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 Selección de artículos de una de las más importantes y clásicas Enciclopedias en lengua española

Vidas y referencias biográficas de  pensadores  y personajes ilustres

 La mitología griega, historia de los héroes, semidioses y hombres célebres griegos.

Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres

DIÓGENES LAERCIO


Prólogo del traductor

LIBRO PRIMERO
(Los siete sabios de Grecia - Primeros filósofos griegos: Escuela Jónica)
Proemio
Tales 
Solón
Quilón
Pítaco
Biante
Cleobulo
Periandro
Anacarsis Escita
Misón
Epiménides
Ferécides

LIBRO SEGUNDO
(Escuela Jónica - Sócrates - Discípulos de Sócrates)
Anaximandro
Anaxímenes
Anaxágoras
Arquelao
Sócrates
Jenofonte
Esquines
Aristipo
Fedón
Euclides
Diodoro
Estilpón
Critón
Simón
Glauco
Simias
Cebete
Menedemo

LIBRO TERCERO
Platón

LIBRO CUARTO
(Filósofos platónicos - La Academia de Platón)
Espeusipo
Jenócrates (o Xenócrates)
Polemón
Crates
Crantor
Arcesilao
Bión
Lacides
Carnéades
Clitómaco

LIBRO QUINTO
(Aristóteles - Filósofos aristotélicos)
Aristóteles
Teofrasto
Estratón
Licón
Demetrio
Heráclides


LIBRO SEXTO
(Escuela cínica)
Antístenes
Diógenes
Mónimo
Onesicrito
Crates (cínico)
Metrocles
Hiparquia
Menipo
Menedemo (cínico)

LIBRO SÉPTIMO
(La Stoa: Estocismo)
Zenón de Citio
Cleantes
Esfero
Crisipo

LIBRO OCTAVO
(Escuela italiana - Pitágoras y los pitagóricos)

Pitágoras
Empédocles
Epicarmo
Arquitas
Alcmeón
Hipaso
Filolao
Eudoxo

LIBRO NOVENO
Heráclito
Jenófanes
Parménides
Meliso
Zenón de Elea
Leucipo
Demócrito
Protágoras
Diógenes Apoloniata
Anaxarco
Pirrón
Timón

LIBRO DÉCIMO
Epicuro
 

 

BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO - Catálogo


VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                        PITÁGORAS - Libro Octavo

BIOGRAFÍA DE PITÁGORAS

Biografía de Pitágoras1. Después de haber tratado de la filosofía jónica, dimanada de Tales, y de los varones que se hicieron célebres en ella, pasaremos ahora a tratar de la italiana, cuyo autor fue Pitágoras, hijo de Mnesarco, grabador de anillos, natural de Samos, como dice Hermipo, o bien fue tirreno, natural de una isla que poseyeron los atenienses echando de ella a los tirrenos, según escribe Aristóxeno. Algunos dicen fue hijo de Marmaco, éste de Hipaso, éste de Eutifrón y éste lo fue de Cleónimo, que es el que huyó de Fliunte. Que Marmaco habitó en Samos, de donde Pitágoras se llamó Samio. Que pasando éste de allí a Lesbos, fue recomendado a Ferecides por Zoilo, tío suyo; construyó tres cálices de plata y los llevó en regalo a tres sacerdotes egipcios. Tuvo dos hermanos, el mayor de los cuales se llamó Eunomo, el mediano se llamó Tirreno. Tuvo también un esclavo, llamado Zamolxis, a quien sacrifican los getas juzgándolo Saturno, como dice Herodoto.

2. Pitágoras, pues, según hemos dicho, oyó a Ferecides Siro. Después que éste murió se fue a Samos, y fue discípulo de Hermodamante (que ya era viejo), consanguíneo de Creófilo. Hallándose joven y deseoso de saber, dejó su patria y se inició en todos los misterios griegos y bárbaros. Estuvo, pues, en Egipto, en cuyo tiempo Polícrates lo recomendó por cartas a Amasis; aprendió aquella lengua, como dice Anfitrión en su libro De los que sobresalieron en la virtud, y aun estuvo con los caldeas y magos. Pasando después a Creta con Epiménides, entró en la cueva del monte Ida. No menos entró en los áditos (566) de Egipto y aprendió las cosas contenidas en sus arcanos acerca de aquellos dioses. Volvió después a Samos, y hallando la patria tiranizada por Polícrates, se fue a Crotona, en Italia, donde poniendo leyes a los italianos, fue celebérrimo en discípulos, los cuales, siendo hasta trescientos, administraban los negocios públicos tan noblemente, que la república era una verdadera aristocracia.

3. Heráclides Póntico refiere que Pitágoras decía de sí mismo que «en otro tiempo había sido Etálides y tenido por hijo de Mercurio; que el mismo Mercurio le tenía dicho pidiese lo que quisiese, excepto la inmortalidad, y que él le había pedido el que vivo y muerto retuviese en la memoria cuanto sucediese». Así que mientras vivió se acordó de todo, y después de muerto conservó la misma memoria. «Que tiempo después de muerto, pasó al cuerpo de Euforbo y fue herido por Menelao. Que siendo Euforbo, dijo había sido en otro tiempo Etálides y que había recibido de Mercurio en don la trasmigración del alma, como efectivamente transmigraba y circuía por todo género de plantas y animales; el saber lo que padecería su alma en el infierno y lo que las demás allí detenidas. Que después que murió Euforbo, se pasó de alma a Hermótimo, el cual, queriendo también dar fe de ello, pasó a Branquida, y entrando en el templo de Apolo, enseñó el escudo que Menelao había consagrado allí»; y decía que «cuando volvía de Troya consagró a Apolo su escudo, y que ya estaba podrido, quedándole sólo la cara de marfil. Que después que murió Hermótimo se pasó a Pirrón, pescador delio, y se acordó de nuevo de todas las cosas, a saber, cómo primero había sido Etálides, después Euforbo, luego Hermótimo y en seguida Pirrón». Y finalmente, que «después de muerto Pirro, vino a ser Pitágoras, y se acordaba de todo cuanto hemos mencionado».

