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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres PIRRÓN - Libro Noveno
PIRRÓN (1)
(2)
(3)
(4)
(opiniones de Pirrón)
10. Los escépticos, pues, procuran aniquilar todos los dogmas de las demás
sectas, y no definir ellos dogmáticamente cosa alguna. Sin embargo de que proferían y publicaban
los dogmas de los otros, nada definían, ni aun esto mismo; como que quitaban todo cuanto fuese
definir; v.gr.: Nada definimos (pues en tal caso definieran algo). Decían, pues:
Pronunciamos las opiniones o pareceres en las cosas, indicando la irresolución o la
ninguna propensión en ellas, como si concediendo esto admitiese ya
la explicación. Por las palabras, pues, nada definimos se expresa la pasión del ánimo,
llamada άρρεψία (arrepsía)(683). Y lo mismo por las expresiones: No esto mas que
aquello, A toda razón se opone otra, y demás semejantes. Dícese el No esto más que aquello
también positivamente, como de algunos semejantes; v.gr.: No es más pernicioso
el pirata que el mentiroso. Pero los escépticos no lo dicen positivamente,
sino negativa o destructivamente y como quien reprueba, diciendo: No existió más
Escila que la Quimera. El mismo más se pronuncia algunas veces comparativamente, como
cuando decimos: Más dulce es la miel que las pasas. Positiva, y aun negativamente,
como cuando decimos: La virtud aprovecha más que daña, pues significamos
que la virtud aprovecha y no daña. Pero los escépticos quitan hasta la misma
expresión No esto más que aquello, pues como no hay más providencia
que deja de haberla, así también el No esto más que aquello no más
es que deja de ser. Significa, pues, esta frase (como dice Timón en su Pitón)
(684) no (685) el definir nada, sino el quedar ambiguo.
11. Asimismo la frase A toda razón, etc., induce
también indeliberación, porque si en las cosas discrepantes tienen igual fuerza las
razones, se sigue la ignorancia de la verdad. Aun a esta razón hay otra opuesta,
la cual, después de destruir otras, se pervierte y destruye ella misma, al modo
de los purgantes, que arrojando primero la materia, son también ellos arrojados
y destruidos. A esto dicen los dogmáticos que no es esto quitar la razón, sino
confundirla. Usaban, pues, de las razones sólo como de ministros, pues no era
dable que una razón no destruyese a otra, al modo que cuando decimos no hay
lugar, es forzoso decir lugar; pero no dogmática, sino
demostrativamente. Y lo mismo cuando decimos nada se hace por necesidad o necesariamente, es
fuerza poner la voz necesidad. Este es el modo que usaban en las interpretaciones:
Que las cosas no son tales cuales aparecen, sino que sólo parecen. Decían que
inquirían, no las cosas que entendían (pues lo que se entiende ya consta), sino las
que percibían los sentidos. Así, que la razón pirrónica es una significación de las
cosas que aparecen o que de uno u otro modo se perciben, según la cual todas las cosas
se comparan con todas las cosas mismas, y ya comparadas, hallamos que tienen muchísima
inutilidad y confusión. Así se explica Enesidemo en su Bosquejo, o Aparato al pirronismo.
12. En cuanto a las antítesis o contrariedades que hay en las especulaciones,
preindicando los modos de persuadir las cosas, quitan por ellos mismos la creencia
en ellas; pues persuaden las cosas que según los sentidos son cónsonas entre sí,
y las que nunca o raras veces degeneran o disienten; las acostumbradas, las dispuestas
por las leyes, las que deleitan y las que admiran. Demostraban, pues, que en las
cosas contrarias por persuasiones de la razón, estas persuasiones son iguales.
Las ambigüedades que enseñaban en las concordancias de las cosas aparentes o concebidas
por el entendimiento son de diez modos, según los cuales parecen diferentes los
sujetos. El primero de estos modos es el de la diferencia de los animales para el
deleite, el dolor, el daño, el provecho. Colígese de aquí que estos mismos no nos
producen unas mismas fantasías o imaginaciones, y que la indeliberación es secuela de
esta pugna o combate; pues de los animales, unos son engendrados sin unión de sexos,
como los que viven en el fuego, el fénix árabe y los gusanillos de la putrefacción.
