|
Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres MENEDEMO - Libro
Segundo
BIOGRAFÍA DE MENEDEMO
1.
Menedemo, filósofo de la secta de Fedón, fue hijo de Clitenes, varón noble
de la familia de los Teopropidas, bien
que arquitecto y pobre. Algunos dicen que también fue pintor
de escenas (175), y que ambas artes aprendió su hijo
Menedemo, por
cuya razón, habiendo escrito cierto proyecto (176) al público, lo
censuró un tal Alexinio diciendo que «no era decente a un sabio
pintar escenas ni dar proyectos». Habiendo los eretrienses
enviádolo de guarnición a Megara, entró de paso en la Academia de
Platón, donde quedó captado y dejó la milicia; pero llevándoselo de
allí Asclepíades Fliasio, estuvo con Estilpón en Megara y ambos
fueron sus discípulos. De allí navegaron a Élide, y se unieron con
Anquipilo y Mosco, discípulos de Fedón. Hasta entonces, según
dijimos tratando de
Fedón, se llamaban elíacos, pero después se
apellidaron eretríacos por la patria de
Menedemo.
2. Fue hombre muy serio y grave, por cuya razón Crates (177), por
burla, lo llamaba
el esculapio Fliasio y toro Eretrio.
Y Timón dice que era
fútil en
cuanto hablaba, y vocinglero.
Era tanta su severidad, que habiendo Antígono convidado a cenar
(178) a Euríloco Casandreo y a Cleipides, joven cicizeno, rehusó
ir(179), temiendo no lo supiese Menedemo. En las reprensiones
era vehemente y libre; y habiendo visto a un mozo que mostraba ser
muy audaz, nada le dijo; pero tomando un palito, dibujó en el suelo
la figura de uno que padece el nefando (180): por lo cual, como
todos mirasen al mozo, conoció éste su oprobio y se retiró. Estando
una vez con Hierocles, superintendente del puerto Pireo, junto al
templo de Anfiarao, como Hierocles discurriese mucho de la
destrucción de Eretria, no respondió otra cosa sino preguntar:
«¿Cómo es que Antígono te sujeta a sus influencias?» A un
adúltero que audazmente se gloriaba del delito, le dijo: «¿Sabes que
no sólo es útil el jugo de la berza, sino también el del rábano?»
(181). A cierto mozo que daba gritos, le dijo: «Mira no tengas
detrás algo que ignores» (182).
3. Consultándolo Antígono
acerca de si concurría o no a cierto
convite desmoderado, solamente le envió a decir: «Acuérdate que
eres hijo de rey». A un insensato que le estaba diciendo cosas
importunas, le preguntó si tenía tierras propias, y respondiendo
que tenía muchas, le dijo: «Anda, pues, y ten cuidado de ellas, no
te suceda el que se deterioren y pierdas una sencillez laudable».
Preguntándole uno si era conveniente el que un sabio se casase, le respondió: «¿Tú me tienes a mí por sabio o no?» Y diciendo que sí,
concluyó: «Pues yo soy casado». A uno que decía eran muchas las
especies de bienes, respondió preguntándole cuántas eran y si
creía fuesen más de cien(183). No habiendo podido reformar el
lujo de la mesa de uno que solía convidarlo a comer, otra vez que lo
llamó nada le dijo sobre ello,
pero reprendió tácitamente el exceso, comiendo sólo hierbas.
4. Esta libertad lo puso en gran riesgo hallándose en Chipre con Nicocreón, en compañía de su amigo Asclepíades; pues habiéndolos
llamado el rey con otros filósofos a una festividad que celebraba
mensualmente, dijo Menedemo: «Si esta asamblea de varones es
honrosa, cada día debiera celebrarse la fiesta; pero si no,
superflua es aun la celebración presente». Ocurrió a esto el tirano
diciendo que «este día le quedaba libre para oír a los filósofos después del
sacrificio»; pero él permaneció más firme en su sentencia,
demostrando por lo que el otro había dicho del sacrificio que
«conviene oír a los filósofos en todos tiempos», y urgiendo de
manera que, de no hacerlos salir de allí un músico flautista, hubieran
perecido. Después, como en la navegación padeciesen borrasca, se
refiere que Asclepíades dijo que «la diestra música de un
flautista los había libertado, y la libertad de
Menedemo los había
perdido».