4. Dicen algunos que Pitágoras nada escribió; pero se engañan, pues Heráclito el físico lo está poco menos que clamando cuando dice: «Pitágoras, hijo de Mnesarco, se ejercitó en la historia de las cosas más que todos los hombres, y escogiendo este género de escritos se granjeó su saber, su mucha pericia y aun las artes destruidoras de los hombres». Habló así, porque habiendo Pitágoras empezado a escribir de la naturaleza, dice así: «Por el aire que respiro, por el agua que bebo, que no sufriré que este argumento sea vituperado». Atribúyense, pues, a Pitágoras tres escritos, a saber: Instituciones, Política, Física; pero lo que corre como de Pitágoras es de Lisis Tarentino, pitagórico, el cual, huido a Tebas, fue maestro de Epaminondas. Heráclides, el hijo de Serapión, dice en el Compendio de Soción que Pitágoras escribió también del universo, en versos. Otro escrito suyo se titula Discurso sagrado, cuyo principio es:

Venerad obsequiosos,
jóvenes, estas cosas con silencio.

Tercer escrito, Del alma; cuarto, De la piedad; quinto, Helotal, padre de Epicarmo el de Coo; sexto, Crotón, y todavía otros. El Discurso místico dicen es de Hipaso, el cual lo escribió para desacreditar a Pitágoras. Y también que Astón de Crotona escribió muchos libros bajo el nombre de Pitágoras. Igualmente dice Aristóxeno que Pitágoras aprendió muchos dogmas morales de Temistoclea (567) en Delfos. Jon de Quío dice en sus Triagmas que Pitágoras escribió un poema y se lo atribuyó a Orfeo. También dicen son suyas las Catascopíadas (568), cuyo principio es: Con nadie seas imprudente.

5. Sosícrates en las Sucesiones dice que habiéndole preguntado León, tirano de los fliasios, quién era, dijo: «Filósofo». Y que comparaba la vida humana a un concurso festivo de todas gentes; pues así como unos vienen a él a luchar, otros a comprar y vender, y otros, que son los mejores, a ver; también en la vida unos nacen esclavos de la gloria, otros cazadores de los haberes, y otros filósofos, amantes de la virtud. Hasta aquí Sosícrates. En los tres libros de Pitágoras arriba nombrados se contienen universalmente estos documentos. No deja que nadie ore por sí mismo, puesto que no sabe lo que le conviene. Llama a la ebriedad pernicie del entendimiento. Reprueba la intemperancia diciendo que nadie debe excederse de la justa medida en bebidas y comidas. De las cosas venéreas habla en esta forma: «De la Venus se ha de usar en invierno, no en verano; en otoño y primavera más ligeramente; pero en todo tiempo es cosa gravosa y nada buena a la salud». Y aun preguntado una vez cuándo convenía usarla, dijo: «Cuando quieres debilitarte a ti mismo».

6. La vida del hombre la distribuye en esta forma: la puericia veinte años; la adolescencia veinte; la juventud veinte, y veinte la senectud. Estas edades son conmensuradas con las estaciones del año, a saber: la puericia con la primavera, la adolescencia con el estío, la juventud con el otoño y la senectud con el invierno. Por adolescencia entiende la juventud, y por juventud la virilidad. Fue el primero que dijo, como asegura Timeo, que «entre los amigos todas las cosas son comunes» (569); y que la amistad es una igualdad. Sus discípulos también depositaban sus bienes en común. Callaban por espacio de cinco años, oyendo sólo la doctrina; y nunca veían a Pitágoras hasta pasada esta aprobación. De allí en adelante ya iban a su casa, y participaban de su vista. Absteníanse de la madera de ciprés para ataúdes, porque de ella es el cetro de Júpiter. Hermipo escribe esto en el libro II De Pitágoras. Se refiere que fue sumamente hermoso, y los discípulos creían era Apolo que había venido de los Hiperbóreos. Dicen igualmente que desnudándose una vez, se vio que uno de sus muslos era de oro. Y también afirman muchos que pasando en una ocasión el río Neso le impuso este nombre. No menos Timeo, en el libro XI de sus Historias, escribe que Pitágoras a las que habitaban con los hombres las llamaba diosas, vírgenes, ninfas, y luego madres.

7. Antíclides en el libro II de Alejandro dice que Pitágoras adelantó mucho en la geometría, cuyos principios y rudimentos había hallado antes Meris. Que se ejercitó principalmente en una especie de ella que es la aritmética. Y que inventó la escala musical por una cuerda sola. Ni se olvidó de la medicina. Apolodoro el Computista refiere que sacrificó una hecatombe habiendo hallado que en un triángulo rectángulo la potestad de la línea hipotenusa es igual a la potestad de las dos que lo componen. De esto hay el epigrama siguiente:

Pitágoras, hallada
aquella nobilísima figura,
bueyes mató por ello en sacrificio (570).

