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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres PIRRÓN - Libro Noveno
BIOGRAFÍA DE PIRRÓN (1)
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(3)
(4)
1. Pirrón Eliense fue hijo de Plistarco; lo que también escribe Diocles, como
dice Apolodoro en sus Crónicas. Primero fue pintor, y luego se hizo discípulo
de Drusón (669), hijo de Estilpón, según Alejandro en las Sucesiones. Después lo
fue de Anaxarco, y siempre tan unido a él que anduvo en su compañía a los
gimnosofistas de la India, y aun a los magos. Parece, pues, que Pirrón filosofó
nobilísimamente, introduciendo cierta especie de incomprensibilidad e
irresolución en las cosas, como dice Arcanio Abderita. Decía que «no hay cosa
alguna honesta ni torpe, justa o injusta». Asimismo decidía acerca de todo lo
demás; v.gr., que «nada hay realmente cierto, sino que los hombres hacen
todas las cosas por ley o por costumbre; y que no hay más ni menos en una cosa que en otra».
Su vida era consiguiente a esto, no rehusando nada, ni nada abrazando; v.gr., si
ocurrían carros, precipicios, perros y cosas semejantes; no fiando cosa alguna
a los sentidos; pero de todo esto lo libraban sus amigos que le seguían,
como dice Antígono Caristio. No obstante, dice Enesidemo que
Pirrón filosofó según su sistema de irresolución e incertidumbre, pero que no
hizo todas las cosas inconsideradamente. Vivió hasta noventa años.
2. Antígono Caristio en la Vida de Pirrón dice de él: «Que al principio
fue desconocido, pobre y pintor, y que en el gimnasio de Élide se conservan de
él los Lamparistas (670), pintura de un mérito mediano. Que unas veces iba
divagando, y otras se estaba solo, dejándose ver apenas ni aun de sus
domésticos. Que hacía esto por haber oído a un indio que acusaba a
Anaxarco de que a nadie enseñaba a ser bueno, siendo así que andaba
siempre en los palacios reales. Que siempre estaba de un mismo semblante,
de manera que si uno se lo dejaba en mitad de alguna razón, él, no obstante,
la concluía; y esto aun durante su juventud, en que era más vivo. Muchas
veces, prosigue, emprendía viajes sin decirlo a nadie, acompañándose de
quien quería. Que habiendo una vez Anaxarco caído en un cenagal, pasó
adelante Pirrón sin socorrerlo. Culpáronlo muchos de ello; pero el mismo
Anaxarco lo alabó como a un hombre indiferente y sin afectos».
3. Hallado en cierta ocasión hablando consigo mismo, y
preguntándole la causa, dijo: «Estoy meditando el ser bueno». Nadie se
fastidiaba de él en las cuestiones o preguntas, por más que se alargase
en digresiones acerca de lo preguntado (671), por lo cual se le unió
Nausifanes, siendo todavía joven; y decía que «convenía seguir a Pirrón
en las disposiciones, pero a él en las palabras»; añadiendo que, admirado
Epicuro de la conversación de Pirrón, le preguntaba de él a menudo. Teníalo
su patria en tanto, que lo hizo sumo sacerdote, y por su respeto dio decreto
de inmunidad a los filósofos. Tuvo muchos imitadores en aquella su negligencia
de las cosas. Así, Timón en su Pitón (672) y en sus Sátiras habla
de él en esta forma:
¿Cómo, dime, pudiste, anciano Pirro,
librarte del obsequio y servidumbre
de tantas opiniones de sofistas,
llenas de vanidad y falsa ciencia?
¿Cómo cortar el lazo
de toda persuasión y engaño todo?
No fue, no, tu cuidado
las auras indagar que Grecia espira;
ni menos cómo o dónde
en otra se convierta cada cosa.
Y en sus Imágenes:
¡Saber, oh Pirro, mi ánimo quisiera
cómo, siendo aún mortal, de esa manera
con tal tranquilidad vivir supiste,
que sólo dios entre los hombres fuiste!
Honraron a éste los atenienses haciéndolo su ciudadano,
como dice Diocles, por haber quitado la vida a Cotis de Tracia (673).
