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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
HERÁCLITO - Libro Noveno
HERÁCLITO (1) (2)
(vida de Heráclito)
10. Cuál fuese el parecer de Sócrates acerca de Heráclito habiendo visto
su
libro suministrado por Eurípides, como dice Aristón, lo dijimos en la Vida del
mismo Sócrates. Seleuco Gramático dice que un tal Crotón escribe en su Buzo que
un cierto Crates fue el primero que trajo este libro a Grecia y que dijo que «necesita
uno de un nadador delio para no ahogarse en él». Algunos lo titulan Musas;
otros De la naturaleza; Diódoto Exacto gobernalle para el nivel de la vida.
Otros Gnomon de las costumbres y complemento y ornato de una cierta medida para todas
las cosas. Dicen que preguntado por qué callaba, respondió: «Porque vosotros habláis.»
Aun Darío deseó su compañía y le escribió en esta forma:
«EL REY DARÍO, HIJO DE HISTASPIS, AL SABIO HERÁCLITO EFESINO: ALEGRARSE.
»Publicaste un libro difícil de comprender y de explicar. En algunos lugares,
si se entiende a la letra, parece encierra cierta fuerza de especulación de todo
el mundo y de cuanto en él se hace, lo cual está constituido en el movimiento
divinísimo; pero muchas cosas tienen asenso (629); y así, aun los que han leído
mucho, quedan dudosos del recto sentido que parece quisiste dar a todo. El rey
Darío, hijo de Histaspis, quiere ser uno de tus oyentes y participar de la
erudición griega. Ven, pues, en breve a nuestra vista y real palacio, pues los
griegos, por lo común, no acostumbrando distinguir los varones sabios,
menosprecian las cosas que éstos demostraron dignas de que se oigan y aprendan
con estudio y diligencia. Conmigo tendrás el primer lugar; cada día una
comunicación grave y honesta, y una vida sujeta a tus exhortaciones.»
«HERÁCLITO EFESINO AL REY DARÍO, HIJO DE HISTASPIS: ALEGRARSE.
»Cuantos viven en estos tiempos huyen de la verdad y de practicar lo justo,
dándose todos a la insaciabilidad y vanagloria por falta de juicio; mas yo, por
cuanto doy al olvido toda injuria y declino el fastidio de toda familiar
envidia; asimismo, porque huyo de vanidad y fasto, no pasaré a Persia,
contentándome con mi cortedad, que es lo que me acomoda.» Tal fue este varón
para con el rey.
11. Demetrio dice en sus Colombroños que también menospreció a los atenienses
por la excesiva opinión que de sí tenía; y aunque desestimado de los efesinos,
eligió el vivir con ellos. Hace también memoria de él Demetrio Falereo en la
Apología de Sócrates. Hubo muchos que interpretaron su libro, como son
Antístenes, Heráclides Póntico y Esfero Estoico, a quienes se añaden Pausanias el llamado
Heraclitista, Nicodemes y Dionisio, y de los gramáticos Diódoto, el cual dice
que aquel escrito no es de física, sino de política, pues lo que trata de
física es allí por modo de ejemplo. Jerónimo dice que Escitino, poeta yámbico,
emprendió el poner en verso dicho libro.
12. Corren muchos epigramas escritos a él, de los cuales es uno
el que se sigue:
Soy Heráclito, sí, necios e ignaros;
¿qué me estáis abatiendo?
No he trabajado, no, para vosotros,
sino para los sabios y peritos.
Váleme por tres mil un hombre solo,
e infinitos, ninguno.
Esto digo también a Proserpina.
Y otro:
No en breve desenvuelvas hasta el eje (630)
el volumen de Heráclito Efesino;
es para ti camino muy impervio,
lleno de oscuridad densa y opaca;
pero si mente sabia te dirige,
aún más claro que el sol lo verás todo.
13. Hubo cinco Heráclitos. El primero éste. El segundo un poeta lírico de
quien hay un Encomio de los doce dioses (631). El tercero un poeta elegíaco
natural de Halicarnaso, a quien Calímaco compuso los versos siguientes:
Uno tu muerte, Heráclito, me dijo,
y me sacó las lágrimas al punto.
Me acordé de cuantas veces
solíamos pasar soles y soles
en sabias juglerías; pero ahora,
Halicarnasio amigo, eres ceniza.
Moriste, sí, moriste;
pero la melodía de tu canto
vivirá eternamente. Y aunque Pluto
se lo arrebate todo,
no alcanzarán sus manos a tu fama.
El cuarto fue lesbio, y escribió la Historia de Macedonia.
Y el quinto un truhán, el cual, de citarista que era, se dio a este modo de vida.
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(629) έποχήν έχοντα. Sigo la versión común de los intérpretes; pero no dudo debe traducirse así: pero en muchas cosas se debe suspender el
asenso. Este es el significado filosófico de έποχήν.
(630) έπ΄ομφαλόν; los latinos decían: ad umbilicum usque. Eran los cabitos torneados, con su botoncito, del palo en que se arrollaban
los que llamaban volúmenes.
(631) Los doce dioses principales de los gentiles, llamados dioses consentes, seis machos y seis hembras. Ennio los incluye
en estos versos:
Juno, Vesta, Minerva, Ceresque, Diana, Venus, Mars,
Mercurius, Jovis, Neptunus, Vulcanus, Apollo.
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