8. Dicen fue el primero que ejercitó a los atletas nutridos con carnes, empezando por Eurimenes, como dice Favorino en el III de sus Comentarios; pues hasta entonces acostumbraban nutrirse con higos secos, queso reciente y trigo, según el mismo Favorino en su Varia Historia. Pero otros dicen que un cierto Pitágoras ungidor de atletas fue quien solía nutrirlos así, no el nuestro; pues éste estuvo tan lejos de permitir se comiesen animales, como que prohibió el matarlos, juzgando tienen el alma común a la nuestra. Esto es muy verosímil. Lo cierto es que mandó abstenerse de las cosas animadas, ejercitando y acostumbrando a los hombres a la simplicidad de manjares, a fin de que tuviesen en todos tiempos la comida aderezada y a punto, comiendo sólo cosas que no necesitaban lumbre y bebiendo agua; porque de ello dimanan la salud corporal y la agudeza del ingenio. Efectivamente Pitágoras sólo prestó adoración al ara de Apolo-padre, que está en Delos detrás del área córnea, por causa de que en ella sólo se ofrece trigo, cebada y hojuelas, sin fuego alguno; pero no víctimas. Así lo dice Aristóteles en su República de los delios.

9. Afirman fue el primero que dijo que «el alma, haciendo un necesario giro, pasa de unos animales a otros» (571). Fue también el primero que introdujo en Grecia las medidas y pesos, como dice Aristójenes el músico. El primero que llamó Véspero y Fósforo al mismo astro, según asegura Parménides. Fue tan admirado de cuantos lo conocían, que a sus sentencias las llamaban palabras de Dios (572). Aun él mismo escribe diciendo que «después de 207 años había vuelto del infierno a los hombres». Permanecían con él y a él concurrían por su doctrina los lucanos, picentes, mesapios y romanos. Pero hasta Filolao no fue conocido el dogma pitagórico. Éste fue quien publicó aquellos tan celebrados tres libros que Platón escribió se le comprasen por cien minas. No eran menos de 600 los discípulos que de noche concurrían a oírlo; y los que conseguían poderlo ver, lo escribían a sus familiares, como que habían obtenido una cosa grande. Los metapontinos llaman a su casa Templo de Ceres, y Museo al paraje en que estaba, como dice Favorino en sus Varias Historias (573). Con todo eso, otros pitagóricos decían que «no deben manifestarse todas las cosas a todos», como refiere Aristójenes en el libro X De las leyes eruditivas o instructivas. Así, preguntado Jenófilo Pitagórico cómo se instruiría bien un hijo, respondió: «Siendo ciudadano de una ciudad que tenga buenas leyes».

10. Formó por Italia muchos hombres honestos y buenos, singularmente Zalcuco y Carondas, legisladores. Era muy diestro para hacer amistades; y si sabía que alguno era partícipe de sus símbolos, luego se lo hacía compañero y amigo. Sus símbolos eran éstos: No herir el fuego con la espada. No pasar por encima de la balanza. No estar sentado sobre el quénice. No comer corazón. Ayudar a llevar la carga, y no imponerla. Tener siempre cogidas las cubiertas de la cama (574). No llevar la imagen de Dios en el anillo. Borrar el vestigio de la olla en la ceniza. No restregar la silla con aceite. No mear de cara al sol. No andar fuera del camino público. No echar mano sin reflexión. No tener golondrinas bajo su mismo techo. No criar aves de uñas corvas. No mear ni caminar sobre las cortaduras de uñas y cabellos. Apartar la espada aguda. No volver a la patria quien se ausente de ella.

11. Por no herir el fuego con la espada quería significar que no se ha de incitar la ira e indignación de los poderosos. No pasar por encima de la balanza, esto es, no traspasar la igualdad y justicia. No estar sentado sobre el quénice es tener igual cuidado de lo presente que de lo futuro; pues un quénice es el alimento para un día. Por el no comer corazón expresaba que no se ha de atormentar el ánimo con angustias y dolores. Por lo de no volver el que se ausenta exhortaba a que los que han de partir de esta vida no estén desordenadamente pegados a ella, ni entregados a sus deleites. Por este término se explica lo restante, por no detenernos más en ello.

12. Mandaba sobre todo el no comer rojillo ni melanuro (575), y abstenerse también del corazón y de las habas. Aristóteles dice que también prohibía el comer matriz y salmonete algunas veces. Hay quien diga que se contentaba con miel, con panal, o aun con pan sólo, y que no bebía vino entre día. Su ordinaria vianda eran hierbas cocidas y crudas; raras veces cosa de mar. Vestía una estola blanca y limpia, y las demás vestiduras de lana, también blancas, pues las telas de lino todavía no habían llegado a aquellas partes (576). Nunca fue visto en paseos, en cosas venéreas, ni en embriagueces (577). Absteníase de burlas y de toda chanza, como son dichos y motejos pesados. Hallándose airado jamás castigaba a ningún esclavo o liberto. Al enseñar con el ejemplo lo llamaba cigueñizar (578).

