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VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                        PITÁGORAS - Libro Octavo

 

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PITÁGORAS (1) (2) (3) (4) (5)

(muerte de Pitágoras)

Muerte de Pitágoras25. Murió Pitágoras en esta forma. Estando sentado con sus amigos en casa de Milón, sucedió que uno de los que no había querido admitir consigo pegó fuego a la casa por envidia. Pero algunos dicen que lo ejecutaron los mismos crotoniatas, temerosos de que les pusiese gobierno tiránico. Que habiendo Pitágoras escapado del incendio, se entró en un campo de habas, y se paró allí diciendo: «Mejor es ser cogido que pisar estas habas», y «Mejor ser muerto que hablar». Con esto descubrió la garganta a los que lo seguían. Así, que fueron muertos muchos de sus discípulos, hasta en numero de 40, y huyeron otros pocos, de cuyo número fueron Arquitas Tarentino y Lisis, antes nombrado. Dicearco escribe que Pitágoras murió fugitivo en el templo de las Musas que hay en Metaponto, habiendo permanecido allí sin comer cuarenta días. Pero Heráclides en el Epítome de las vidas de Sátiro dice que Pitágoras, después de haber dado sepultura en Delos a Ferecides, se volvió a Italia; y como hallase un gran convite en casa de Milón Crotoniata, partió a Metaponto; y que no queriendo ya vivir más, murió allí privándose de la comida.

26. Hermipo dice que, estando en guerra agrigentinos y siracusanos, salió Pitágoras con sus discípulos y secuaces en favor de los agrigentinos; y que derrotados éstos, iba girando junto a un campo de habas, donde lo mataron los siracusanos. Los demás hasta 35 fueron quemados en Taranto, queriendo oponerse a los primeros ciudadanos en el gobierno de la república. Otra cosa dice también de Pitágoras Hermipo, y es: «Que pasado a Italia, se hizo una habitación subterránea y mandó a su madre notase por escrito cuanto sucedía, señalando también el tiempo; luego se entró en el subterráneo, dándole su madre escritas cuantas cosas acaecían fuera. Que pasado tiempo, salió Pitágoras flaco y macilento, y congregando gentes, dijo que volvía del infierno; y les iba contando las cosas acontecidas. Que los oyentes, conmovidos de lo que había dicho, prorrumpiendo en lágrimas y lamentos, y creyeron en Pitágoras algo de divino, de manera que le entregaron sus mujeres para que aprendiesen sus preceptos; de donde vino que fueron llamadas Pitagóricas». Hasta aquí Hermipo.

27. La mujer de Pitágoras se llamaba Téano, hija de Brotino Crotoniata; bien que algunos la hacen mujer de Brotino y discípula de Pitágoras. Tenía también una hija llamada Damo, como dice Lisis en la Epístola a Hiparco, hablando de Pitágoras en esta forma: «Dicen muchos que tú filosofas popularmente, lo cual lo tenía Pitágoras por cosa impropia e indigna; el cual, encargando a su hija Damo sus Comentarios, mandó que a nadie de fuera de casa los confiase; y ella, pudiendo venderlos por mucho dinero, no quiso, teniendo por más preciosa que el oro la pobreza junta con los preceptos de su padre, y esto siendo mujer.»

28. Tuvo también un hijo llamado Telauges, que sucedió a su padre y, según algunos, fue maestro de Empédocles. Hipoboto refiere que Empédocles dijo a Telauges: «Ilustre hijo de Téano y de Pitágoras». Ningún escrito dejó Telauges; pero quedan algunos de su madre Téano. Dicen que preguntada ésta cuándo está la mujer limpia de hombre, respondió: «Del propio, aun estando con él; del ajeno nunca.» A la mujer que había de dormir con su marido la amonestaba a que «con los vestidos dejase también el empacho, y en levantándose lo volviese a tomar junto con ellos». Preguntada entonces qué cosas eran éstas, respondió: «Aquellas por las cuales me llamo mujer.»

29. Pitágoras, finalmente, como escribe Heráclides, hijo de Serapión, murió octogenario, según la división de edades que él tenía hecha; pero según otros murió a los noventa años de edad. Hay unos epigramas míos a él, que son los siguientes:

No sólo tú, Pitágoras, dejaste
de comer de las cosas animadas,
si que todos también nos abstenemos.
¿Quién hay, di, que devore cosas vivas?
Cuando ya están asadas o cocidas,
y aun salpimentadas,
entonces, ya sin alma, las comemos.

Otro:

Era cierto, Pitágoras tal sabio,
que para sí las carnes no tocaba,
diciendo no era justo:
Pero admira las diese francamente
que las comiesen otros;
pues si él injusto no era,
que los otros lo fuesen permitía.

Otro:

Si conocer deseas el juicio
de Pitágoras, mira atentamente
del escudo de Euforio el claro centro.
Él decía: «Fui un tiempo
este mismo mortal que antes no era.»
Así, que eternamente
«Soy éste, éste no soy», iba diciendo.

Y otros sobre su muerte:

Pitágoras, ¡ay, ay!, ¿por qué obsequioso
respetaste las habas?
Él, en suma, murió con sus secuaces.
Había un campo de habas; se detuvo
fuera, por no pisarlas,
y los agrigentinos
en un trivio la vida le quitaron.

Floreció en la Olimpíada LX; y su escuela duró hasta 19 generaciones o sucesiones. Los últimos pitagóricos fueron Jenófilo Caldiciense de Tracia, Fanto Fliasio, Equécrates, Diocles y Polimnesto, también fliasios, a quienes alcanzó Aristóxenes, puesto que eran discípulos de Filolao y de Eurito, tarentinos.

 

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