TORRE DE BABEL EDICIONES HISTORIA DE LA FILOSOFÍA DICCIONARIO DE FILOSOFÍA RAZÓN VITAL BIOGRAFÍAS Y SEMBLANZAS Diccionario filosófico
Portal de Filosofía,  Psicología y Humanidades Explicación de la filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios... Breve definición de los términos y conceptos filosóficos más importantes

Foro telemático dedicado a José Ortega y Gasset

Vidas y referencias biográficas de  pensadores, filósofos y personajes ilustres

de Voltaire
!Nuevos materiales¡

 

BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO - Catálogo


VIDAS, OPINIONES Y SENTENCIAS DE LOS FILÓSOFOS MÁS ILUSTRES

Diógenes Laercio - Índice general



 

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                            EPICURO - Libro Décimo

 

Google
 

EPICURO (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12)

(opiniones de Epicuro)

Carta de Epicuro a Herodoto 2

35. «Conviene, pues, juzgar que cuando entra alguna cosa externa en nosotros, vemos sus formas y las percibimos con la mente. Ni las cosas externas pueden descubrirnos su naturaleza, su color y su figura de otro modo que por el aire que media entre nosotros y ellas; o bien por los rayos o por cualesquiera emisiones o efluvios que de nosotros parten a ellas. Así que nosotros vemos viniendo de las cosas a nosotros ciertos tipos o imágenes de los colores y formas semejantes, arregladas a una proporcionada magnitud, y entrándonos brevísimamente en la vista o en el entendimiento. Después, cuando volvemos la fantasía por la misma causa de uno y continuo, y conservamos la simpatía del sujeto según la conmensurada fijación nacida de allí y de la plasmación de los átomos según la profundidad en el sólido, y la imaginación que concebimos claramente por el entendimiento, por los órganos sensorios, sean de forma, sean accidentes; ésta es la forma del sólido, engendrada según la densidad sobrevenida, o sea el vestigio remanente de la imagen.

36. »En lo que opinamos hay siempre falsedad y error cuando por testimonio no se confirma o por testimonio se refuta: y no atestiguado después según el movimiento que persevera en nosotros de la accesión fantástica o imaginaria, por medio de cuya separación se comete el engaño. La semejanza de los fantasmas recibidos como imágenes, ya sea en sueños, ya por cualesquiera otras acepciones de la mente, ya por los demás sentidos, no estarían donde están, ni se llamarían verdaderas si no fuesen algo, a saber, aquello a que nos dirigimos o arrojamos. Ni habría error si no recibiésemos también algún otro movimiento en nosotros mismos, unido sí, pero que tiene intervalo. Según este movimiento unido (bien que con intervalo) a la accesión fantástica, si no se confirma con testimonio, o si con testimonio se contradice, se hace la falsedad o mentira; pero si se confirma con testimonio, o con testimonio no se refuta, se hace la verdad. Importa, pues, mucho retener esta opinión, a fin de que ni se borren los criterios acerca de las operaciones, ni el error confirmado igualmente lo perturbe todo.

37. »La audición se hace siendo llevado algún viento de voz o de ruido que de algún modo prepare la pasión acústica o auditiva. Esta efusión se esparce en partículas de igual mole, que conservan consigo cierta mutua simpatía, unidad y virtud propia, la cual penetra hasta donde se envían o dirigen, y por lo regular es causa de que el otro sienta o perciba. Pero si no, prepara por lo menos lo externo solamente, pues sin dimanar de allí alguna simpatía, ciertamente no se haría semejante percepción. Así que no conviene creer que es el aire quien recibe la impresión de la voz (o de otras cosas) que viene, pues sufrirá muchos defectos en el padecer esto por ella; sino que la percusión que nos da la voz despedida se hace por ciertas partículas o moléculas de la efusión aérea capaces de obrarla, la cual nos prepara la pasión acústica. Lo mismo es del olfato que de la audición, pues nunca operaría esta pasión si no hubiera ciertas moléculas dimanadas de las cosas conmensuradas a mover el órgano sensorio. Algunas de ellas andan perturbada e inapropiadamente; otras ordenada y propiamente.