13. Usaba de las adivinaciones que se hacen por presagio y por agüero; pero muy poco de las que por el fuego, excepto el incienso. Sus sacrificios eran de cosas inanimadas, bien que algunos dicen que sólo sacrificaba gallos y cabritos de leche llamados recentales, pero nunca corderos. Aristójenes dice que permitió comer de todos los animales, menos del buey de labranza y del carnero; y el mismo asegura que recibió de Temistoclea los dogmas en Delfos, según indicamos arriba. Jerónimo escribe que habiendo descendido al infierno, vio el alma de Hesíodo atada a una columna de bronce, y rechinaba; y a la de Homero colgada de un árbol y cercada de culebras, por lo que había dicho de los dioses. Que eran también castigados los que no quisieron usar de sus propias mujeres (579): por estas cosas era muy venerado de los crotoniatas. Aristipo Cireneo dice en sus libros De fisiología que Pitágoras obtuvo este nombre porque siempre decía verdad, no menos que Pitio (580).

14. Dícese que siempre estaba exhortando a sus discípulos a que cada vez que volviesen a casa dijesen:

¿Adónde fui?, ¿dónde estuve?
¿Qué cosas practiqué que no debiera?

Que prohibía se ofreciesen víctimas sangrientas, y sólo permitía se adornasen las aras incruentas. No sufría se jurase por Dios, pues cada uno debe por sus obras hacerse digno de crédito. Que deben ser reverenciados los ancianos, teniendo por más venerable lo que es primero en tiempo; así como en el cielo es mejor el orto que el ocaso; en el tiempo, el principio es mejor que el fin, y en la vida es mejor la generación que la corrupción. Que en el honor se han de preferir los dioses a los semidioses, los héroes a los hombres, y a éstos los padres. Que las mutuas conversaciones han de ser tales, que no se nos hagan enemigos los amigos, sino amigos los enemigos. Que nada se ha de creer propio. Que se ha de favorecer la ley y perseguir la injusticia. Que no se han de arrancar ni destruir las plantas buenas, ni hacer daño a los animales que no son nocivos. Que se ha de usar pudor y circunspección o reverencia, no estando siempre o derramado en risa, o cubierto de tristeza. Que se ha de huir la demasiada gordura del cuerpo. Que se ha de viajar, ya con lentitud, ya con ahínco. Que se ha de ejercitar la memoria. Que estando airado no se ha de decir ni hacer cosa alguna. Que se ha de tener en estima toda divinación. Que se ha de usar del canto con lira. Que se han de cantar himnos a los dioses, y proclamar las debidas alabanzas a los hombres.

15. Prohibía comer habas por razón que constando éstas de mucho aire, participan también mucho de lo animado, aunque por otra parte hagan buen estómago, y hacen leves y sin perturbaciones las cosas soñadas. Alejandro en las Sucesiones de los filósofos dice haber hallado en los escritos pitagóricos también las cosas siguientes: Que el principio de todas las cosas es la unidad, y que de ésta procede la dualidad, que es indefinida y depende, como materia, de la unidad que la causa. Así, la numeración proviene de la unidad y de la dualidad indefinida. De los números provienen los puntos; de éstos las líneas; de las líneas las figuras planas; de las figuras planas las sólidas, y de éstas los cuerpos sólidos, de los cuales constan los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, que trascienden y giran por todas las cosas, y de ellos se engendra el mundo animado, intelectual, esférico, que abraza en medio a la tierra, también esférica y habitada en todo su rededor .

16. Que hay antípodas, nosotros debajo y ellos encima. Que en el mundo existen por mitad la luz y la sombra, el calor y el frío, el seco y el húmedo. De éstos, cuando reina el calor es verano; cuando el frío, invierno. Que cuando estas cosas se dividen por iguales partes, son muy buenas las estaciones del año, de las cuales la que florece es la saludable primavera, y la que fenece es el enfermizo otoño. En cuanto al día, florece la aurora y fallece la tarde, por cuya razón es también más insalubre. Que el aire que circuye la tierra quieto o no agitado es enfermizo, y cuantas cosas hay en él son mortales. Que el aire superior se mueve siempre, es puro y es sano, y cuantos en él moran son inmortales, y por tanto divinos.

17. Que el sol y la luna y demás astros son dioses, puesto que en ellos reina el calor, que es causa de la vida. Que la luna es iluminada por el sol. Que los hombres tienen cognación con los dioses, porque el hombre participa del calor, y así Dios ejerce en nosotros su providencia. Que el hado (581) es la causa de la administración de las cosas en común y en particular. Que los rayos del sol penetran por el éter frígido y por el denso, pues ellos al aire lo llaman éter frígido, y alma húmedo éter denso. Que estos rayos penetran aún hasta lo profundo, y con esto dan vida a todas las cosas. Que viven todas las cosas que participan de calor, y por tanto las plantas son animales, aunque no todas tienen alma. Que el alma es una partícula del éter, del cálido y del frígido, como partícipe que es del éter frígido. Que el alma y la vida son cosas diferentes, y que aquélla es inmortal, puesto que es inmortal aquello de que ella fue formada o separada. Que los animales se engendran de sí mismos por semilla; pero la generación hecha por la tierra es insubsistente (582).

