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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres JENÓCRATES - Libro Cuarto
BIOGRAFÍA DE JENÓCRATES
1. Jenócrates, hijo de Agatenor, fue natural de Calcedonia, y discípulo de
Platón desde sus primeros años, y lo acompañó a Sicilia. Era tardo de mente,
tanto que Platón, comparándolo con Aristóteles, cuentan que dijo: «El uno
necesita de acicate; el otro de freno». También: «¡Para qué caballo unto un tal
asno!» Por lo demás era Jenócrates de rostro grave y severo, de manera que
Platón solía decirle: «Sacrifica a las Gracias, Jenócrates». Por lo ordinario
habitó en la Academia. Si alguna vez iba a la ciudad (261), dicen que todos los
tumultuantes y alborotadores se apartaban del camino cuando pasaba él. Y que
habiendo entrado en su casa con designio de solicitarlo la meretriz Friné,
haciendo como que huía de algunos, como él la recibiese por humanidad, y no
tuviese más de una cama, le cedió una parte de ella, como se lo suplicaba.
Finalmente, cansada de rogarle satisfaciese su deseo, se fue sin conseguirlo. A
los que la preguntaban de lo sucedido, decía: «Que ella no salía de estar con un
hombre, sino con una estatua». Algunos dicen que sus discípulos le metieron a
Laida en su cama; pero que él fue tan continente, que más quiso darse muchos
cortes y aun fuego a sus genitales, que macularse.
2. Era tan veraz que, no siendo lícito entre los atenienses atestiguar sin
prestar antes juramento, sólo a Jenócrates le fue el juramento condonado. Era
frugalísimo; y habiéndole enviado Alejandro una gran suma, tomando sólo 3.000 dracmas (262) áticas, le remitió lo demás, diciendo «que necesitaba de más
caudales quien había de mantener más gentes». Tampoco recibió el dinero que le
envió Antípatro, según dice Mironiano en los Símiles. Habiendo sido condecorado
con una corona de oro en un convite que hizo Dionisio en la fiesta de los
congios (263), al salir del convite la puso a la estatua de Mercurio, ante
quien solía poner otras de flores.
3 Dicen que fue con otros enviado embajador a Filipo, y que éste ablandó a los
demás con regalos, convites y conversaciones; pero Jenócrates nada de esto
hizo, y por esta causa no lo admitió Filipo. Vueltos a Atenas los embajadores,
dijeron que en balde había ido con ellos Jenócrates; y cuando ya se le preparaba
la pena, oyeron de él «que entonces más que nunca se había de precaver la república,
pues Filipo había ablandado a los otros con dones, pero a él de ningún modo había podido
doblarlo». Dicen que de esto le resultó duplicado honor; y aun Filipo dijo después que,
de cuantos embajadores habían venido a él, sólo Jenócrates no había admitido regalos.
Habiendo ido también embajador a Antípatro (pidiendo entregase los soldados atenienses
hechos prisioneros de guerra en la batalla de Lamia), como lo convidase a cenar
con él, pronunció los versos siguientes (264):
¡Oh, Circe! ¿qué varón prudente y cuerdo
podrá gustar comida ni bebida,
antes que a sus soldados libres vea?
De cuya prontitud admirado Antípatro soltó y remitió a los prisioneros.
4. Habiéndose retirado a su seno un pajarillo seguido de un sacre, lo acogió y
lo libertó diciendo: «No se debe entregar a quien se humilla». Como Bión se burlase de él, le dijo:
«Nada le responderé, pues tampoco se digna la tragedia responder a la comedia que la moteja».
A uno que quería concurrir a su escuela sin haber antes aprendido música,
geometría ni astronomía, le dijo: «Anda, vete
de aquí, pues careces de las asas de la filosofía» (265). Otros escriben que
dijo: «Aquí no curamos lana». Habiendo Dionisio dicho a Platón que alguno le
cortaría el cuello, como se hallase allí Jenócrates, mostró el suyo diciendo:
«Nadie cortará aquél antes que a éste». Dicen que una vez al partir Antípatro
para Atenas se despidió de él, y que no le respondió hasta concluir el discurso
que estaba haciendo. Como era sumamente modesto y enemigo del fausto, pasaba
muchas veces los días meditando, y aun destinaba, según dicen, una hora al
silencio.
