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VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                               PIRRÓN - Libro Noveno

 

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PIRRÓN (1) (2) (3) (4)

(Pirrón y el escepticismo)

20. Niegan también estos filósofos toda demostración, criterio, signo, causa, movimiento, disciplina (697), generación y que haya cosa alguna buena y mala por naturaleza. Toda demostración, dicen, o consta de cosas demostradas o no demostradas: si de cosas demostradas, aun éstas necesitarán de alguna demostración, y así en infinito; si constan de cosas indemostradas, y todas, algunas, o una sola discuerda, ya todo carece de demostración. Si pareciere a algunos, dicen, que hay cosas que no necesitan demostración, son éstos admirables en su sentencia, no viendo que el que de estas cosas reciban otras la creencia es lo primero que necesita probarse; pues no hemos de probar que los elementos son cuatro, porque son cuatro los elementos. Además, si son inciertas las demostraciones particulares, también lo será la demostración general. Para saber, pues, que hay demostración es menester criterio, y para saber que hay criterio es menester demostración. Así, que remitiéndose o refiriéndose mutuamente una a otra, ambas son incomprensibles. Pues ¿de qué modo se comprenderán las cosas inciertas ignorando la demostración? No se inquiere si aparecen tales, sino si son tales esencialmente.

21. Tratan de necios a los dogmáticos; pues lo que se concluye de una hipótesis no tiene razón de investigación, sino de posición. Por esta regla también sería dado el disputar de imposibles. Acerca de lo que opinan que no se debe juzgar la verdad por las circunstancias, ni establecer leyes por las cosas conformes o según la naturaleza, dicen que determinan medidas para todo, no haciéndose cargo de que todo lo que aparece aparece según la antiperístasis y disposición. Así, o se ha de decir que todas las cosas son verdaderas, o todas falsas; porque si hay algunas verdaderas, ¿cómo las discerniremos? No por el sentido discerniremos las que le son conformes, pues a éste todas le parecen iguales; ni tampoco por la mente, por la misma causa. Excluso, pues, todo esto, no se ve ya vía alguna para juzgar. Aquel, dicen, que resuelve de una cosa, sea sensible o intelectual, debe lo primero establecer las opiniones que hay acerca de ella, pues unos quitaron unas cosas y otros otras. Es preciso juzgar por los sentidos o por el entendimiento; y de ambas es la ambigüedad y controversia. Así, que no es posible juzgar las opiniones de las cosas sensibles e intelectuales; y por la contención que hay en las inteligencias es menester negarlo todo y quitar la medida con que parece se juzgan todas las cosas, y se tendrán todas por iguales.

22. Además, dicen, o lo que aparece es o no probable al que disputa con nosotros; si le es probable, nada podrá decir contra él aquél que siente lo contrario; porque si es fidedigno quien afirma que la cosa es evidente, lo es también el que lo contradice; y si no es fidedigno, tampoco se dará crédito a quien dice es evidente. Lo que sólo persuade no se ha de tener por cierto, pues de una misma cosa ni se persuaden todos, ni siempre. La persuasión se hace por cosos extrínsecas; v.gr., la celeridad de quien persuade, o por su solicitud y diligencia, o por su gracia en el decir, o por la costumbre, o finalmente porque agrada. Quitaban el criterio con esta argumentación: «O el criterio está ya juzgado, o no: si no está juzgado, ningún crédito se le debe, y peca tanto en verdadero como en falso; si está juzgado, será una de las cosas juzgadas por partes o en parte. Y así, una misma cosa será la que juzga y la juzgada: el juez del criterio será juzgado por el otro; éste, por otro, y así en infinito. Además, que hay discrepancia acerca del criterio, diciendo unos que es el hombre, otros que los sentidos, otros que la razón y otros que la fantasía o imaginación comprensiva o perceptiva. Pero el hombre discuerda, ya de sí mismo, ya de los otros hombres, como consta de la diversidad de leyes y costumbres: los sentidos engañan; la razón discuerda; la fantasía perceptiva es juzgada por el entendimiento, y finalmente, el entendimiento es vario y mudable. Así que es incógnito el criterio, y por lo mismo lo es la verdad.»

23. Niegan también todo signo; porque si hay signo, dicen, o es sensible o intelectual; no es sensible porque lo sensible es común y el signo es propio. Más: lo sensible se considera según la diferencia, y el signo según la relación a otra cosa. Tampoco es intelectual, pues lo intelectual lo es, o patente de patente, u oculto de oculto, u oculto de patente, o patente de oculto. Nada de esto es: luego no hay signo. No es patente de patente, porque lo patente no necesita de signo. No es oculto de oculto, porque lo que se manifiesta, por alguno se ha de manifestar. Signo oculto de cosa patente no es posible, pues lo que da a otro facultad de manifestarse debe estar manifiesto. Y signo patente de cosa oculta tampoco lo hay, porque el signo, siendo relativo a otra cosa, debe comprenderse junto con la cosa misma de quien es signo. Nada hay de todo esto: luego ninguna cosa no evidente puede ser comprendida y, por consiguiente, se engañan los que dicen que las cosas ocultas pueden comprenderse por medio de los signos.