18. Que la semilla es una gota o partícula del cerebro, que contiene en sí un vapor cálido. Que cuando ésta se infunde en la matriz caen del cerebro el ícor, el humor y la sangre, de los cuáles se forman la carne, los nervios, los huesos, los pelos y todo el cuerpo; y del vapor proceden el alma y los sentidos. Su primera formación y concreción se hace en cuarenta días, y luego perfeccionándose por razón armónica, nace el infante a los siete, a los nueve, o lo más a los diez meses. Que tiene en sí (583) todos los principios de vida, unidos y ordenados en razón armónica, sobreviniendo cada uno en determinados tiempos.

19. Que los sentidos en general, y en especial el de la vista, son un vapor muy cálido; por eso decimos que atraviesa el aire y agua (584), pues el cálido es rechazado por el frígido; porque si fuese frío el vapor de los ojos, se pasaría al aire semejante a sí. Ello es que Pitágoras en algunos lugares llama a los ojos puertas del sol. Lo mismo dogmatiza acerca de los oídos y demás sentidos.

20. En tres partes divide el alma humana, a saber: en mente, en sabiduría, y en ira (585). La mente  y la ira se hallan también en los otros animales, pero la sabiduría (586) sólo en el hombre. Dice que el principio del alma está desde el corazón hasta el cerebro (587) y que la parte de ella sita en el corazón es la ira. Que la sabiduría y la mente están en el cerebro, y de ellas, dice, manan los sentidos como derivaciones (588). Que la parte capaz de sabiduría es inmortal; las demás mortales. Que el alma se nutre de la sangre, y las palabras son vientos del alma. Que ésta es invisible como las palabras, porque también el éter es invisible. Que los vínculos del alma son las venas, las arterias y los nervios; pero luego que se fortifica y queda por sí sola, sus vínculos son la razón y las operaciones. Que el alma echada a la tierra va divagando en el aire, semejante al cuerpo (589). Que Mercurio es el administrador de las almas, y por esto se llama Conductor (590), Portero y Terrestre, a causa de que saca las almas de los cuerpos, de la tierra y del mar; las puras las conduce a lo alto; pero a las impuras ni aun se acerca él, ni ellas entre sí, sino que las atan las Furias con vínculos firmísimos e indisolubles. Que todo el aire está lleno de almas, creídas semidioses (591) y héroes, las cuales causan los sueños a los hombres y las señales de enfermedad y salud. Ni sólo a los hombres, sino también a las ovejas y demás ganado. Que a éstas se dirigen las lustraciones y sacrificios expiativos, todas las adivinaciones, los vaticinios y cosas semejantes.

21. Dice que lo mayor que tiene el hombre es que el alma induce al bien o al mal; que es feliz el hombre a quien le toca un alma buena, y que ésta nunca está quieta, ni tiene siempre un curso mismo. Que lo justo tiene fuerza de juramento (592), y por lo mismo Júpiter se llama Juramento. Que la virtud es armonía, lo es la salud, lo es toda cosa buena, lo es también Dios, y aun todas las cosas existen por la armonía. Que la amistad es una igualdad armónica. Que los honores deben darse a los dioses y héroes; mas no honores iguales, pues a los dioses se han de dar siempre con loores, con vestiduras blancas y con pureza; pero a los héroes, desde el mediodía en adelante. Que esta pureza se adquiere por medio de expiaciones, lavatorios y aspersiones; evitando los funerales, la cama y toda cosa sucia, y absteniéndose de comer carnes mortecinas, salmonetes, melanuros, huevos y animales nacidos de huevos, habas y demás cosas que prohíben los que dirigen ritos y sacrificios en los templos.

22. Aristóteles dice en el libro De las habas que Pitágoras mandó abstenerse de las habas «o porque semejan a las partes pudendas o a las puertas infernales, (pues carecen de nudos) (593), o porque corrompen, o porque se parecen a la naturaleza del universo (594), o porque sirven en el gobierno oligárquico eligiendo por medio de ellas». Dice Pitágoras que no se recojan las cosas caídas (595), a fin de acostumbrarse a no comer sin templanza y parsimonia. Aristófanes dice que las cosas que caen son para lo héroes, escribiendo así en sus Héroes:

No comáis lo que cae de la mesa.

Que debemos abstenernos de gallo blanco, por estar consagrado a Júpiter (y el color blanco es propio de los buenos) y a la luna, y además señala las horas. Que no se coman los peces sacros, pues no conviene dar una comida misma a los dioses y a los hombres, como ni a los libres y a los esclavos. Que la cosa blanca es de la naturaleza de lo bueno; la negra de la naturaleza de lo malo.

23. Que no se debe romper el pan, pues antiguamente concurrían en uno los amigos a comerlo, como ahora los bárbaros (596), y no se ha de dividir aquello que une y congrega los amigos. Algunos lo entienden del juicio del infierno (597); otros de que en la guerra causa miedo (598), y otros de que por éste comienza todo. Que de las figuras sólidas la esfera es la más hermosa; de las planas el círculo. Que la senectud y lo que está sujeto a disminución son semejantes; y lo mismo es lo que recibe incremento y de la juventud. Que la sanidad es la perseverancia de la belleza y aspecto; la enfermedad la corrupción o pérdida de ellos. De la sal decía que conviene ponerla en las cosas, porque hace acordar de la justicia, pues conserva cuanto ocupa y penetra, y se hace de cosas purísimas, a saber, agua y mar.

