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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres PIRRÓN - Libro Noveno
PIRRÓN (1)
(2)
(3)
(4)
(filosofía de Pirrón)
27. Dicen además los dogmáticos que los pirrónicos niegan también la vida con
quitar todas las cosas de que la vida consta. Pero éstos les responden que
mienten en ello; «pues nosotros, dicen, no quitamos, v.gr., la vista,
sino que afirmamos se ignora cómo se hace la visión. Lo que aparece, lo
establecemos; mas no que tal sea indubitablemente. Sentimos que el fuego quema,
pero nos abstenemos de resolver si lo hace por naturaleza ustiva que tenga. Que
las cosas se mueven y perecen, lo vemos; cómo se hagan estas cosas, no lo
sabemos. Nosotros, dicen, sólo nos oponemos a las cosas inciertas que van
entretejidas con las manifiestas; y cuando decimos que una pintura tiene
relieve, exponemos lo que aparece, y cuando decimos que no lo tiene, ya no
hablamos de lo que aparece, sino de otra cosa». Así, Timón dice en su Pitón
(698) que Pirrón no se apartó de la costumbre. Y en sus Imágenes habla así:
Pero lo que aparece
siempre Pirro siguió con toda fuerza.
Y en el libro De los sentidos dice: «Que esto sea dulce,
no lo resuelvo; pero confieso que lo parece.»
28. Enesidemo dice también en el libro primero De los raciocinios de Pirrón
que éste nada define dogmáticamente por causa de la contrariedad de razones;
pero sigue las apariencias. Lo mismo dice en el libro De la sabiduría, y aun en
el De la cuestión. Zeuxis, igualmente familiar de Enesidemo, en el libro De
las dobles razones, Antíoco de Laodicea, y Apellas en su Agripa sólo establecen
las cosas como aparecen, o lo que aparece. Según los escépticos, pues, solamente
lo que aparece es el criterio, como lo dice Enesidemo. Lo mismo afirma Epicuro; y
Demócrito dice que ninguna cosa es lo que aparece, y que alguna de ellas ni aun
existe.
29. Contra este criterio de las apariencias dicen los dogmáticos que cuando de
ellas nos vienen diversas fantasías, v.gr., de una torre cilíndrica o
cuadrada, si el escéptico no prefiere ninguna de ellas, no hace nada; pero
cuando siga una, ya no da, dicen, igual valor a las apariencias. Respóndenles
los escépticos que cuando inciden fantasías diversas, dicen que ambas aparecen;
y que por eso establecen las cosas aparentes, porque aparecen.
30. Los escépticos dicen que el fin es la indeliberación, a quien la
tranquilidad sigue como sombra, según dicen Timón y Enesidemo; «pues no elegimos
estas cosas o evitamos aquellas que están en nosotros o que no están en
nosotros, sino que vienen por necesidad, no podemos evitadas; v.gr., el
hambre, la sed, el dolor; pues la razón no puede quitar estas cosas». Diciendo
los dogmáticos que cómo puede vivir el escéptico cuando no rehúsa si le mandan
matar a su padre, responden los escépticos: «¿Y cómo puede vivir el dogmático
sin inquirir ni aun las cosas de la vida común y observables? Así que nosotros, dicen, elegimos las cosas y las evitamos según la costumbre, y usamos de las
leyes.» Algunos afirman que los escépticos ponen por fin la tranquilidad de
ánimo, y otros que la mansedumbre.
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(698) εν τψ Πύθωνι.
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