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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres JENOFONTE - Libro Segundo
BIOGRAFÍA DE JENOFONTE
1. Jenofonte, hijo de Grilo, nació en Erquia, pueblo del territorio
de Atenas. Fue muy vergonzoso y hermoso de cuerpo en sumo grado.
Dicen que habiéndolo encontrado Sócrates en una callejuela, atravesó
el báculo y lo detuvo. Preguntóle donde se vendían las cosas comestibles, y habiéndoselo dicho, le preguntó de nuevo: «¿Dónde se
forman los hombres buenos y virtuosos?». A lo cual, como Jenofonte
no le satisficiese de inmediato, añadió Sócrates: «Sígueme y lo sabrás».
Desde entonces fue discípulo de Sócrates. Fue el primero que publicó
en forma de Comentarios las cosas que antes sólo se referían de
palabra, siendo también el primer filósofo que escribió Historia.
2.
Refiere Aristipo en el libro IV de las Delicias antiguas que Jenofonte
amaba a Clinias y hablaba así: «Con más gusto miro a
Clinias que a todas las demás cosas bellas que tienen los hombres;
nada me molestaría ser ciego para todas las cosas, con tal que
gozase de la vista de Clinias; aflíjome de noche y cuando duermo,
porque no lo veo; doy mil gracias al día y al sol porque me
muestran a Clinias» (108). Hízose muy amigo de Ciro en la forma
siguiente: tenía un amigo beocio llamado Proxeno, discípulo de
Gorgias Leontino y familiar de Ciro, en cuya compañía estaba en Sardes. Escribió éste a Jenofonte, que estaba en Atenas, una carta
en la que le decía le sería muy útil hacerse amigo de Ciro. Jenofonte
mostró la carta a Sócrates y le pidió consejo; pero éste lo envió a
Delfos a fin de que hiciese lo que el oráculo le
dijese. Pasó a Delfos; mas no preguntó a Apolo si le convenía ir a
ver a Ciro, sino el cómo lo había de ejecutar. Sócrates le reprendió la
astucia; pero fue del parecer hiciese el viaje. Llegado a verse con
Ciro, le supo captar la voluntad de tal manera, que se le hizo tan
amigo como el mismo Proxeno. Por lo cual nos dejó escrito cuanto
pasó en la subida y regreso de Ciro.
3. Fue mortal enemigo de Memnón de Farsalia, el cual, en la subida de
Ciro, era conductor de las tropas extranjeras. Objetábale, entre
otras cosas, que seguía amores superiores a su calidad. También
afeó a cierto Apolonio por llevar agujeros en las orejas. Después de
la subida de los persas, la rotura del Ponto y el quebrantamiento de la
alianza por Seto, rey de los odrisos, se retiró Jenofonte a Asia a
estar con Agesilao, rey de los lacedemonios; llevóle muchas tropas
de Ciro para que militasen en su ejército, se puso todo en su
obediencia, y fue su mayor amigo. Con esta ocasión, pareciendo a los
atenienses que estaba de parte de los lacedemonios, lo condenaron a
destierro. Pasó después a Éfeso y entregó en depósito a Megabizo,
sacerdote de Diana, la mitad del oro que traía hasta que volviese;
pero si no volvía, mandó se hiciese con él una estatua de la diosa y
se la dedicase. Con la otra mitad envió dones a Delios. Habiendo
Agesilao sido llamado a Grecia para hacer la guerra a los tebanos,
pasó Jenofonte con él a Grecia, dándole víveres los lacedemonios.
Finalmente, separado de Agesilao, se fue al territorio de Elea,
cerca de la ciudad de Escilunte.
4. Iban con él, como dice Demetrio de Magnesia, cierta mujercilla
llamada Filesia y dos hijos, Grilo y Diodoro, según escribe Dinarco
en el libro Del repudio contra Jenofonte; los cuales dos hijos
fueron llamados Geminos (109). Habiendo Megabizo viajado a Escilunte
por causa de ciertas festividades públicas, recobrando Jenofonte su
dinero, compró y dedicó a la diosa unos campos por los cuales
corre el río Selinus, del mismo nombre que el que pasa por Éfeso. Entreteníase en la caza, convidando a comer a los amigos y
escribiendo sobre historia. Dinarco refiere que los lacedemonios le dieron
habitación y tierras. Dícese también que Filópidas de Esparta le
envió en don diferentes esclavos traídos de Dardania para que se
sirviese de ellos en lo que gustase. Que después, habiendo venido
los elienses con ejército a Escilunte, destruyeron la posesión de
Jenofonte por tardar los lacedemonios en venir a la
defensa. Entonces los hijos de Jenofonte huyeron ocultamente con
algunos esclavos y se fueron a Lepreo. Igualmente Jenofonte,
que primero se retiró a Elis; después pasó a Lepreo, donde estaban sus
hijos, y con ellos a Corinto, donde se estableció.
5. Habiendo por entonces resuelto los atenienses dar auxilio a
los lacedemonios, envió Jenofonte a sus hijos a Atenas para que
militasen bajo las órdenes de los lacedemonios; habían estudiado la disciplina
militar en Esparta, según escribe Diocles en las Vidas de
los filósofos. Diodoro volvió de aquella jornada sin
haber hecho cosa memorable,
y tuvo después un hijo del mismo nombre que su hermano. Pero Grilo
murió en ella peleando valerosamente entre la caballería, siendo
general de ésta Cefisodoro, y Agesilao de la infantería, como dice
Éforo en el libro XXV de sus Historias. La batalla fue junto a Mantinea. Murió también en ella Epaminondas, capitán de los
tebanos. Dicen que Jenofonte estaba a la sazón haciendo un sacrificio, con
corona en la cabeza, y tenida la noticia de la muerte del hijo, se
quitó la corona; pero sabido que había muerto peleando
valerosamente, se la volvió a poner. Algunos dicen que ni aun
lloró; sí que solamente dijo: «Yo ya sabía lo había engendrado
mortal».