24. Hasta aquí lo que Alejandro dice haber hallado en los Comentarios pitagóricos, y unido a ello lo que dice Aristóteles. En cuanto a la gravedad y modestia de Pitágoras, ni aun Timón, que en sus Sátiras procura morderlo, la omitió, pues habla de esta forma:

Pitágoras la magia abandonando,
al dogma se transfiere,
y deleita a los hombres
con sus discursos sólidos y graves.

Que Pitágoras fue diversas personas en diversos tiempos lo testifica Jenófanes en la elegía que empieza:

Mudo de asunto y el camino enseño, etc.

Lo que de él dice es:

Hallándose presente
cierta vez que a un perrito castigaban,
se refiere que dijo:
«Cesa de apalearlo, que es el alma
de un amigo; en el eco lo conozco.»

Esto dice Jenófanes. También lo burla Cratino en su Pitagorizusa; en sus Tarentinos habla así:

Cuando algún idiota viene a ellos,
para experimentarlo,
acostumbran turbarlo y confundirlo
a fuerza de argumentos, objeciones,
falacias, traslaciones, paridades,
y extraordinarias cosas,
con sutileza grande y maestría.

Mnesíaco en su Alcmeón:

Como los pitagóricos a Apolo,
así sacrificamos,
sin comer cosa alguna que alma tenga.

Aristófanes en su Pitagorista:

-Y decía, que habiendo descendido
al congreso de aquella
mansión de los que habitan allá abajo,
gentes de todas clases visto había.
Pero muy diferentes
de los otros difuntos
que son los pitagóricos, contaba;
pues comen con Platón por religiosos.
-Ese dios debe ser afable y llano,
pues gusta del comercio
con huéspedes tan llenos de basura.

Y en el mismo drama:

... Y solamente comen
hierbas, y beben agua encima de ellas.
Mas los piojos, del palio la sordicie,
y la asquerosidad de sus personas,
no la podrá sufrir joven alguno.
 

25. Murió Pitágoras en esta forma. Estando sentado con sus amigos en casa de Milón, sucedió que uno de los que no había querido admitir consigo pegó fuego a la casa por envidia. Pero algunos dicen que lo ejecutaron los mismos crotoniatas, temerosos de que les pusiese gobierno tiránico. Que habiendo Pitágoras escapado del incendio, se entró en un campo de habas, y se paró allí diciendo: «Mejor es ser cogido que pisar estas habas», y «Mejor ser muerto que hablar». Con esto descubrió la garganta a los que lo seguían. Así, que fueron muertos muchos de sus discípulos, hasta en numero de 40, y huyeron otros pocos, de cuyo número fueron Arquitas Tarentino y Lisis, antes nombrado. Dicearco escribe que Pitágoras murió fugitivo en el templo de las Musas que hay en Metaponto, habiendo permanecido allí sin comer cuarenta días. Pero Heráclides en el Epítome de las vidas de Sátiro dice que Pitágoras, después de haber dado sepultura en Delos a Ferecides, se volvió a Italia; y como hallase un gran convite en casa de Milón Crotoniata, partió a Metaponto; y que no queriendo ya vivir más, murió allí privándose de la comida.

26. Hermipo dice que, estando en guerra agrigentinos y siracusanos, salió Pitágoras con sus discípulos y secuaces en favor de los agrigentinos; y que derrotados éstos, iba girando junto a un campo de habas, donde lo mataron los siracusanos. Los demás hasta 35 fueron quemados en Taranto, queriendo oponerse a los primeros ciudadanos en el gobierno de la república. Otra cosa dice también de Pitágoras Hermipo, y es: «Que pasado a Italia, se hizo una habitación subterránea y mandó a su madre notase por escrito cuanto sucedía, señalando también el tiempo; luego se entró en el subterráneo, dándole su madre escritas cuantas cosas acaecían fuera. Que pasado tiempo, salió Pitágoras flaco y macilento, y congregando gentes, dijo que volvía del infierno; y les iba contando las cosas acontecidas. Que los oyentes, conmovidos de lo que había dicho, prorrumpiendo en lágrimas y lamentos, y creyeron en Pitágoras algo de divino, de manera que le entregaron sus mujeres para que aprendiesen sus preceptos; de donde vino que fueron llamadas Pitagóricas». Hasta aquí Hermipo.

27. La mujer de Pitágoras se llamaba Téano, hija de Brotino Crotoniata; bien que algunos la hacen mujer de Brotino y discípula de Pitágoras. Tenía también una hija llamada Damo, como dice Lisis en la Epístola a Hiparco, hablando de Pitágoras en esta forma: «Dicen muchos que tú filosofas popularmente, lo cual lo tenía Pitágoras por cosa impropia e indigna; el cual, encargando a su hija Damo sus Comentarios, mandó que a nadie de fuera de casa los confiase; y ella, pudiendo venderlos por mucho dinero, no quiso, teniendo por más preciosa que el oro la pobreza junta con los preceptos de su padre, y esto siendo mujer.»

28. Tuvo también un hijo llamado Telauges, que sucedió a su padre y, según algunos, fue maestro de Empédocles. Hipoboto refiere que Empédocles dijo a Telauges: «Ilustre hijo de Téano y de Pitágoras». Ningún escrito dejó Telauges; pero quedan algunos de su madre Téano. Dicen que preguntada ésta cuándo está la mujer limpia de hombre, respondió: «Del propio, aun estando con él; del ajeno nunca.» A la mujer que había de dormir con su marido la amonestaba a que «con los vestidos dejase también el empacho, y en levantándose lo volviese a tomar junto con ellos». Preguntada entonces qué cosas eran éstas, respondió: «Aquellas por las cuales me llamo mujer.»