38. »Se ha de suponer que los átomos no traen cualidad alguna de cuanto aparece, excepto la figura, gravedad, magnitud y demás cosas que necesariamente se siguen a la figura (728), pues toda cua1idad se muda; pero los átomos no se mudan, porque es preciso que en las disoluciones de los concretos quede alguna cosa sólida e indisoluble, la cual no se mude en lo que no es, ni de aquello que no es, sino según la transposición en muchas, y en algunas según la accesión y retrocesión. Así que es preciso que las inmutables sean incorruptibles y no tengan naturaleza de cosa mudable, sino corpúsculos y figuraciones propias. Es necesario, pues, que permanezcan. Y en las cosas que en nosotros voluntariamente se transforman, se recibe la figura que en ellos permanece; pero las cualidades que no están en lo que se muda no quedan con ella, sino que de todo el cuerpo se aniquilan y destruyen. Pueden, pues, las cosas que restan hacer suficientemente diversas concreciones, ya que es preciso queden algunas cosas y no todas paren en el no ser.

39. »No se ha de creer que en los átomos hay magnitud absoluta (729), pues acaso lo que aparece podría atestiguar lo contrario; sino que hay ciertas mutaciones el las magnitudes. Siendo esto así, se podrá mejor dar razón de las cosas que se hacen según las pasiones y sentidos. El tener los átomos magnitud absoluta o sensible (730) de nada serviría a las diferencias de las cualidades. Además, que si la tuvieran, los átomos se nos presentarían visibles, lo cual no vemos acontezca, ni podemos concebir cómo pueda el átomo hacerse visible. Añádase a esto que no se debe juzgar que en un cuerpo finito haya infinitos corpúsculos y de cualquiera tamaño. Y así, no sólo se debe quitar la sección o división en infinito de mayor en menor (a fin de no debilitar todas las cosas, y luego nos veamos obligados con la comprensión a extenderlas, como se hace con la comprensión de muchos corpúsculos agregados), sino que ni se ha de tener por dable la transición de las cosas finitas en infinitas, aun de mayor a menor. Ni tampoco luego que se dice que una cosa tiene infinitos corpúsculos o de cualesquiera tamaños, se puede entender claramente cómo esta magnitud puede ser también finita, pues cuando los corpúsculos tienen cantidad cierta, es evidente que no son infinitos; y al contrario, siendo ellos de magnitud determinada, lo sería también la magnitud misma, siendo así que su extremidad es de tenuidad infinita (731). Y si esta extremidad no se ve por sí misma, no hay modo de entender lo que desde ella se sigue; y siguiendo así en adelante, será fuerza proceder en infinito con la mente.

40. »Débese también considerar en lo mínimo (732) que hay en el sentido, que ni es tal como lo que tiene mutaciones, ni tampoco del todo desemejante, sino que tiene algo de común con las digresiones; pero no tiene intervalo de partes. Y cuando por la semejanza de comunión creemos haber comprendido algo de él, prescindiendo de una y otra parte, precisamente hemos de incidir en igualdad. Luego contemplamos estas cosas comenzando de lo primero; y no en sí mismo, ni porque une partes a partes, sino en la propiedad de éstas, la cual mide sus magnitudes, mucho las grandes y poco las pequeñas. Por esta analogía se ha de juzgar el uso de la pequeñez o mínimo del átomo, pues consta que en pequeñez se diferencia de lo que vemos por el sentido, pero usa de la misma analogía. Y que el átomo tenga magnitud por dicha analogía lo hemos argüido, dándole pequeñez solamente, excluyendo la longitud. Más: se ha de juzgar que las longitudes tienen sus confines mínimos, pero no confusos, los cuales por sí mismos proporcionan dimensión a los átomos mayores y menores, por la contemplación del raciocinio en las cosas visibles; pues lo que tienen de común con los inmutables basta para llegar a perfeccionar lo que son hasta entonces.

