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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres EPICURO - Libro
Décimo
BIOGRAFÍA DE EPICURO (1)
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1. Epicuro, hijo de Neocles y Cherestrata, fue natural de Gargetto, pueblo del
territorio de Atenas, y descendiente de la familia de los Filaidas, como dice
Metrodoro en el libro De la nobleza. Otros, con Heráclito en el Epítome de
Soción, dicen que como los atenienses sorteasen los colonos que debían ir a
Samos, fue educado allí, y a los dieciocho años de edad pasó a Atenas en tiempo
que Jenócrates enseñaba en la Academia y Aristóteles en Calcide. Que muerto
Alejandro Macedón, y decaídos los atenienses reinando Perdicas, se fue a
Colofón, donde vivía su padre. Que habiendo estado allí tiempo y juntado
discípulos, regresó a Atenas bajo de Anaxicrates, donde filosofó algún tiempo
juntamente con otros; pero luego estableció secta propia llamada de su nombre.
Según él mismo dice, se dedicó a la filosofía a los catorce años de edad.
Apolodoro Epicúreo, en el libro primero de la Vida de Epicuro, dice se
dio a la filosofía en persecución de los sofistas y
gramáticos, por no haber sabido explicar a uno de ellos lo que significa en
Hesíodo la voz χάους (chaous). Y Hermipo asegura que fue primero maestro de
escuela; pero después, habiendo visto por acaso dos libros de Demócrito, se
entregó a la filosofía, y que por esto dijo Timón de él:
De Samos ha salido
el físico postrero, el impudente,
el maestro de niños,
el más duro y brutal de los mortales.
2. Por exhortación suya filosofaban también con él sus tres hermanos, Neocles, Queredemo
y Aristóbolo: así lo dice Filodemo Epicúreo en el libro X de su Catálogo de los
filósofos. Hasta un esclavo suyo llamado Mus filosofó con él, como lo dice
Mironiano en sus Capítulos históricos. Siendo enemigo suyo Diotimo Estoico, lo
vulneró amarguísimamente, publicando con nombre de Epicuro 50 cartas
impúdicas y escandalosas; como también las referidas a Crisipo, ordenándolas
como si fuesen del mismo Epicuro. Aun Posidonio Estoico, Nicolao, Soción en la
duodécima de las tituladas Demostraciones diócleas, la cual versa sobre la
carta 24, y Dionisio Halicarnaseo, son sus perseguidores.
3. Dicen que andaba con su madre girando por las casucas y habitaciones
populares recitando versos lustratorios, y que enseñó las primeras letras con
su padre, por un estipendio bajísimo. Que prostituyó a uno de sus hermanos, y
que él se servía de la meretriz Leontio. Que se arrogó los escritos de
Demócrito acerca de los átomos y los de Aristipo acerca del deleite. Que no fue
ingenuo ni legítimo ciudadano, como lo dicen Timócrates y Herodoto en el libro
De la pubertad de Epicuro. Que en sus cartas aludió indignamente a Mitres,
mayordomo de Lisímaco, llamándolo Apolo y rey. Que ensalzó y aduló a Idomeneo, a
Herodoto y a Timócrates, que habían explicado sus dogmas hasta entonces
oscuros; y lo mismo hace en las cartas a dicho Leontio, por estas palabras: «¡Oh
Apolo rey, amado Leontillo, cuán grande alegría y conmoción llenó mi ánimo leída
tu pequeña carta!» Y a Temista, mujer de Leonteo, le dice: «Estoy resuelto a ir
corriendo a cualquiera parte que me llaméis vosotros y Temista, caso que vosotros
no vengáis a verme.» Que a Pitocles, que era muy hermoso, le dice: «Aquí estaré
sentado esperando tu ingreso divino y amable.» Que en otra carta a Temista cree
persuadirla, como dice Teodoto en el libro IV Contra Epicuro. Que escribía a
otras muchas amigas, singularmente a Leontio, a la cual amaba Metrodoro.
4. Que en su libro Del fin, escribe así: «Yo ciertamente no tengo cosa alguna
por buena, excepto la suavidad de los licores, los deleites de Venus, las
dulzuras que percibe el oído y las bellezas que goza la vista.» No menos
Epicteto lo llama petulante en el hablar, y lo reprende en extremo. Timócrates,
hermano de Metrodoro y discípulo suyo, después de haber abandonado su
escuela, dice en sus libros De la alegría que Epicuro vomitaba dos veces al día
por los excesos del lujo y molicie; añadiendo que aun él apenas se había podido
escapar de aquella filosofía nocturna y secreto conventículo. Que Epicuro
ignoró muchas cosas acerca de la oración, y muchas más en el gobierno de la
vida. Que era tan miserable la constitución de su cuerpo, que en muchos años no
pudo levantarse de la silla. Que cada día gastaba una mina en la mesa, como
dice él mismo en su carta a Leontio y en las que escribió a los filósofos de
Mitilene. Que a él y a Metrodoro concurrían también las meretrices
Marmario, Hedía, Erocio, Nicidio y otras.