29. Pitágoras, finalmente, como escribe Heráclides, hijo de Serapión, murió octogenario, según la división de edades que él tenía hecha; pero según otros murió a los noventa años de edad. Hay unos epigramas míos a él, que son los siguientes:

No sólo tú, Pitágoras, dejaste
de comer de las cosas animadas,
si que todos también nos abstenemos.
¿Quién hay, di, que devore cosas vivas?
Cuando ya están asadas o cocidas,
y aun salpimentadas,
entonces, ya sin alma, las comemos.

Otro:

Era cierto, Pitágoras tal sabio,
que para sí las carnes no tocaba,
diciendo no era justo:
Pero admira las diese francamente
que las comiesen otros;
pues si él injusto no era,
que los otros lo fuesen permitía.

Otro:

Si conocer deseas el juicio
de Pitágoras, mira atentamente
del escudo de Euforio el claro centro.
Él decía: «Fui un tiempo
este mismo mortal que antes no era.»
Así, que eternamente
«Soy éste, éste no soy», iba diciendo.

Y otros sobre su muerte:

Pitágoras, ¡ay, ay!, ¿por qué obsequioso
respetaste las habas?
Él, en suma, murió con sus secuaces.
Había un campo de habas; se detuvo
fuera, por no pisarlas,
y los agrigentinos
en un trivio la vida le quitaron.

Floreció en la Olimpíada LX; y su escuela duró hasta 19 generaciones o sucesiones. Los últimos pitagóricos fueron Jenófilo Caldiciense de Tracia, Fanto Fliasio, Equécrates, Diocles y Polimnesto, también fliasios, a quienes alcanzó Aristóxenes, puesto que eran discípulos de Filolao y de Eurito, tarentinos.

30. Hubo cuatro Pitágoras contemporáneos, no muy desemejantes entre sí. Uno fue crotoniata, hombre tiránico. Otro fliasio, ejercitador de atletas o bien ungidor de éstos, como quieren algunos. El tercero zacintio, cuyos son los Arcanos filosóficos, y que fue maestro de ellos; del cual vino el proverbio: Él lo dijo. Hay quien dice hubo Pitágoras Regino, escultor, el cual parece fue el primero que halló la euritmía (599) y simetría conjeturando y discurriendo. Otro, también escultor, samio; otro, orador malo; y otro, médico, que escribió De los tumores y compuso algo acerca de Hornero; y otro, finalmente, que escribió en dialecto dórico, como refiere Dionisio. Eratóstenes dice (según escribe Favorino en su Historia varia, libro VIII) (600) que éste (601) fue el primero que en la Olimpíada XLVIII fue un púgil muy diestro, llevando todavía cabellera y clámide purpúrea; pues habiendo sido arrojado así de la escuela de los muchachos por escarnio y burla, se fue luego a buscar a los hombres luchadores y los venció. Hay a éste un epigrama muy sencillo que compuso Teeteto, y es:

Si a Pitágoras Samio, oh peregrino,
conociste de oídas,
púgil noble, y criado, yo soy ese
Pitágoras que digo. Si mis hechos
a alguno preguntares,
dirás te cuenta cosas increíbles.

31. Favorino dice que, habiendo Pitágoras usado de las definiciones tomadas de las materias matemáticas, usó mucho más esto mismo Sócrates y los de su secta, y después de éstos Aristóteles y los estoicos. Que fue el primero que llamó mundo al cielo y redonda (602) a la tierra. Pero Teofrasto lo atribuye a Parménides, y Zenón a Hesíodo. Dice que un tal Cidón le contradijo, como Antídoco a Sócrates.

32. Del Pitágoras atleta corría también el epigrama siguiente:

Este púgil imberbe
que a las luchas olímpicas se vino
de los juegos pueriles, es el samio
Pitágoras, e hijo de Crateo.

De nuestro filósofo hay esta carta:

PITÁGORAS A ANAXÍMENES

«Si tú, oh varón grande, no excedieras a Pitágoras en nacimiento y gloria, sin duda hubieras ya dejado a Mileto para venirte a mí; pero te lo prohíbe el esplendor de tu casa. Aun a mí me contuviera si me pareciera a Anaxímenes. Vosotros que soléis abandonar las ciudades por causa de sueños, si lo hacéis así perderán el ornamento y les será más inminente el daño por parte de los medos. No es bien estar siempre discurriendo de los astros; importa más tomarse cuidado de la patria. Aun yo no siempre estoy en mis lucubraciones: también ando entre las guerras que mutuamente se hacen los italianos.»

33. Y por cuanto hemos tratado de Pitágoras, hablemos ahora ya de los más célebres pitagóricos. Después de éstos se tratará de aquellos de quienes algunos escriben en común, o sea esparcidamente; y por último añadiremos después la serie y sucesión de los más dignos y memorables hasta Epicuro, como dijimos arriba. De Téano y Telauges ya tratamos; hablemos ahora primero de Empédocles primeramente, puesto que según algunos fue discípulo de Pitágoras.

