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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres EPIMÉNIDES - Libro Primero
BIOGRAFÍA DE EPIMÉNIDES
1. Epiménides, según Teopompo y otros muchos, fue hijo de Festio;
según otros de Dosiado; y según otros de Agesarco. Fue cretense,
natural de Gnosa; pero no lo parecía por ir con el pelo largo. Enviólo
una vez su padre a un campo suyo con una oveja y, desviándose del
camino, a la hora del mediodía se entró en una cueva y durmió allí
por espacio de 57 años (67). Despertado después de este tiempo buscó la oveja, creyendo haber
dormido sólo un rato, pero, no hallándola, se volvió al campo; y como
lo viese todo de otro aspecto y aun el campo en poder de otro,
maravillado en extremo, se fue a la ciudad. Quiso entrar en su
casa y, preguntándole quién era, halló a su hermano menor, entonces
ya viejo, el cual supo de su boca toda la verdad. Conocido por esto
de toda Grecia, lo tuvieron todos por muy amado de los dioses.
2. Padecían peste los atenienses, y habiendo respondido la pitonisa
que se lustrase la ciudad, enviaron a Creta con una nave a Nicias,
hijo de Nicérato, para que trajese a Epiménides. Llegó, en efecto,
en la Olimpíada XLVI, expió la ciudad y ahuyentó la peste de la
forma siguiente: tomó algunas ovejas negras y blancas, las condujo
al Areópago y las dejó para que de allí se fuesen a donde
quisiesen, mandando a los que las seguían que donde se echase cada
una de ellas las sacrificasen al dios más vecino al paraje. De esta
manera cesó el daño. Desde entonces se hallan por los pueblos de los
atenienses diferentes aras sin nombre (68) en memoria de la
expiación entonces hecha.
3. Otros dicen que la causa de la peste fue la
maldad de Cilonio; y refieren el modo como se libertó, que fue con
la muerte de los dos
jóvenes Cratino y Ctesibio, con lo cual cesó la calamidad. Los
atenienses le dieron un talento y una nave con que regresar a
Creta; pero él no admitió el dinero, antes hizo confederación entre
los gnosios y atenienses. Murió al poco de volver a su casa, a la edad de
157 años según dice Flegón en
el libro De los que vivieron mucho (69). Los cretenses dicen
que murió a los 299 años, pero Jenófanes Colofón afirma haber oído
decir que 154.
4. Compuso 5.000 versos sobre la generación de los curetes y
coribantos y sobre la de los dioses, y 6.500 sobre la
construcción de la nave Argos y la expedición de Jasón a Colcos.
Escribió también en prosa acerca de los sacrificios y de la república de Creta; como también de Minos y Radamanto hasta unos
4.000 versos. Erigió en Atenas un templo a las Euménides (70),
como dice Lobón Argivo en el libro De los poetas. Dicen fue el
primero que lustró las habitaciones y los campos, y el primero que
fundó templos (71). Hay quien afirma que no durmió, sino que se
entretuvo algún tiempo en cortar raíces. Corre una carta suya a
Solón legislador que trata de la república cretense, ordenada por
Minos: bien que Demetrio de Magnesia en su libro De los poetas y
escritores colombroños o de un mismo nombre se esfuerza en
sostener que esta carta es moderna: no va escrita en dialecto
cretense, sino en ático moderno. Yo he hallado otra carta suya, que es
como sigue:
EPIMÉNIDES A SOLÓN
5. «Buen ánimo, amigo: porque si la invasión tiránica de Pisístrato
hubiese hallado a los atenienses hechos a la servidumbre o sin
buenas leyes, sería largo su dominio; pero como esclaviza a hombres
nada cobardes y que, acordándose de las amonestaciones de Solón,
gimen avergonzados, no tolerarán verse tiranizados. Y aunque
Pisístrato tenga ocupada la ciudad, espero que su imperio no pase a sus hijos; pues es muy difícil perseveren esclavos hombres
que se vieron libres y se gobernaron por leyes excelentes. Tú no te
aflijas, sino vente cuanto antes a estar conmigo en Creta, donde no
tendrás monarca que te moleste; pues si andando vago cayeres en
manos de sus amigos, temo no te venga algún daño.» Hasta aquí la
carta de Epiménides.