Otros, por dicha unión, como los hombres, etc.; de manera que unos son
concretados o compuestos de un modo, otros de otro. Por lo cual difieren aun en los sentidos;
v.gr., el gavilán, agudísimo de vista, y el perro, de olfato. Así, es
conforme a razón que las cosas diferentes a la vista nos produzcan también
fantasías diferentes; pues los tallos y renuevos del olivo son pábulo a la
cabra, y para el hombre son amargos; la cicuta alimenta a la codorniz, y al
hombre lo mata; el cerdo come excremento humano, y el caballo no lo come.
13. El segundo modo es el de la naturaleza de los hombres, según la variedad
de cosas y temperamentos. Demofón, repostero de Alejandro, tenía calor a la
sombra, y al sol frío. Andrón Argivo (como dice Aristóteles) viajaba sin beber
en los áridos países de Egipto. Más: uno es aficionado a la medicina, otro a la
agricultura, otro a la mercancía, y aun estas mismas cosas a unos dañan y a
otros aprovechan. Así, se debe contener el asenso. El tercer modo es el de la
diversidad de poros en los sentidos; v.gr., una manzana a la vista es
amarilla, al gusto es dulce y al olfato grata por su fragancia. Aun una misma
figura se mira diversa según la variedad de espejos. De lo cual se sigue que no
es más lo que aparece que otra cosa diversa de lo que aparece.
14. El cuarto modo se acerca de las disposiciones o afectos, y en común acerca
de las mudanzas; v.gr., la sanidad, la enfermedad, el sueño, la vigilia o
el despertarse, el gozo, el dolor, la tristeza, la juventud, la vejez, la
audacia, el miedo, la indigencia, la abundancia, ,el odio, la amistad, el
calor, el frío; ora se respire, ora se supriman los poros. Así, que aparecen
diversas las cosas que se nos presentan a causa de ciertas particulares
disposiciones. En efecto, los furiosos no están fuera de la naturaleza; pues
¿qué cosa tienen ellos más que nosotros? El sol lo vemos como si estuviese
parado. Teón Titoreo, estoico, solía caminar durmiendo, y también un esclavo de
Pericles andaba por lo más alto del tejado.
15. El quinto modo es acerca de la educación, leyes, creencia de fábulas,
convenciones artificiales y opiniones dogmáticas. En este modo se contienen
las cosas controvertidas acerca de lo honesto y torpe, de lo verdadero y falso,
de lo bueno y malo, de los dioses, y de la generación y corrupción
de todo lo visible. Una misma cosa entre unos es justa, entre otros injusta;
para unos buena, para otros mala; pues los persas no tienen por absurdo o
incongruo casarse con sus hijas; pero es cosa inicua entre los griegos.
Entre los masagetas, como dice Eudoxo en el primer libro de su Período (686),
las mujeres son comunes; entre los griegos no. En orden a los dioses, también cada
cual tiene los suyos: uno dice que tienen providencia, otro que no. Los egipcios
entierran sus muertos embalsamándolos (687), los romanos quemándolos, y de los peonios
echándolos a las lagunas. Así, que respecto a la verdad se debe suspender la resolución.
16. El sexto modo es acerca de las mezclas y confusiones de unas cosas con
otras; según el cual nada se ve absolutamente simple y sincero, sino mezclado
con el aire, luz, líquido, sólido, cálido, frígido, movimiento, evaporaciones y
otras potestades. La púrpura muestra diverso color a la luz del sol, a la de la
luna y a la artificial. Asimismo, nuestro color de un estado aparece al
Mediodía, y de otro al Ocaso. Una piedra que en el aire requiere dos hombres
para ser transportada, se transporta en el agua fácilmente; ya sea esto por que
siendo grave el agua la aligera, ya que siendo ligera, el aire la agrava. Así,
que ignoramos cuál sea cada cosa de por sí, como el aceite mezclado con
ungüento.
17. El séptimo modo es acerca de las sustancias (688) de algunas posiciones,
lugares y cosas que hay en ellos. Por este modo las cosas que creemos grandes
aparecen pequeñas, las cuadradas cilíndricas (689), las llanas con
eminencias (690), las rectas quebradas (691,) y de otro color las amarillas. El
sol, pues, por su mucha distancia aparece de magnitud moderada (692). Los montes
apartados se dejan ver caliginosos y sin aspereza; de cerca son ásperos. Más:
el sol cuando sale aparece de una manera; al medio del cielo ya no aparece de la
misma. Un mismo cuerpo puesto en un bosque parece una cosa, en campo abierto
parece otra (693). Las imágenes colocadas en cierta posición también parecen
otra cosa (694), y con el movimiento aparece vario el cuello de la paloma. Así,
por cuanto estas cosas no pueden considerarse fuera de su lugar y estado, se
ignora su naturaleza.
