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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres EUCLIDES - Libro Segundo
BIOGRAFÍA DE EUCLIDES DE MEGARA
1. Euclides fue natural de Megara, ciudad cercana al istmo
(148) o, según algunos, de Gela, como dice Alejandro en las Sucesiones. Estudió
las obras de Parménides, y los que
siguieron sus dogmas se llamaron megáricos; luego disputadores
y, finalmente, dialécticos. Dióles este nombre Dionisio de Cartago, porque sus discursos
eran todos por preguntas y respuestas. Después de la muerte de
Sócrates se retiraron Platón y los demás filósofos a casa de
Euclides en Megara, como dice Hermodoro, temiendo la crueldad de
los tiranos. Definía que sólo hay un bien, llamado con nombres
diversos: unas veces sabiduría, otras dios, otras mente y
semejantes. No admitía las cosas contrarias a este bien, negándoles
la existencia. Sus demostraciones no eran por asunciones, sino por ilaciones o sacando consecuencias. Tampoco admitía las comparaciones
en los argumentos (149), diciendo que el argumento o consta de cosas
semejantes, o desemejantes (150); si consta de cosas semejantes,
antes conviene examinar estas mismas cosas que no las que se le
semejan. Pero si consta de cosas desemejantes, es ocioso la
instancia o comparación. Esto dio motivo a Timón para hablar de él
lo
siguiente, mordiendo también a los demás socráticos:
Pero yo no me cuido
de estos y semejantes chocarreros.
No me importa Fedón, sea quien fuere;
ni el litigioso Euclides,
que dio a los megarenses
el rabioso furor de las disputas.
Escribió seis diálogos, que son:
Lampria, Fenicio, Critón:
Alcibíades y Amatorio.
2. De la secta de Euclides fue Eubúlides Milesio, el cual inventó en
la dialéctica diversas formas de argumentos engañosos, como son: el
mentiroso (151), el escondido (152), el electra
(153), el encubierto (154), el sorites (155), el cornuto (156), y
el calvo (157). De Eubúlides dice un poeta cómico:
El fastuoso Eubúlides, embaucando
los sabios oradores
con sus córneas preguntas, y mentiras
huecas y jactanciosas, ha partido
(158)
locuaz, como Demóstenes voluble.
Parece fue discípulo suyo Demóstenes, el cual apenas podía pronunciar la letra R; pero lo consiguió poco a poco con
el ejercicio (159). Eubúlides fue enemigo de Aristóteles, y le
contradijo en muchas cosas. Alexino Eleense fue uno de sus
discípulos, hombre sumamente disputador; por cuya razón lo
apellidaron Elexino (160) Disintió mucho de las opiniones de Zenón.
Hermipo dice de él que, habiendo pasado de Élide a Olimpia, abrió
allí escuela de filosofía, y que diciéndole los discípulos por qué
se establecía allí, respondió quería fundar una secta que se
llamase Olimpíaca. Mas ellos, obligados por la penuria de
comestibles y de la insalubridad del sitio, lo abandonaron, de
manera que se quedó a vivir allí solo con un criado. Bañándose
después en el río Alfeo, se hirió con una caña y así murió. El
epigrama que le he compuesto es el siguiente:
No era falsa la voz que un infelice
hallándose nadando, un clavo
agudo un pie le traspasó; pues Alexino,
varón honesto y sabio,
primero que el Alfeo atravesase,
perdió la vida herido de una caña.
Escribió no sólo contra Zenón, sino también otros libros y al
historiador Éforo.
3. De la escuela de Eubúlides salió también Eufanto Olintio, que
escribió la historia de su tiempo. Compuso muchas tragedias, las
cuales fueron bien recibidas en los certámenes. Fue preceptor del
rey Antígono, y le dedicó un excelente tratado acerca del reinar.
Hubo otros discípulos de Eubúlides, uno de los cuales fue Apolonio
Cronos.