5. Dicen que era sencillo y descuidado en el
enseñar y que no guardaba orden alguno entre los que le oían,
pues no había asientos a su
alrededor, sino que cada cual estaba donde quería, ya fuese paseando,
ya sentado: ésta era su costumbre. Pero, por otra parte, afirman
fue ambicioso de gloria y temeroso de ignominia; de manera que, al principio de su amistad con
Asclepíades, ayudaban ambos a un
alarife en sus obras, y como Asclepíades condujese desnudo el barro
a lo alto del techo, Menedemo se escondía si veía venir alguno. Mas
después que entró en los negocios públicos se enajenaba tanto que,
habiendo una vez de ofrecer incienso, no acertó a ponerlo en el
turíbulo. Censurándole en una ocasión Crates el que se hubiese dado a
los negocios públicos, lo mandó castigar con cárcel. Esto no
obstante, Crates, andando de puntillas y mirando a los que pasaban,
lo llamaba Agamenonio y Egesípolis (184).
6. Era un poco inclinado a la superstición, pues habiendo comido con
Asclepíades en un figón carnes mortecinas sin saberlo, luego que lo
supo se llenó de ascos y se puso pálido, hasta que lo reprendió
fuertemente Asclepíades, diciéndole que «no eran las carnes
lo que lo conturbaban, sino la aprensión de ellas». Fuera de esto,
fue hombre magnánimo y liberal. Duraba en él, aunque anciano, la
habitud corporal de cuando era joven, no menos firme que un atleta y
con el rostro tostado; corpulento, de tez limpia y de mediana
estatura, como manifiesta su estatua, que se ve en el estadio
antiguo de Eretria; la cual está ejecutada de modo que se manifiesta
desnuda la mayor parte de su cuerpo. Era muy franco en hospedar a
sus amigos en su casa, y siguiendo el vicio común de Eretria, muy
dado a convites, a que solían concurrir poetas y músicos.
7. Apreciaba mucho a Arato, a Licofrón, poeta trágico, y a
Antágoras Rodio; pero más que a todos veneraba a Homero, después a
los líricos, y luego a Sófocles. En la sátira daba el primer lugar
a Esquilón, y a Aqueo el segundo; por lo cual, contra los opuestos
a su sentir en el gobierno del pueblo, recitaba estos versos:
Fue el veloz alcanzado de un enfermo;
y la tarda tortuga, brevemente
del águila venció la ligereza.
Estos versos son tomados de la sátira de Aqueo titulada
Ónfale.
Yerran, por tanto, los que aseguran que nada leyó sino la Medea de
Eurípides, que dicen anda entre las obras de Neofrono Sicionio. De
los maestros desechaba a Platón, a Jenócrates y a Parebates
Cirenaico. Admiraba mucho a Estilpón; y preguntado acerca de él en
cierta ocasión, nada más dijo sino «que era liberal».
8. Sus discursos eran difíciles de comprender (185), y ponía tanto
cuidado en su composición, que apenas podía nadie contradecirlos.
Era de ingenio versátil, e inventor de nuevas frases y dicciones.
Antístenes dice en las Sucesiones que era acérrimo en las disputas,
y urgía con estas preguntas: «¿Una cosa no se diferencia de otra?
Ciertamente. Pues lo provechoso, v. gr., es diferente de lo
bueno. Así es: luego lo bueno no es lo mismo que lo provechoso».
Dicen que no admitía los axiomas negativos, y los que ponía siempre
eran afirmativos; y aún de éstos aprobaba los sencillos
y reprobaba los complicados, llamándolos intrincados y enredosos.
Heráclides dice que en los dogmas fue platónico; pero no admitía la dialéctica.
Tanto, que preguntándole Alexinio si
había dejado ya de
herir al padre, respondió: «Ni lo he herido, ni lo he dejado de
herir». Replicóle Alexinio diciendo que convenía explicase aquella
ambigüedad con decir sí o no; pero él respondió: «Cosa ridícula
sería seguir vuestras leyes, cuando es lícito repugnar en las
puertas» (186). Como Bión persiguiese con ardor a los adivinos, le
dijo que «eso era degollar los muertos». Oyendo decir a uno que es un
gran bien conseguir cada uno lo que desea, respondió: «Mucho mayor
bien es no desear más de lo conveniente».
9. Antígono Caristio dice que
Menedemo nada escribió ni compuso,
ni menos estableció dogma alguno. Que en las cuestiones era tan
contencioso, que con la vehemencia se le ponían cárdenos los
párpados inferiores. Pero aunque era tal en las disputas, no
obstante era humanísimo en las obras; pues aunque Alexinio lo
mofase y burlase en gran manera, no obstante le hizo algunos
beneficios, v. gr., el de conducir a su mujer desde Delfos a
Calcide, en tiempo en que se temían latrocinios y rapiñas en el
camino. Era fiel amigo, como consta de la estrechez que tuvo con
Asclepíades, nada menor que la de Pílades (187); pero como
Asclepíades era de más edad, lo llamaban el
Poeta, y a Menedemo el
Actor. Dícese que habiéndoles dado Arquipolis tres mil (188)
(dracmas), contendieron sobre quién de los dos había de ser el
postrero en tomar su porción, y ninguno la tomó. Refiérese también
que ambos fueron casados con madre e hija, Asclepíades con la hija
y Menedemo con la madre; pero después que murió la mujer de
Asclepíades, recibió la de Menedemo, y éste, como que gobernaba
en la república, casó con una rica; bien que como vivían juntos,
permitió a la primera mujer el gobierno de la casa. Asclepíades
murió de edad avanzada en Eretria, antes que
Menedemo, habiendo
vivido en compañía de éste con mucha frugalidad en medio de la
opulencia.