41. »La conducción unida (733) de los que tienen movimiento no puede hacerse; y de lo infinito, sea supremo o ínfimo, no se ha de decir que está arriba o abajo, pues sabemos que si lo que se entiende estar sobre la cabeza lo suponemos procedente en infinito, nunca se nos manifestará; ni lo que está debajo de lo así entendido será tampoco infinito a un mismo tiempo hacia arriba y hacia abajo, pues esto no puede entenderse. Así que de la conducción o progreso en infinito sólo se ha de concebir una hacia arriba y otra hacia abajo; aunque infinitas veces lo que nosotros llevamos hacia lo que está sobre nuestra cabeza llega a los pies de las cosas superiores, o bien a las cabezas de las inferiores lo que llevamos hacia abajo. Con todo, el movimiento universal opuesto uno a otro se entiende en infinito.

42. »Es también preciso tengan los átomos igual velocidad cuando son llevados por el vacuo sin chocar con nadie (734), pues suponiendo que nada encuentran que les obste, ni los graves corren más que los leves, ni los menores más que los mayores, teniendo todos su conducto conmensurado o proporcionado (735), y no hallando tampoco quien les impida ni el llevamiento o movimiento superior, ni el oblicuo por los choques, ni el inferior por los pesos propios. En cuanto uno retiene a otro, en tanto tendrá movimiento, unido a la mente e inteligencia, mientras que nada se le oponga o extrínsecamente, o por el propio peso, o por la fuerza del que choca. Aun las concreciones hechas no serán llevadas una más velozmente que otra, siendo los átomos iguales en velocidad, por ser llevados a un lugar mismo los átomos de tales concreciones, y en tiempo indivisible. Pero si no van a un lugar mismo, irán en tiempo considerado por la razón, si son o no frecuentes sus choques, hasta que la misma continuación del llevamiento los sujete a los sentidos.

43. »Lo que opinan juntamente acerca de lo invisible, a saber, que los tiempos que se han de considerar por la razón deben tener movimiento perenne, no es verdadero en nuestro asunto, pues todo lo que se ve, o lo que por accesión recibe la inteligencia, es verdadero. Después de todo esto conviene discurramos del alma en orden a los sentidos y a las pasiones, pues así tendremos una solidísima prueba de que el alma es cuerpo compuesto de partes tenuísimas, difundida por toda la concreción o conglobación, pero muy semejante a espíritu, que tiene temperamento cálido, de un modo parecido a éste, de otro modo parecido a aquél. En particular recibe muchas mutaciones por la tenuidad de sus partes, y aun por las partes mismas; pero ella tiene más simpatía con la concreción suya que con toda la restante. Todo esto lo declaran las fuerzas del alma, las pasiones, los movimientos ligeros, los pensamientos y demás cosas, las cuales, si nos fallan, morimos.
 

__________

(728) Meibonio dice que el color es una de éstas.
(729) Como en la nota 725.
(730) También aquí como en dicha nota 725.
(731) Lucrecio, lib. l, v. 593, dice:

Tum porro, quoniam extremum cujusque cacumen
corporis est aliquod nostri quod cernere sensus
jam nequeunt, id nimirum sine partibus extat,
et minima constat natura...

(732) Lucrecio, lib. I, v. 749:

Nec prorsum in rebus Minimum consistere quiequam:
Cum videamus id extremum cujusque cacumen
esse, quod ad sensus nostros Minimum esse videtur,
conjicere ut possis ex hoc, quod cernere non quis
extremum quod habent, Minimum consistere rebus.

(733) συμφόρησις, esto es, el llevarse consigo lo que es movido, a otro que no lo era.
(734) Lucrecio, lib. II, v. 238:

Omnia quapropter debent per inane quietum
aeque, ponderibus non aequis concita ferri.

(735) Lucrecio, lib. II, v. 397:

Singula per cujusque foramina permeare.

 

EPICURO (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9) (10) (11) (12)

Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres                            EPICURO - Libro Décimo

 

 

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición: Isabel Blanco