siguiente: «Mitrídates Persa, hijo de Rodobato, dedicó a las musas esta imagen de Platón que hizo Silanión». Dice Heráclides que Platón, aún siendo joven, fue tan vergonzoso y modesto, que nunca rió sino moderadamente. Esto no obstante, fue motejado de los poetas cómicos, pues Teopompo en su Heduchare (208) dice así:

Uno no llega a uno,
según Platón afirma;
y aun dos a formar uno apenas llegan.

También Anaxandrides dice en su Teseo:

Cuando aceitunas, cual Platón, tragaba.

No menos Timón lo zahiere en paranomasias o trovas (209):

Portentos fabulosos,
como Platón urdía diestramente

Alexis, en su Meropida:

Tú vienes oportuna;
mas yo arriba y abajo voy violenta,
sin hallar, cual Platón, cosa ninguna
que pueda llamar sabia,
cansándose mis piernas vanamente.

Asimismo en su Ancilión dice:

Tú nos hablas de cosas ignoradas,
como Platón, corriendo.
Conocerás el nitro y las cebollas.

Amfis en su Anfirates:

-El bien, señor, que conseguir esperas
por ésta, me es tan poco conocido
como el bien de Platón. - Pues de él te guarda.

Y en su Dexidemida:

Oh Platón, nada sabes
más que andar con el rostro
cubierto de tristeza, y levantando
esa ceñuda frente,
tan arada de arrugas como concha.

Cratino, en su Falso supuesto:

Eres hombre por cierto, y tienes alma.
Y aunque apenas lo entiendo
según Platón lo dice, así lo juzgo.

Alexis, en su Olimpiodoro:

Feneció, y quedó seco
lo que en mi cuerpo fue mortal, caduco;
mas lo que fue inmortal voló a los aires.
¿No es esto la platónica doctrina?

Y en su Parásito:

O, cual Platón, parlar conmigo mismo.

17. Búrlase no menos de él Anaxilias en las piezas tituladas El Botrilión, La Circe y Las Ricas. Aristipo, en el libro IV de las Delicias antiguas, dice que amó mucho a un joven llamado Estrella que estudiaba con él la astronomía, y a Dión, del cual hicimos ya memoria. Algunos dicen que amó también a Fedro. Indicio de ello son los epigramas que escribió en alabanza de los mismos.

Cielo quisiera ser, Estrella mío,
cuando los astros miras,
por poderte mirar con muchos ojos.

Y el otro:

Antes entre los vivos alumbrabas,
oh Estrella, como estrella matutina;
pero ahora, ya muerto, resplandeces
lucero de la tarde entre los muertos.

A Dión hizo éste:

Los hados enemigos
verter hicieron lágrimas perennes
a Hécuba y a las vírgenes troyanas;
mas a ti, celebradas mil victorias,
ilustre Dión, los dioses inmortales
eternas alabanzas te prometen.
Te celebra tu patria;
y tus conciudadanos
atestiguan tus glorias con honores.
¿Qué amor es éste, pues, Dión amigo,
con que mi mente perturbada tienes?

Dícese que este epigrama se escribió sobre su sepulcro en Siracusa. Todavía dicen que amó a Alexis y a Fedro, como ya dijimos, a los cuales hizo estos versos:

Porque no hay cosa alguna que merezca,
fuera del bello Alexis, ser mirada:
¿Por qué, ¡oh alma mía!,
a los perros el hueso manifiestas,
y lo escondes al punto?
¿No es cierto ya que a Fedro hemos perdido?

Usó también de la meretriz Arqueanasa, a la cual compuso los versos siguientes:

Poseo a Arqueanasa Colofonia
sobre cuya rugosa y senil frente
acerbo amor se esconde.
¡Míseros de vosotros que gozasteis
su juventud primera!
¡Oh cuán activo ardor sufrir debisteis!

Estos hizo también a Agatón:

Cuando a Agatón besaba,
entre mis labios mi alma se miraba;
y allí desfallecida,
del cuerpo se mostraba despedida.

Y aquellos otros:

Te arrojo una manzana: si me quieres,
recíbela, Agatón, y comunica
conmigo tu gallarda gentileza (210).
Si esto no puede ser, tú, sin embargo,
recibe la manzana, y considera
cuán brevemente pierde su hermosura.

Yo con esta manzana
te hiero, mi Jantipa; a mí me hiere
cualquiera que te quiera. Corresponde
a mi querer, Jantipa; pues entrambos
nos vamos consumiendo poco a poco.

Dicen que también es suyo el epitafio siguiente a los eretrienses, cogidos por asechanzas:

Nosotros eretrienses,
de Eubea originarios, junto a Susa
hemos sido enterrados; ¡ah, cuán lejos,
cuán distantes yacemos de la patria!

Suyo es también el epigrama siguiente:

Venus dice a las musas:
Honrad, niñas, a Venus, o Cupido
armado volará contra vosotras.
Mas ellas le responden:
A Marte puede ir con esas chanzas,
Venus, pues a nosotras
ese rapaz alado nunca llega.

Y aun éste:

Habiendo un hombre hallado
una gran suma de oro,
el dogal arrojó con que intentaba
acortarse la vida.
Otro que perdió el oro, no lo hallando,
halló el dogal, y se lo puso al cuello.

 

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(208) El texto lee Αντοχάρει. Casaubono, Aldobrandini, Menagio y demás ilustradores de Laercio lo corrigen en ΉδνΧάρει, como escriben Ateneo, Harpocración y Suidas.
(209) παράγραμματίζων άντον. Como si dijéramos: lo paragramatiza.
(210) τής σής παρθενίης μετάδος. La expresión griega tirar una manzana, μήλψ  βαλλεϊν, es lo mismo que amar. Usó de ella Virgilio, Egl. 3, v. 64. Malo me Galatea petit, etc.

 

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