10. También se dice que pasado algún tiempo concurrió a un convite
en casa de Menedemo el amado
de Asclepíades, y como los criados lo excluyesen,
Menedemo lo
hizo entrar, diciendo: «Asclepíades le abre las puertas aun estando
enterrado». Tenían ambos quien les suministrase todo lo necesario, y
eran Hipónico Macedón y Agetor Lamieo. El primero dio a cada uno de
ellos treinta minas (189), e Hiponico a Menedemo dos mil dracmas
para dote de sus hijas. Éstas eran tres, habidas con su mujer Oropia,
como dice Heráclides. El método que usaba en sus convites (190) era
éste: comía él primero con dos o tres compañeros, permaneciendo en
la mesa hasta el fin de la tarde, y entonces mandaba entrar los
convidados que hubiesen venido (los cuales debían haber ya cenado),
y él se paseaba fuera. Si alguno venía temprano, preguntaba a los
que salían qué era lo que habían sacado a la mesa y en qué estado
estaba. Si los convidados oían que no había más que algunas hierbas
o salsitas, se iban; pero si había algo de carne, entraban. Sobre
los lechos de los triclinios ponía esteras en verano, y en invierno
pieles. Debían los convidados traer consigo su almohada. El vaso
con que bebían todos no excedía la cótila (191). Los postres eran
altramuces y habas; aunque también daba frutas en las sazones,
v.gr., peras, granadas, legumbres (192) e higos secos: todo
esto lo refiere Licofrón en una de sus sátiras (193), titulada
Menedemo,
formando un poema en encomio de este filósofo, de cuyos versos son
una pequeña parte los siguientes:
En su convite simple y moderado,
es reducido el vaso que circuye,
y los mejores postres de los sabios
son las conversaciones eruditas.
11. Al principio fue Menedemo muy despreciado, y los eretrienses lo
llamaban perro; pero después lo admiraron de manera que le dieron el
gobierno de la república. Fue embajador en las Cortes de Tolomeo y
de Lisímaco, donde fue muy honrado, como también en la de Demetrio,
de quien alcanzó perdonase a su patria cincuenta talentos cada año
de doscientos que le pagaba. Fue acusado ante Demetrio de que quería
entregar la ciudad a Tolomeo: pero él se purgó de la calumnia por
medio de una carta que empieza:
«MENEDEMO AL REY DEMETRIO: SALUD
»Oigo que te han referido de mí varias imposturas», etc., por la
cual lo avisa se guarde de un contrario suyo en el gobierno llamado
Esquiles. Ello es cierto que admitió muy contra su voluntad la
embajada a Demetrio acerca de la ciudad de Oropo, de lo cual hace
también mención Eufanto en sus Historias».
12. Amábalo mucho Antígono, y se publicaba discípulo suyo; y
habiendo vencido ciertos pueblos bárbaros cerca de Lisimaquia,
escribió Menedemo un decreto sencillo y libre de adulaciones, cuyo
principio es: «Los capitanes y senadores dicen: Que habiendo el
rey Antígono derrotado a los bárbaros, y vuelto a su reino, gobierna
todas las cosas acertadamente, es de sentir el Senado y plebe», etc.
Por esto, y por la amistad que con él tenía, creyendo quería
entregarle la ciudad, fue tenido por sospechoso; y habiéndolo
acusado Aristodemo, partió ocultamente a Oropo, y habitó allí en
el templo de Anfiarao. Habiendo en este tiempo faltado del templo
los vasos de oro, como dice Hermipo, los beocios, de común consejo,
le mandaron salir de allí. Salióse, pues, de Oropo muy caído de
ánimo, y entró ocultamente en su patria, de donde, sacando a su
mujer e hijas, se fue al rey Antígono, donde murió de tristeza.
13. Heráclides dice todo lo contrario, asegurando que siendo
Menedemo el principal del Senado de Eretria, la libró muchas veces
de tiranos que la querían entregar a Demetrio; por consiguiente, que
fue calumnia el decir la quería poner en poder de Antígono. Que
yendo a este rey, como no lo hubiese podido inducir a que sacase a su
patria de esclavitud, se privó de alimento por siete días y murió.