6. Aristóteles dice hubo muchísimos que escribieron elogios y el
epitafio de Grilo, en parte por congraciarse con el padre. Y Hermipo
dice, en la Vida de Teofrasto, que aun Sócrates escribió encomios de Grilo;
lo cual indujo a Timón a censurarlo con los versos siguientes:
Dos, o tres, o más libros (110) enfermos y sin fuerza ha
publicado, en todo parecidos a las obras
de Jenofonte y Esquines, ineptas para persuadir cosa ninguna.
Ésta fue la vida de Jenofonte. Floreció hacia el año IV de la
Olimpíada XCIV. Subió con Ciro, siendo arconte Jeneneto, un año
antes de la muerte de Sócrates. Murió el año primero de la Olimpíada
CV (según escribe Estesiclides Ateniense en la Descripción de los
arcontes y vencedores en los juegos olímpicos), siendo arconte Calidemide, en cuyo tiempo reinaba en Macedonia Filipo, hijo de
Amintas. Su muerte fue en Corinto, como dice Demetrio de Magnesia,
siendo ya de edad avanzada. Fue Jenofonte un varón en todo bueno:
aficionado a los caballos y a la caza, e inteligente en la táctica,
según consta de sus escritos. Fue pío, dado a los sacrificios, muy
práctico en conocer las víctimas y celoso imitador de Sócrates.
7. Escribió
más de cuarenta libros, que algunos dividen con
variedad. La Subida de Ciro está escrita no con
prefacio a
toda la obra, sino con proemios particulares a cada libro. Los demás
escritos son: La institución de Ciro, Los hechos memorables de
los griegos, Los comentarios, El banquete, La económica,
Acerca de
los caballos, De la caza, Del cargo del general de caballería,
La apología de Sócrates, De la semilla, Hierón, o sea,
Sobre el gobierno tiránico, El Agesilao y, finalmente,
Sobre las repúblicas
de los atenienses y lacedemonios; bien que Demetrio de Magnesia
dice que esta obra no es de Jenofonte. Dícese que poseyendo él
solo los libros de Tucídides y habiendo podido suprimirlos, no lo
ejecutó; antes bien, los publicó para gloria de aquél. Llamábanlo la
Musa ática por la dulzura de su locución, y por esto había
algunos celos entre él y Platón, como diremos cuando tratemos
de éste.
8. Mis
epigramas a Jenofonte son éstos:
No sólo pasó a Persia Jenofonte por la
amistad de Ciro,
sino por caminar por la ardua vía
que a los
dioses conduce.
Escribiendo las glorias de los griegos
su socrático ingenio nos
demuestra.
Y este otro a su muerte:
Si por los ciudadanos
de Cécrope y de Cranao, Jenofonte, desterrado te miras,
sin más causa que ser de Ciro amigo,
ya la hospital Corinto te
recibe,
y estableces en ella tu morada.
Me acuerdo haber leído que floreció
hacia la Olimpiada LXXXIX
(111), con los otros discípulos de Sócrates. Istro dice fue desterrado por decreto de Eubelo, y que por
sentencia del mismo se le alzó el destierro.
9. Hubo siete Jenofontes. El primero, éste de que hemos tratado. El
segundo fue ateniense, hermano del Nicostrato que compuso el
poema La Teseide, el cual, entre otras cosas, escribió
la Vida de Epaminondas y de Pelópidas. El tercero, médico de Cóo. El cuarto,
uno que escribió la Historia de Aníbal. El quinto trató De
los portentos fabulosos. El sexto fue de Paros y escultor célebre. Y el
séptimo, poeta de la comedia antigua (112).
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(108) Este pasaje lo trae el mismo Jenofonte en su Convite, con poquísima
diferencia; y es notable que Laercio vaya a buscarlo a Aristipo.
(109) A saber, Cástor y Pólux.
(110) Άσθενιχή τε λόγων δυάς ή τριχς, etc. Logos puede significar argumento, razón, discurso, razonamiento,
palabra, disertación, oración, libro, etc.
(111) Arriba, donde dijo Laercio que floreció hacia la Olimpíada XCIV, debió seguir la opinión común y recibida. Aquí da a entender que había quien
discrepaba en algo. Bien puede decirse que un hombre florece en sabiduría
dentro de unos quince años.
(112) La comedia griega tuvo tres estados: Antigua o Primitiva, la cual
representaba hechos verdaderos, y los actores tomaban los nombres y
circunstancias de los mismos sujetos entre quienes pasó el caso, que nunca
era fingido. Así, en ella se motejaban personalmente y se satirizaban unos
a otros, dándose en rostro con sus errores, defectos y descuidos públicos y
ocultos, aun entre personas respetables. Esta demasiada libertad de los
poetas, tan agradable al populacho, tenía acobardados a todos, sin atreverse
a tomar parte en los negocios públicos, por cuya razón Alcibíades prohibió
el nombrar a nadie en la escena. Esta prohibición produjo otra especie de
comedia que llamaron Media, en la cual eran verdaderos los hechos, y las
personas fingidas. De ambas especies compuso comedias Aristófanes, porque en
su tiempo se prohibió la Primitiva. Finalmente, porque todavía los asuntos
verdaderos se solían aplicar con facilidad a personas señaladas que los
habían manejado, aunque no se nombrasen, y la libertad
de poetas y actores era excesiva, inventó Menandro la tercera especie de
comedia llamada Nueva, en la cual fue todo fingido, hechos y personas.
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