5 Dejó muchos escritos en verso y muchas paréneses, que son como se sigue: seis
libros De la naturaleza; seis De la sabiduría; uno De la riqueza; otro
titulado Arcas; otro Del infinito; otro Del niño; otro De la
continencia; otro De lo útil; otro Del libre; otro De la muerte;
otro De lo
espontáneo; dos De la amistad; uno De la equidad; dos De lo contrario;
dos
De la felicidad; uno Del escribir; otro De la memoria; otro De la mentira;
otro titulado Calicles; dos De la prudencia; uno De la economía;
otro De
la templanza; otro De la fuerza de la ley; otro De la República;
otro De la
santidad; otro De que la virtud es enseñable; otro Del ente;
otro Del hado (266); otro De las pasiones; otro De las Vidas;
otro De la unanimidad; dos De los discípulos; uno De la justicia;
dos De la virtud; uno De las especies; dos
Del deleite; uno De la vida; otro Del valor; otro Del uno (267); otro De las
ideas; otro Del Arte; dos De los dioses; dos Del alma;
uno De la ciencia,
otro titulado El Político; otro De la pericia (268); otro De la Filosofía;
otro De Parménides; otro titulado Arquedemo, o sea, De la justicia;
otro De
lo bueno; ocho De las cosas intelectuales (269); once De la solución (270) de
las cosas tocantes a la Oratoria; seis Acerca de la Física; uno titulado
Capítulo; otro De los géneros y especies; otro De los dogmas pitagóricos;
dos
De soluciones; ocho De divisiones; treinta y tres (271) libros de Conclusiones
y catorce Del modo de disputar. Además de esto escribió otros quince libros, y
otros dieciséis más; otros nueve acerca de las Disciplinas sobre que versa la
Lógica (272); seis De las Matemáticas; otros dos libros Acerca de las cosas
mentales; cinco libros De Geometría; uno de Comentarios; otro De
Contradicciones; otro De Aritmética; otro De la teórica de los números;
otro
De los intervalos; seis De Astrología; Elementos a Alejandro sobre el reinar;
cuatro libros A Aruba, A Efestión; más dos libros De Geometría en
345 versos (273).
6. No obstante que era tal Jenócrates, lo vendieron una vez los atenienses por
no haber podido pagar el impuesto de vecindario (274). Comprólo Demetrio
Falereo, y ocurrió con ello dos cosas, pues restituyó la libertad a
Jenócrates y satisfizo el impuesto a los atenienses. Refiérelo Mironiano Amastriano en el libro I de sus Capítulos históricos semejantes. Sucedió a Espeusipo,
y dirigió la escuela veinticinco años, bajo de Lisímaco, habiendo comenzado hacia el año
segundo de la Olimpíada CX. Murió de noche, habiendo tropezado en un barreño, ya a los ochenta
y ocho años de edad. Mis versos a él son éstos:
En un cuenco de cobre tropezando,
cayó e hirió Jenócrates su frente.
Ay de mí, clamó en grito, y murió luego
el varón que era un todo, y para todos.
7. Hubo seis Jenócrates (275): uno escritor de táctica, muy antiguo, pariente y
conciudadano de nuestro filósofo. Corre una oración suya titulada Arsinoética,
escrita en la muerte de Arsínoes. Otro, filósofo, escritor elegíaco no muy
estimado. Así sucede, pues si los poetas quieren escribir prosa les sale bien,
pero si los prosista se meten en la poesía, tropiezan. Esto es constante,
como que lo uno es obra de la naturaleza, lo otro del arte. Otro Jenócrates hubo
estatuario, y otro que, según Aristoxeno, escribió odas.
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(261) De Atenas.
(262) Suplo la voz dracmas, como dije en otro lugar.
(263) Por χατασχοϋσι parece debe leerse Χοϋσι, congios. Éste es el parecer de Menagio,
y así se halla escrito en el Timeo de Platón, en Ateneo y Eliano. Podrá
verse Juan Meursio en su Groecia feriata y en otras obras suyas. El
chóas o
chus era igual en cabida al congio romano, medida de cosas líquidas.
Contenía diez libras romanas de agua, capacidad igual a la de medio pie cúbico
romano o geométrico, y vendría a ser unas 120 onzas
nuestras de agua común.
(264) Son de Homero, lib. X, Odis., v. 363.
(265) Quiso decirle: No tienes con qué agarrarla.
(266) Περί έιμαρμένης.
(267) Περί τοΰ ένός.
(268) Περί έπιοτημοσύνης.
(269) Τών περϊ τήν διάνοταν.
(270) Λύυις τών περϊ τούς λόγους.
(271) El texto tiene aquí por número χ΄ μ΄ γ΄ que deben sumar 63. Así, no comprendo la razón de hallarse 33 en todas las versiones que he
registrado. El número siguiente está figurado así: ιέ, μ΄, α΄, β, ψ΄, μ΄;
bien que la edición de H. Estéfano, por ιδ que vale 15, pone ιδ΄ que es 14, a
que corresponden las versiones. Los otros dos números ιέ, 15, y ιί, 16, van
conformes.
(272) περί τήν λήξιν λογιχών, puede también significar: De la dicción retórica
u oratoria.
(273) El número es μ΄χ΄β΄δ΄σ΄λ΄θ΄, cuyo valor sumado es 305.
(274) Este derecho o tributo eran 12 dracmas anuales los hombres y seis
las mujeres que de otros países se viniesen a establecer a Atenas. Quien
no podía pagar era vendido. Es creíble que Jenócrates debiese algunas
pagas del impuesto; pues ¿quién sería tan pobre que no pudiese pagar 24 reales que vendría a importar una anualidad?
Véase Suidas, v. Μετοίχιον.
(275) Debiera decir cinco, incluso el presente; y no incluso, cuatro.
Las palabras γεγόνασι δέ χαί αλλόι Ξενοχράτεις ς΄ excluyen al presente, diciendo
hubo dos Jenócrates. Así, es muy
probable que el texto esté corrupto y falto de algún período que nombrase
otros dos Jenócrates; pues en los números no puede haber error, estando en los
códices escrito con letras, y no con cifras de guarismo.
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