6. Dice Demetrio, según escriben algunos, que
Epiménides recibía la
comida de manos de las ninfas y que
la guardaba en una uña de buey: que la iba tomando de allí poco a
poco, de manera que no necesitaba excrementar, y que jamás hubo quien
lo viese comer. Hace también memoria de él Timeo en su segunda (72).
Dicen algunos que los cretenses le ofrecieron sacrificios como a un Dios. Dicen
asimismo que tuvo sumo conocimiento de las cosas venideras; pues
habiendo visto en Atenas el puerto de Muniquia, dijo a los
atenienses que «no sabían cuántos daños les había de acarrear el
lugar aquel; pues de saberlo, lo devorarían con sus propios dientes». Esto
predijo tanto tiempo antes de que sucediese.
7. Refieren que él mismo se llamaba Éaco; que predijo a los
lacedemonios habían de ser prisioneros de los arcades, y que
aparentó muchas veces que resucitaba. Escribe Teopompo en su libro
De las cosas admirables que cuando construía el templo de las
ninfas se oyó una voz del cielo que decía: «Epiménides, no lo
dediques a las ninfas, sino a Júpiter». También predijo a los
cretenses el estrago que los arcades habían de hacer en los
lacedemonios, según arriba dijimos; y efectivamente fueron
derrotados junto a Orcómeno. Añade Teopompo que envejeció en tantos
días como años había dormido (73). Mironiano dice en sus Símiles que
los cretenses lo llamaban Curete. Guardan su cuerpo los
lacedemonios, avisados por un oráculo, como asegura Sosibio
Lacedemonio. Hubo otros dos Epiménides: el uno escritor de
genealogías, y el otro de la Historia de Rodas en dialecto dórico.
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(67) Plinio, lib. VII, cap. LII, dice lo mismo por estas palabras: «La cual
(fábula) se cuenta de Epiménides Gnosio, en una cosa semejante. Dicen que
siendo muchacho, cansado del camino y calor, se entró en una cueva, donde durmió
57 años; y que después le causó grande admiración la mudanza que halló en las
cosas, creyendo que se había despertado al día siguiente. Después en solo 57
días se hizo viejo; pero prolongó su vida hasta los 157 años.» Plutarco y Varrón
dicen que sólo durmió 50 años; Pausanias, 40.
(68) Βωμούς άνωνύμους. Una de éstas pudo ser la que vio San Pablo, como se dice en los
Actos de los Apóstoles, cap. XVII, .v. 23. Hace también memoria de ellas
Pausanias, lib. I, cap. I, y lib. V, cap. XIV; y Luciano en el Diálogo
Φιλόπάϊρις.
(69) Existe todavía de esta obra de Flegón (que fue liberto del emperador
Adriano) un fragmento de la Historia de las Olimpiadas, en la cual
habla de las tinieblas acaecidas en la muerte de nuestro redentor; y alguna
otra cosilla.
(70) Τό ίερόν τώνισεμνών θεών. Es muy probable que Vitrubio, lib. V, cap. IX, por porticus Eumenici
(léase Eumenicæ) quiso entender los pórticos de este templo, como
muy anchos y espaciosos. En mis Comentarios a Vitrubio no tuve
presente este lugar de Laercio; ni hallo quien lo haya advertido hasta
ahora.
(71) Sería fácil demostrar por la historia que los atenienses tuvieron
templos antes de Epiménides; y, por consiguiente, es falso lo que dice
Laercio. San Clemente Alejandrino en su Exhort. a los gentiles
dice que Epiménides fundó en Atenas templos a la Contumelia y a la
Impudicia.
(72) έν τή δευτέρά. El texto no dice más, y no es fácil averiguar qué segunda obra
era ésta de Timeo, ni aun qué Timeo sea éste, habiendo habido muchos.
(73) En 57 días, como arriba dijimos.
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