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VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                        PITÁGORAS - Libro Octavo

 

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PITÁGORAS (1) (2) (3) (4) (5)

(vida de Pitágoras)

Vida de Pitágoras10. Formó por Italia muchos hombres honestos y buenos, singularmente Zalcuco y Carondas, legisladores. Era muy diestro para hacer amistades; y si sabía que alguno era partícipe de sus símbolos, luego se lo hacía compañero y amigo. Sus símbolos eran éstos: No herir el fuego con la espada. No pasar por encima de la balanza. No estar sentado sobre el quénice. No comer corazón. Ayudar a llevar la carga, y no imponerla. Tener siempre cogidas las cubiertas de la cama (574). No llevar la imagen de Dios en el anillo. Borrar el vestigio de la olla en la ceniza. No restregar la silla con aceite. No mear de cara al sol. No andar fuera del camino público. No echar mano sin reflexión. No tener golondrinas bajo su mismo techo. No criar aves de uñas corvas. No mear ni caminar sobre las cortaduras de uñas y cabellos. Apartar la espada aguda. No volver a la patria quien se ausente de ella.

11. Por no herir el fuego con la espada quería significar que no se ha de incitar la ira e indignación de los poderosos. No pasar por encima de la balanza, esto es, no traspasar la igualdad y justicia. No estar sentado sobre el quénice es tener igual cuidado de lo presente que de lo futuro; pues un quénice es el alimento para un día. Por el no comer corazón expresaba que no se ha de atormentar el ánimo con angustias y dolores. Por lo de no volver el que se ausenta exhortaba a que los que han de partir de esta vida no estén desordenadamente pegados a ella, ni entregados a sus deleites. Por este término se explica lo restante, por no detenernos más en ello.

12. Mandaba sobre todo el no comer rojillo ni melanuro (575), y abstenerse también del corazón y de las habas. Aristóteles dice que también prohibía el comer matriz y salmonete algunas veces. Hay quien diga que se contentaba con miel, con panal, o aun con pan sólo, y que no bebía vino entre día. Su ordinaria vianda eran hierbas cocidas y crudas; raras veces cosa de mar. Vestía una estola blanca y limpia, y las demás vestiduras de lana, también blancas, pues las telas de lino todavía no habían llegado a aquellas partes (576). Nunca fue visto en paseos, en cosas venéreas, ni en embriagueces (577). Absteníase de burlas y de toda chanza, como son dichos y motejos pesados. Hallándose airado jamás castigaba a ningún esclavo o liberto. Al enseñar con el ejemplo lo llamaba cigueñizar (578).

13. Usaba de las adivinaciones que se hacen por presagio y por agüero; pero muy poco de las que por el fuego, excepto el incienso. Sus sacrificios eran de cosas inanimadas, bien que algunos dicen que sólo sacrificaba gallos y cabritos de leche llamados recentales, pero nunca corderos. Aristójenes dice que permitió comer de todos los animales, menos del buey de labranza y del carnero; y el mismo asegura que recibió de Temistoclea los dogmas en Delfos, según indicamos arriba. Jerónimo escribe que habiendo descendido al infierno, vio el alma de Hesíodo atada a una columna de bronce, y rechinaba; y a la de Homero colgada de un árbol y cercada de culebras, por lo que había dicho de los dioses. Que eran también castigados los que no quisieron usar de sus propias mujeres (579): por estas cosas era muy venerado de los crotoniatas. Aristipo Cireneo dice en sus libros De fisiología que Pitágoras obtuvo este nombre porque siempre decía verdad, no menos que Pitio (580).

14. Dícese que siempre estaba exhortando a sus discípulos a que cada vez que volviesen a casa dijesen:

¿Adónde fui?, ¿dónde estuve?
¿Qué cosas practiqué que no debiera?

Que prohibía se ofreciesen víctimas sangrientas, y sólo permitía se adornasen las aras incruentas. No sufría se jurase por Dios, pues cada uno debe por sus obras hacerse digno de crédito. Que deben ser reverenciados los ancianos, teniendo por más venerable lo que es primero en tiempo; así como en el cielo es mejor el orto que el ocaso; en el tiempo, el principio es mejor que el fin, y en la vida es mejor la generación que la corrupción. Que en el honor se han de preferir los dioses a los semidioses, los héroes a los hombres, y a éstos los padres. Que las mutuas conversaciones han de ser tales, que no se nos hagan enemigos los amigos, sino amigos los enemigos. Que nada se ha de creer propio. Que se ha de favorecer la ley y perseguir la injusticia. Que no se han de arrancar ni destruir las plantas buenas, ni hacer daño a los animales que no son nocivos. Que se ha de usar pudor y circunspección o reverencia, no estando siempre o derramado en risa, o cubierto de tristeza. Que se ha de huir la demasiada gordura del cuerpo. Que se ha de viajar, ya con lentitud, ya con ahínco. Que se ha de ejercitar la memoria. Que estando airado no se ha de decir ni hacer cosa alguna. Que se ha de tener en estima toda divinación. Que se ha de usar del canto con lira. Que se han de cantar himnos a los dioses, y proclamar las debidas alabanzas a los hombres.