24. La causa la quitan así: la causa es cosa relativa a algo; v.gr., a la causa misma; la relación a otro es cosa sólo intelectual, no real o existente: luego la causa solamente se entiende o comprende. Porque si es causa, debe tener aquello de quien se llama causa; de otra forma, no lo será. Y así como el padre, no habiendo nadie de quien padre se diga, no es padre; lo mismo es de la causa. No aparece de quién la causa se entienda o a quien se refiera (ni por generación, ni por corrupción, ni por otro modo): luego no es causa. Más: si es causa, o ésta es cuerpo de causa de otro cuerpo, o incorpóreo causa de incorpóreo; nada de esto es: luego no hay tal causa. En efecto, el cuerpo no es causa del cuerpo, porque así ambos tendrían una misma naturaleza; y si uno de ellos se llama causa en cuanto tal cuerpo, siéndolo también el otro se hará igualmente causa: siendo causa ambos en común, ninguno será paciente. Por la misma razón tampoco lo incorpóreo es causa de lo incorpóreo. Ni lo incorpóreo es causa de cuerpo alguno, pues ningún incorpóreo produce cuerpo. Ni menos el cuerpo es causa de lo incorpóreo, porque lo que se hace debe hacerse de la materia paciente, y ningún incorpóreo es paciente, ni menos es hecho por otro: luego no es causa. De lo cual se colige que no son subsistentes los principios de cosas, pues siempre debe ser algo quien hace y opera.

25. Tampoco hay movimiento, pues lo que se mueve, o se mueve en donde está o en donde no está: en donde está no se mueve, ni menos se mueve en donde no está: luego no hay movimiento. Quitan igualmente las disciplinas diciendo: si se enseña algo, o lo que es se enseña porque es, o lo que no es porque no es: no se enseña lo que es porque es, pues la naturaleza de todas las cosas que son a todos está patente y todos la conocen; ni menos lo que no es porque no es, pues a quien no es nada le sobreviene, ni aun el ser enseñado. Dicen asimismo que no hay generación, pues no se engendra lo que es, puesto que ya es; ni lo que no es, puesto que no existe, y lo que no existe, ni es ni le aconteció el ser hecho. Que nada hay bueno o malo por naturaleza, porque si hubiese algo bueno o malo por naturaleza, debería ser bueno o malo para todos, como, por ejemplo, la nieve, fría para todos; ninguna cosa es buena o mala comúnmente para todos: luego no hay cosa buena o mala por naturaleza. Porque o se ha de llamar bueno todo lo que alguno juzga bueno, o no todo; es así que no todo se ha de llamar tal, pues una misma cosa es por alguno juzgada buena, v.gr., el deleite, que Epicuro lo tiene por bueno, y Antístenes por malo; luego sucedería que una misma cosa sería buena y mala. Si no todo lo que uno juzga bueno lo llamamos tal, será fuerza discernamos las opiniones; esto no es admisible, por causa de la igualdad de fuerza en las razones: luego se ignora qué cosa es buena por naturaleza.

26. Todo el modo u orden de las elecciones se puede ver en los escritos que han quedado, porque aunque Pirrón mismo no dejó obra alguna, sus discípulos Timón, Enesidemo, Numenio, Nausifanes y otros las dejaron. Contradicen a esto los dogmáticos diciendo que los tales comprenden o resuelven y tienen dogmas, pues sólo con que disputan consta que comprenden, y solamente con que afirman establecen dogmas. En efecto, cuando dicen que nada definen, y que para toda razón hay otra opuesta, ya definen esto mismo por lo menos, y lo establecen por dogma. Responden a éstos diciendo: «Acerca de las cosas que como hombres padecemos lo confesamos, pues que hay día, que vivimos, y muchas otras cosas a todos manifiestas, lo sabemos; pero acerca de las cosas que los dogmáticos establecen por raciocinio, diciendo que las comprenden, suspendemos el asenso como inciertas, y sólo admitimos las pasiones. Confesamos también que vemos, y conocemos que entendemos; pero cómo vemos o cómo entendemos, lo ignoramos. Que esto, v.gr., aparezca blanco, lo decimos narrativamente, mas no estableciendo que realmente lo sea. Acerca de la frase: Nada defino, y semejantes, decimos que por ellas no establecemos dogmas, no siendo lo mismo que decir: el mundo es esférico; pues esto es incierto, y aquéllas son admitidas y confesadas. Con decir, pues, no definir nada, tampoco definimos esto mismo.»
 

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(697) μάθησιν.

 

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