18. El octavo modo es acerca de las cantidades de las
cosas, calores, frialdades, velocidades, lentitudes, amarilleces y otra
variedad de colores. Así, el vino tomado con modo concilia fuerzas; con
exceso las quita. Lo mismo es de la comida y otras cosas. El modo noveno es
acerca de lo peregrino y raro que continuamente ocurre. Los terremotos,
donde los hay con frecuencia, no causan susto; ni el sol nos admira, porque
cada día lo vemos. (Este modo noveno Favorino lo hace octavo, y Sexto y Enesidemo
lo hacen décimo, poniendo Enesidemo el décimo en lugar del octavo, y Favorino
en lugar del noveno). El modo décimo, pues, versa sobre la mutua comparación
de las cosas entre sí; a saber, lo leve con lo grave, lo fuerte con lo flaco,
lo mayor con lo menor, lo superior con lo inferior. Así, el lado derecho no es
derecho por naturaleza, sino que se toma por tal comparado con el izquierdo;
quítese éste, no habrá lado derecho. Asimismo, las voces padre, hermano
hacen relación a otro; día la hace, v.gr., al sol; y todas las cosas
la hacen a la mente. Por tanto, se ignora lo que es relativo a algo, igualmente
que lo que es de por sí.
19. Hasta aquí los diez modos; pero Agripa añadió otros cinco,
a saber: el que procede de la discordancia, el de la progresión o proceso
en infinito, el relativo a otro (695), el nacido de suposición y el que
es por reciprocidad. El de discordancia es aquel por el cual se
demuestra llena de perturbación y discordia cualquiera cuestión propuesta entre los filósofos, o
bien las que ellos suelen tener. El modo procedente en infinito es el que no
permite se afirme el cuesito, por razón de que una cosa recibe la fe de otra; y así
infinitamente. El modo relativo a otra cosa (696) dice que nada se recibe por sí,
sino con otro; y así todo vienen a ser incógnito. El modo que consta de suposiciones
es cuando algunos establecen que deben admitirse en sí mismos ciertos principios de las
cosas como fieles y seguros, y no inquirir más. Lo cual es una necedad, pues cualquiera
opondrá lo contrario. Y el modo llamado por reciprocidad es cuando aquello que ha
de dar firmeza a la cosa cuestionada, ello mismo tiene necesidad de que la tal cosa
cuestionada lo corrobore y acredite; v.gr., si uno afirma que hay poros porque
hay sudor, toma esto mismo para probarlo, esto es, que hay sudor.
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(683) Irresolución, indecisión.
(684) Véase la nota 673.
(685) Añade aquí la partícula no, porque sin ella no creo pueda salvarse el concepto del pirronismo.
(686) Circuito de la tierra.
(687) ΤαριΧεύρντες.
(688) Παρά τός ύποσ τάσεις.
(689) Véase la nota 138 acerca de la falacia de los sentidos.
(690) Como las de las pinturas y escenas ópticas que dice Vitrubio, lib. VI, cap. II. Quemadmodum etiam in scenis pictis
videntur columnarum projecturoe mutulorum ecphoroe, signorum figurae prominentes, cum sit tabula sine dubio ad regulam plana.
(691) Vitrubio allí mismo: Similiter in navibus remi, cum sint sub aqua directi, tamen oculis infracti videntur.
(692) El texto tiene ό γοϋν ήλιος παρά τό διάστημα πόρρωθεν φα νεται, cuya
rigurosa traducción sería: Sol igitur, ob distantiam distans apparei. Es una tautología insufrible aun en el hombre más rudo, pues ¿qué cosa probaría
para el intento de los pirrónicos y falacia de los sentidos el decir que el sol aparece distante porque lo está? Probaría
todo lo contrario a sus opiniones. Así, yo no dudo que la voz πόρρωθεν es
ilegítima; pero dudo mucho por cuál debe sustituirse. Por lo cual, mientras
tanto que algún sabio más ilustrado que yo lo ejecuta, podríamos leer ποσσότεν,
quantulum, modice magnum, etc. Siguiendo esta corrección traduzco el
texto.
(693) Vltrubio, lib. IV, cap. IV, aplica a las columnas una regla semejante.
(694) Parece habla de los escorzos en la pintura y escultura.
(695) χαί τόν πρός τι.
(696) Es el de la nota antecedente.
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