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(566) Véase la nota 344.
(567) Acaso era sacerdotisa de Apolo. El texto tiene παρά Θεμιστοχλείας τής άδενγφής, De Temistoclea, su hermana; pero es más probable la lección τής έν Δελφόις, en sentir de Aldobrandini, Menagio y otros. A la que fue sacerdotisa en Delfos suelen llamarla aristoclea.
(568) Observaciones o especulaciones.
(569) Que Eurípides repitió en su Orestes, verso 735.
(570) Vitrubio, lib. IX, cap. II. Algunos lo atribuyen a Tales Milesio. Véase la nota 16 a la vida de Tales.
(571) Pero Herodoto en su Euterpe dice que ésta era ya opinión más antigua entre los egipcios, adaptada después por algunos griegos.
(572) Παντοίας θεοϋ φωνάς. Mer. Casaubono tiene por error aquí la voz παντοίας. La interpretación que da de la mente de Laercio es: Era tan admirado, que sus principales dichos y sentencias eran tenidos por oráculos y palabras divinas.
(573) En otros lugares cita Laercio esta misma obra en singular.
(574) Τά στρώματα άεί συνδεδεμένα έχειν. Stromata pueden también ser los vestidos.
(575) Ερυθίνον... μελάνουρον. Al primero literalmente corresponde rojillo; y al segundo, cola negra. El rojillo podría ser el salmonete, bien conocido de todos; pero no me persuado de ello, porque lo nombra más adelante por su propio nombre que es τρίγλη. De ambos trata Plinio, lib. XI, cap. XVI, y lib. XXXIII, cap. XI.
(576) Pero Yámblico en la vida de Pitágoras lo niega abiertamente.
(577) Διαχωρών. Las versiones ponen: nunca fue visto en glotonerías o excesos de comida. Pienso que esta voz es participio de διαχωρέω, que significa divagar de un lugar a otro. Para lo primero juzgo debería decir διαχορτάζων.
(578) Sabida es la instrucción que las cigüeñas dan con el ejemplo a sus cigoñinos.
(579) Si Pitágoras había visto aquellas almas en el infierno, ¿cómo pudo después enseñar la trasmigración de ellas de un cuerpo a otro, como se le atribuye? Ello es lo que algunos dijeron que la trasmigración pitagórica se hacía volviendo las almas de los campos Elíseos, cumplido al tiempo de su demora.
(580) Apolo.
(581) Είμαρμένης  puede ser también la providencia de Dios o los decretos divinos.
(582) Fueron algunos de opinión que la tierra produjo los hombres en el principio del mundo, y que aquéllos produjeron a los demás por generación. Pitágoras dice aquí que la tierra no pudo producir hombres, y tacha de insubsistente tal opinión.
(583) El esperma.
(584) Porque, según los pitagóricos, el aire y el agua son cálidos.
(585) θυυόν. Thumos es la ira incipiente.
(586) Porque los pitagóricos por νοϋς entienden el conocimiento ordinario e instinto.
(587) Φρένας, el entendimiento y la racionalidad.
(588) σταγόνας, como gotas.
(589) No explica si cuando es criada o cuando separada del cuerpo; parece muy probable lo segundo, por lo que luego dice Mercurio.
(590) Πομπέα, Pomparum ductorem, seu coactorem. Mercurio era entre los gentiles quien llevaba las almas a la barca de Aqueronte.
(591) Δαίμονάς.
(592) όρχιόν τε εϊναι τόν δίχαιν΄ χαί διά τοϋτο Δία δρχιο λεγεσθαι. Pudiera traducirse: foedus pactumce justum esse, ideoque Jovem Foedus appellari.
(593) αγόνατον. El tallo de las habas no tiene nudos, aunque Teofrasto dice que sí. Las hace por esto semejantes a las puertas infernales, pues del infierno no hay regreso, por más que las rodillas, γονατα, hagan su oficio, esto es, por más que se interpongan ruegos.- Mer. Casaubono.
(594) En la fecundidad, como dice Luciano.
(595) Suidas añade de la mesa, que Laercio omite aquí, aunque luego la pone en el verso de Aristófanes. También la pone Ateneo, libro X.
(596) Lilio Giraldo, en la Exposición de los símbolos de Pitágoras, pretende que las palabras pues antiguamente concurrían en uno los amigos a comerlo, como ahora los bárbaros, son de Laercio, y que por bárbaros entendió los cristianos, los cuales se congregaban ad frangendum et manducandum celesten et sanctissimum panem, como leemos en los Actos de los Apóstoles, cap. II, y en San Pablo, I ad Corint. Aldobrandini y Menagio no se conforman con Giraldo, por razón que ningún escritor, por más enemigo que haya sido de los cristianos, los ha llamado nunca bárbaros, como que eran por la mayor parte griegos y romanos.
(597) ¿Será porque la fracción del pan simboliza un juicio injusto?
(598) Acaso porque indica escasez de pan.
(599) ρυθμοϋ: parece que por ritmo quiso entender euritmia, que yo interpreto gracia en las estatuas.
(600) La edición de Estéfano pone sólo έν τή παντοδαπή ιστορία en su Historia varia; pero en la versión latina añade libro octavo, como la común.
(601) Τοϋτον, hune, etc. Menagio trae algunas razones para sospechar que aquí puede entenderse nuestro filósofo, puesto que durante algún tiempo anduvo con el pelo largo y fue también atleta; pero es más probable fue otro Pitágoras también samio.
(602) στρογγύλην puede también significar cilíndrica.

 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                        PITÁGORAS - Libro Octavo

 

 

 

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