4. Vivió tan pacífica y amorosamente con su hermana,
que era obstetriz, según dice Eratóstenes en su libro De la riqueza y
pobreza, que él mismo solía llevar a vender a la plaza los pollos, y aun
lechoncillos, si se ofrecía, y en casa cuidaba indiferentemente de la
limpieza. Dicen que con esta misma indiferencia se ponía a lavar un lechón.
Estando una vez airado con su hermana (se llamaba Filista), a uno que lo cogió
acerca de su indiferencia, le dijo que «no se había de buscar en una mujercilla
el testimonio de su indiferencia». Otra vez que fue acometido de un perro,
como se sobresaltase y lo repeliese, a uno que lo motejaba por esto, le
respondió que «era cosa difícil desnudarse enteramente de hombre; y que se
ha de combatir lo posible contra las cosas, primeramente con obras, y si no,
con la razón».
5. Se dice que en una llaga que tuvo sufrió los medicamentos
supurantes, los cortes y las ustiones sin hacer siquiera un movimiento de cejas.
Timón manifiesta su disposición de ánimo en sus Disertaciones a Pitón (674).
Filón Ateniense, amigo (675) suyo, decía que se acordaba mucho de Demócrito, como
también de Homero con gran maravilla, repitiendo muchas veces:
Como la de las hojas
es la naturaleza de los hombres (676).
y agradándose mucho de que comparase los hombres a las moscas
y aves. Recitaba también estos versos:
Mas muere tú también, amigo mío.
¿Por qué lloras así? Murió Patroclo,
que era mejor que tú de todos modos (677).
y todas las expresiones acerca de la debilidad, vanos cuidados
y puerilidades de los hombres.
6. Posidonio cuenta de él que, como en una navegación estuviesen todos
amedrentados de una borrasca, él se estaba tranquilo de ánimo, y mostrando
un lechoncito que allí estaba comiendo, dijo: «conviene que el sabio
permanezca en tal sosiego». Numenio sólo dice que también estableció dogmas.
Entre sus discípulos hubo algunos célebres, uno de los cuales es Euríloco.
De éste se refiere el defecto que a veces se tomaba tanto de la ira,
que hubo vez en que, cogiendo un asador con carne y todo,
siguió con él al cocinero hasta la plaza; y en Élide, fatigado ya de las muchas
preguntas que en la conversación se le hacían, arrojando el palio, se echó al
río Alfeo y lo pasó a nado. Era muy enemigo de los sofistas, como dicen lo fue
Timón; pero Filón raciocinaba más (678). Así, Timón dice de él:
O ya bien retirado de los hombres,
o ya bien meditando,
o ya hablando también consigo mismo,
hallaréis a Filón, sin que lo capten
la gloria ni el amor de la disputa.
7. Además de éstos, oyeron también a Pirrón Hecateo Abderita, Timón Fliasio,
poeta satírico de quien trataremos adelante, y Nausifanes Teyo, cuyo
discípulo fue Epicuro, como algunos dicen. Todos éstos se llamaron pirrónicos
por el nombre del maestro, y por el dogma aporéticos, escépticos, efécticos y
zetéticos. La filosofía zetética se llamó así porque siempre va en busca de la
verdad. La escéptica, porque siempre la busca y nunca la halla. La eféctica,
porque después de haber buscado queda sin deliberación alguna. Y la aporética,
porque sus secuaces lo dudan todo (679).
8. Teodosio, en sus Capítulos escépticos, dice: «Que la secta pirrónica no debe
llamarse escéptica, porque si la agitación del entendimiento a una y otra parte
es incomprensible, tampoco sabremos la disposición o habitud de Pirrón: no
sabiéndola, de ningún modo nos llamaremos pirrónicos. Además, que ni Pirrón fue
el inventor del escepticismo, ni éste tiene dogma alguno. Así, que mejor se
podría llamar secta parecida al pirronismo. En efecto, algunos hacen su
inventor a Homero, pues éste habla con más variedad que ningún otro acerca de
unas cosas mismas, y nada resuelve definitivamente. También los siete sabios
usaron el escepticismo, de los cuales son las sentencias: No hagan exceso en
nada, y Haz fianza, cerca está el daño; con lo cual se expresa
que quien asegura o sale cara por alguno, luego le sobreviene el daño. Aun
Arquíloco y Eurípides fueron escépticos. Arquíloco cuando dijo:
Tal es, oh Glauco de Leptinas hijo,
la mente de los hombres,
cual el día que Jove nos dispensa (680);
y Eurípides, diciendo:
¿Y qué cosa es, en suma,
lo que saben los míseros mortales?