15. Prohibía comer habas por razón que constando éstas de mucho aire, participan también mucho de lo animado, aunque por otra parte hagan buen estómago, y hacen leves y sin perturbaciones las cosas soñadas. Alejandro en las Sucesiones de los filósofos dice haber hallado en los escritos pitagóricos también las cosas siguientes: Que el principio de todas las cosas es la unidad, y que de ésta procede la dualidad, que es indefinida y depende, como materia, de la unidad que la causa. Así, la numeración proviene de la unidad y de la dualidad indefinida. De los números provienen los puntos; de éstos las líneas; de las líneas las figuras planas; de las figuras planas las sólidas, y de éstas los cuerpos sólidos, de los cuales constan los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, que trascienden y giran por todas las cosas, y de ellos se engendra el mundo animado, intelectual, esférico, que abraza en medio a la tierra, también esférica y habitada en todo su rededor .

16. Que hay antípodas, nosotros debajo y ellos encima. Que en el mundo existen por mitad la luz y la sombra, el calor y el frío, el seco y el húmedo. De éstos, cuando reina el calor es verano; cuando el frío, invierno. Que cuando estas cosas se dividen por iguales partes, son muy buenas las estaciones del año, de las cuales la que florece es la saludable primavera, y la que fenece es el enfermizo otoño. En cuanto al día, florece la aurora y fallece la tarde, por cuya razón es también más insalubre. Que el aire que circuye la tierra quieto o no agitado es enfermizo, y cuantas cosas hay en él son mortales. Que el aire superior se mueve siempre, es puro y es sano, y cuantos en él moran son inmortales, y por tanto divinos.

17. Que el sol y la luna y demás astros son dioses, puesto que en ellos reina el calor, que es causa de la vida. Que la luna es iluminada por el sol. Que los hombres tienen cognación con los dioses, porque el hombre participa del calor, y así Dios ejerce en nosotros su providencia. Que el hado (581) es la causa de la administración de las cosas en común y en particular. Que los rayos del sol penetran por el éter frígido y por el denso, pues ellos al aire lo llaman éter frígido, y alma húmedo éter denso. Que estos rayos penetran aún hasta lo profundo, y con esto dan vida a todas las cosas. Que viven todas las cosas que participan de calor, y por tanto las plantas son animales, aunque no todas tienen alma. Que el alma es una partícula del éter, del cálido y del frígido, como partícipe que es del éter frígido. Que el alma y la vida son cosas diferentes, y que aquélla es inmortal, puesto que es inmortal aquello de que ella fue formada o separada. Que los animales se engendran de sí mismos por semilla; pero la generación hecha por la tierra es insubsistente (582).

18. Que la semilla es una gota o partícula del cerebro, que contiene en sí un vapor cálido. Que cuando ésta se infunde en la matriz caen del cerebro el ícor, el humor y la sangre, de los cuáles se forman la carne, los nervios, los huesos, los pelos y todo el cuerpo; y del vapor proceden el alma y los sentidos. Su primera formación y concreción se hace en cuarenta días, y luego perfeccionándose por razón armónica, nace el infante a los siete, a los nueve, o lo más a los diez meses. Que tiene en sí (583) todos los principios de vida, unidos y ordenados en razón armónica, sobreviniendo cada uno en determinados tiempos.

19. Que los sentidos en general, y en especial el de la vista, son un vapor muy cálido; por eso decimos que atraviesa el aire y agua (584), pues el cálido es rechazado por el frígido; porque si fuese frío el vapor de los ojos, se pasaría al aire semejante a sí. Ello es que Pitágoras en algunos lugares llama a los ojos puertas del sol. Lo mismo dogmatiza acerca de los oídos y demás sentidos.
 

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(574) Τά στρώματα άεί συνδεδεμένα έχειν. Stromata pueden también ser los vestidos.
(575) Ερυθίνον... μελάνουρον. Al primero literalmente corresponde rojillo; y al segundo, cola negra. El rojillo podría ser el salmonete, bien conocido de todos; pero no me persuado de ello, porque lo nombra más adelante por su propio nombre que es τρίγλη. De ambos trata Plinio, lib. XI, cap. XVI, y lib. XXXIII, cap. XI.
(576) Pero Yámblico en la vida de Pitágoras lo niega abiertamente.
(577) Διαχωρών. Las versiones ponen: nunca fue visto en glotonerías o excesos de comida. Pienso que esta voz es participio de διαχωρέω, que significa divagar de un lugar a otro. Para lo primero juzgo debería decir διαχορτάζων.
(578) Sabida es la instrucción que las cigüeñas dan con el ejemplo a sus cigoñinos.
(579) Si Pitágoras había visto aquellas almas en el infierno, ¿cómo pudo después enseñar la trasmigración de ellas de un cuerpo a otro, como se le atribuye? Ello es lo que algunos dijeron que la trasmigración pitagórica se hacía volviendo las almas de los campos Elíseos, cumplido al tiempo de su demora.
(580) Apolo.
(581) Είμαρμένης  puede ser también la providencia de Dios o los decretos divinos.
(582) Fueron algunos de opinión que la tierra produjo los hombres en el principio del mundo, y que aquéllos produjeron a los demás por generación. Pitágoras dice aquí que la tierra no pudo producir hombres, y tacha de insubsistente tal opinión.
(583) El esperma.
(584) Porque, según los pitagóricos, el aire y el agua son cálidos.

 

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