Semejante a esto es lo que refiere Antígono Caristio. Sólo a Perseo
hizo viva guerra, pues era sabido que queriendo Antígono hacer libre
a Eretria por amor a Menedemo, lo prohibió Perseo. Por lo cual
Menedemo habló contra él en un convite (194), y entre otras cosas
dijo: «Éste,
la verdad, es filósofo; pero el hombre más malo de cuantos hay y ha
de haber». Finalmente, dice Heráclides que murió a los setenta y
cuatro años de edad. Mis versos a él son los siguientes:
Tu muerte hemos sabido, oh Menedemo,
tomada por tu mano, no
gustando
por siete enteros días cosa alguna.
La facción que emprendiste por Eretria
fue con gran cobardía, pues a
ella
te condujo la misma atropellado.
Éstos fueron los filósofos socráticos y los que salieron de ellos:
pasaremos ahora a tratar de Platón, fundador de la Academia, con
los que fueron instituidos
por él.
__________
(175) El texto común tiene Σχηνορράφον, Correero; pero los manuscritos
leen Σχηνογράφον; y esta lección debe preferirse, por las palabras que luego
dice Alexinio, aunque ellas contienen un solemne disparate.
(176) ψήφισμά, decreto, plebiscito, voto, parecer, proyecto.
(177) No el filósofo, sino otro Crates, poeta epigramático, a quien nombra
después Laercio.
(178) χαλέω es principalmente llamar o convidar a comer, y según
usaban los antiguos, a cenar, Καλέω σε έπί δεϊπνον, convídote a comer, o a la
mesa. Así, he añadido la voz cenar, que se sobreentiende.
(179) No está claro quién de los dos convidados rehusó el convite.
(180) Consta de aquí que era dibujante, y no como quiera, sino con expresión
y elegancia, de modo que se echase de ver el significado o acto de las
figuras. Con esto se hace más cierto la lección de los códices que dije.
(181) Es muy regular que esta frase tuviese algún significado metafórico y
mordaz, además del natural y obvio. Parece que Hierocles habría sido
bardaja de Antígono.
(182) También aquí debía de contenerse algún sentido satírico y cáustico.
(183) La secta megárica no admitía sino un bien, como se dijo en
Euclides, pár. 1.
(184) Quiso significar gobernador o conductor del pueblo, juntando el
verbo άγω, duco, con πόλις, pueblo. Lo compara con Agamenón, porque dicen fue alto de
estatura, y por lo mismo Crates caminaba de puntillas por burla de
Menedemo, que también era alto. Llámalo Egesípolis (que es nombre propio de
algunos reyes de Lacedemonia y otros), por la misma razón de ser
Menedemo
adulador o agavillador del pueblo.
(185) ήν δέ χαί δυσχατανόητος, o Μενέδημος. A la letra: Erat autem Menedemus difficilis captu.
(186) Pudo querer significar el Consejo o Senado de los anfictiones, que
solía tenerse en las Pilas o Termópilas, (que es un paso angosto de Tesalia a Fócide,
memorable por la muerte de Leónidas con sus 300 soldados).
Allí las ciudades que tenían voto en él, enviaban sus legados, y los
llamaban pilagores. Parece no estarían en observancia los decretos de este
Senado, o no obligarían mucho. Véase Suidas V. Πύλαι.
(187) La estrecha amistad de Pílades
con Orestes.
(188) Añado dracmas, que es lo que regularmente se entendía cuando no se
nombraba la moneda. Otras muchas veces hago lo mismo en el discurso de esta
obra. La dracma ática valía unos dieciséis cuartos nuestros, o poco más.
(189) De la mina o mna tratamos en la nota 118 en la vida de
Aristipo.
(190) La voz συμπόσια antes significa refrescos y bebidas que convites de comidas;
los latinos dirían compotationes. No obstante, algunas veces por dicha
voz también querían significar los banquetes, no tanto porque en sus συμπόσια
también había algo que comer que llamase la bebida, cuanto porque los
antiguos fueron excesivamente dados a estas compotationes.
(191) La cótila cabía media sextario, cuyo peso (de agua) era unas siete
onzas y media.
(192) Todavía se usa en algunas partes dar en postres guisantes, habas,
garbanzos tiernos. etc.
(193) έν τοϊς πεποημένοις σατύροις άυτφ. Podríamos traducir, en las sátiras hechas a él, entendiendo por
sátiras no varios poemas, sino muchos versos satíricos. Sin embargo, los
que aquí trae, antes lo celebran que satirizan.
(194) παρά πότον.
|