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(148) Al istmo, o estrecho de tierra entre dos mares, por el cual deja de
ser isla el Peloponeso. Este Euclides es más antiguo que el geómetra de
quien nos quedan los preciosos Elementos de Geometría.
(149) διά παρα
βολής λόγον. Acaso entiende los argumentos llamados à pari, o por paridad.
(150) A las de la paridad.
(151) τόν ψευδόμενον, El Mentiroso. Es un argumento capcioso, por el cual se demuestra
falsa cualquiera respuesta que se dé: v. gr., pregúntase si miente o no uno
que dice que miente. Si se dice que miente, responden que es falso, pues
entonces no miente diciendo que miente. Si se dice que no miente, responden
que también es falso, pues él mismo dice que miente. De esta falacia usa
Cervantes en su Quijote, hallándose Sancho gobernador de la ínsula
Barataria, donde había un puente y junto a él una horca en que era
ahorcado todo pasajero que preguntado adónde iba se le hallaba en mentira.
Llegó, dice, uno, y preguntado adónde iba, respondió que a que lo
ahorcasen; de cuya inopinada respuesta se movió la duda de si debía o no
ser ahorcado; pues si lo ahorcaban, el hombre había dicho verdad, y no debían ahorcarlo; si no lo ahorcaban, no había dicho verdad, y, por consiguiente, debían ahorcarlo.
(152) El Escondido, διαλθάνων, latens, viene a ser la misma cosa que el Encubierto,
έγχεχαλυμμένος, que explicaremos luego.
(153) El Electra es un argumento así nombrado de Electra, hermana de
Orestes, la cual, en la tragedia de Eurípides titulada Electra, conoció
y no conoció a un mismo tiempo a dicho
su hermano Orestes; pues preguntada si lo conocía, dijo que sí; pero no
conoció que era Orestes el mismo que se lo preguntaba. Luciano. τ ερί
Βιών πράσις.
(154) El Encubierto, έγχεχαλυμμένος, se llamó así por el ejemplo que de él suele darse de
un hombre encubierto, y preguntando a uno así: - ¿Conoces a tu padre? -
Si.
- ¿Conoces a éste que está aquí encubierto? - No - Pues éste es tu padre; y así,
no conoces a tu padre. Luciano.
(155) Sorites es el argumento llamado montón, derivado de
υωρός,
montón,
también por el ejemplo que suele ponerse así: - ¿Dos granos de trigo son
montón de trigo? - No. - ¿Y añadiendo otro grano? - Tampoco. - ¿Y añadiendo
otro? -- Tampoco. - Luego nunca habrá montón, por más granos que se añadan
uno a otro; pues si añadiendo uno a los que no eran montón, no lo hace,
nunca llegará el caso de hacerlo otro grano, que no tiene más fuerza que el
primero que se puso.
(156) El argumento llamado cornuto también toma el nombre del ejemplo
puesto; y es: Lo que no has perdido lo tienes; no has perdido los cuernos,
luego los tienes.
(157) El Calvo, ψαλαχρός, parece asimismo proviene del ejemplo que suele ponerse, que
es éste: Si a quien no es calvo se le arranca un pelo, no queda calvo: si se
le quita otro, tampoco; porque si el quitarle un pelo no lo hace calvo, el
segundo que se le quita tampoco es más que uno; y así nunca será calvo.
Este argumento viene a ser en sustancia lo mismo que el sorites,
éste por síntesis, digámoslo así, y aquél por análisis. También suele
proponerse éste: Quien no tiene pelo es calvo; aquí el raído a navaja no
tiene pelo; luego es calvo. Otros muchos argumentos hay de esta especie,
que trata eruditamente el reverendísimo padre Feijoo.
(158) Se fue, marchó, άπήλθον.
(159) Χαί ρω βιαώτερος ών, παύσασθας. Es la lección y versión de Ambrosio, Estéfano, Aldobrandini, Meibomio,
etc., como la más probable entre la diversidad de variantes acerca de la voz ρω
βοστωμυλτθραν.
(160) Que quiere decir
disputador y contencioso de palabras. |