De ti solo pendemos;
y aquello que tú quieres sólo hacemos (681).
9. No menos, según los referidos, son escépticos Jenófanes, Zenón Eleate y
Demócrito, pues Jenófanes dice:
Nadie hay que algo sepa
con toda perfección, ni lo habrá nunca.
Zenón niega el movimiento, diciendo: Lo que se mueve, ni se mueve en el lugar en
que está ni en aquél en que no está. Demócrito, excluyendo las cualidades,
cuando dice: Por ley frígido, por ley cálido; pero en la realidad los átomos y
el vacuo. Y después: Nada sabemos de cierto, pues la verdad está en lo
profundo. Platón atribuye el saber la verdad a los dioses y a los hijos de los
dioses; pero él indaga sólo la razón probable. Eurípides dice:
¿Quién sabe acaso si esta vida es muerte,
o si es morir seguro
esto que los morta1es vivir llaman? (682).
Empédocles dice que muchas cosas ni las ven los hombres, ni las oyen, ni las
comprenden con su entendimiento. Y antes había dicho que sólo persuade aquello
que uno ve y toca. Y Heráclito, que de las cosas grandes nada se ha de resolver
temerariamente. Y por último, Hipócrates habla siempre dudosamente y como
hombre; y antes que él, Homero así:
La lengua de los hombres
es muy voluble y de palabras llena.
Por una y otra parte
el campo de palabras es inmenso.
Tal palabra oirás cual la dijeres.
Significando por esto la ambigüedad y contrariedad de las palabras.
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(669) Δρύσωνος, Suidas pone Βρύσωνος.
(670) Λαμπαδιστάς. Debía de ser algún cuadro suyo, que representaría algunos artífices de lámparas, candiles, velones y otras cosas de
esta clase.
(671) Λιά τό έξοδιχώς λεγειν χαί πρός έρώτησιν. Podría interpretarse: aunque respondiese fuera de lo preguntado.
(672) Timón escribió algunas obras o Disertaciones a Pitón, έν οϊς πρός
Πύθωα, como veremos en el pár. 5. Acaso debe aquí escribirse: εν τψ πρός Πύθωνα,
esto es, en su libro titulado A Plinio.
(673) A quien honraron los atenienses por haber muerto a Cotis de Tracia no fue a Pirrón, sino a un tal Pitón Enio, discípulo
de Platón, como escribe Plutarco en diferentes lugares, Demóstenes, Filóstrato y otros. El mismo Filóstrato dice fueron dos los
matadores, Heráclides y dicho Pitón, y añade fueron académicos. - Véase Oleario
en la nota 7 a la Vida de Apolonio Tianeo,
lib. VII, cap. II.
(674) Véase la nota anterior.
(675) γνώριμος puede también ser discípulo.
(676) Es el verso 146 del libro VI de la Ilíada.
(677) Versos 106 y 107 del libro XXI de la Ilíada.
(678) τά πλεϊστα διελέγετο. Pudiera también traducirse: disputaba más cosas.
(679) Aquí el texto añade Πυρρίώτειοι δέ, άπό Πίρρωνς, y pirrónicos, de Pirrón: lo cual es una repetición de lo dicho poco antes, y ciertamente
cosa espuria.
(680) Versos 135 y siguientes del lib. VIII de la Odisea.
(681) Versos 734 y siguientes de la ΄Ιχέτιδες de Eurípides.
(682) Se dice que son versos de la tragedia Hipólito; pero no hallándose en la que existe, parece fuerza decir que
Eurípides tendría otra con el mismo título.
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