5. Que en sus treinta y siete libros de Física dice muchísimas cosas de éstas, y
contradice en ellos a muchísimos, singularmente a Nausifanes, hablando así:
«Tuvo éste más que ningún otro una jactancia sofística, como que paría por la
boca, semejante a la mayor parte de los esclavos.» Y que en sus cartas dice
también de Nausifanes: «Estas cosas lo arrebataron al exceso de maldecirme y
llamarse mi maestro.» Llamábalo además «pulmón, iliterato, engañoso y bardaja».
Que a los discípulos de Platón los llamaba «aduladores de Dionisio»; al mismo
Platón le daba el epíteto de «áureo»; y a Aristóteles lo llamó «un perdido,
porque habiendo malgastado todos sus haberes, tuvo que darse a la milicia, y
aun a vender medicamentos». Que a Protágoras lo llamaba «Faquín, escribiente de
Demócrito, y hombre que enseñaba a leer y escribir por los cortijos.» A
Heráclito, «confundidor»; a Demócrito, «Lerócrito» (704); a Antidoro, «Sainidoro»;
a los cirenaicos, «enemigos de Grecia»; a los dialécticos, «demasiado
envidiosos»; y a Pirrón, «indocto y sin educación alguna».
6. Pero todos éstos ciertamente deliran, pues hay muy bastantes que
atestiguan
la ecuanimidad de este varón invicto para con todos: su patria, que lo honró con
estatuas de bronce; sus amigos, que eran en tan gran número que ya no cabían en
las ciudades; todos sus discípulos, atraídos de sus dogmas como por sirenas,
excepto Metrodoro Estratonicense, que se pasó a Carnéades, acaso porque le era
gravosa su benignidad constante; la sucesión de su escuela, la cual permanece
sin interrupción de maestros a discípulos, cuando todas las otras han acabado;
su gran recogimiento y mucha gratitud a sus padres, beneficencia con sus
hermanos y dulzura con los criados (como consta en sus testamentos), algunos de
los cuales estudiaron con él la filosofía, y de cuyo número fue el tan
celebrado Mus arriba nombrado.
7. Su piedad para con los dioses, su amor a la patria y el afecto de su ánimo
son imponderables. Su extrema bondad y mansedumbre no lo dejaron entrar en
asuntos de gobierno. Afligida la Grecia por las calamidades de los tiempos,
siempre se mantuvo en ella, excepto dos o tres veces que pasó a diferentes
lugares de la Jonia a ver a sus amigos, que de todas partes concurrían a
visitarlo y aun a quedarse con él en el jardín que había comprado por ocho
minas, como dice Apolodoro. Vivían éstos, según escribe Diocles en el libro III
de su Excursión, de comestibles sumamente baratos y simples, «pues se contentaba, dice, con una cótila (705) de vino común (706), y cualquier agua les servía
de bebida.» Epicuro no establecía la comunidad de bienes como Pitágoras, el
cual hacía comunes las cosas de los amigos; pues esto es de personas poco
fieles, y entre éstas no puede haber amistad. Él mismo escribe en sus cartas
«que tenía lo suficiente con agua y pan bajo». Y «envíame, dice, queso citridiano, para poder comer con mayor abundancia cuando quisiere». Tal era la
vida de éste que dogmatizaba ser el deleite el fin del hombre y de quien Ateneo
canta así en un epigrama:
«Mortales, ¡oh mortales!
Por lo peor lidiáis y más nocivo.
Un insaciable lucro
a guerras os despeña y contenciones.
Cortos hizo Natura los espacios
de la riqueza humana;
y del vano deseo los confines
interminables son y desmedidos.»
Esto decía el hijo de Neocles
sabia y prudentemente,
habídolo de boca de las musas
o de los sacros trípodes de Pitio.
Esto constará todavía más adelante por sus dogmas y palabras.
8. Diocles dice que de los antiguos tenía en mucho a Anaxágoras (no obstante que
lo contradice en algunas cosas) y a Arquelao, maestro de Sócrates, y que
ejercitaba a sus discípulos hasta que aprendiesen de memoria sus escritos.
Apolodoro dice en las Crónicas que sus maestros fueron Lisifanes y Praxifanes,
pero él no lo dice; antes en la Carta a Eurídico asegura fue discípulo de sí
mismo. Y añade que ni él ni Hermaco dicen hubiese existido jamás el filósofo
Leucipo, no obstante que Apolodoro Epicúreo y otros aseguran fue maestro de
Demócrito. Y Demetrio de Magnesia dice que Epicuro había sido discípulo de Jenócrates.
9. Usa en cada cosa un lenguaje muy propio y autorizado, al
cual censura como demasiado propio el gramático Aristófanes. Efectivamente, era
tan claro, que en el libro de la retórica nada inculca más que la claridad de
los discursos. En las cartas, en vez de χαιρεν (chairein) alegrarse o gozarse,
ponía εΰ πραάττειν (eu prattein), obrar bien; y σπουδαίως
ζήν άριστον
(spoudaios zein ariston), el vivir honestamente es óptimo. Otros dicen en la
Vida de Epicuro que escribió un Directorio al trípode de Nausifanes, de quien
afirman fue discípulo, como también que en Samos lo fue de Pánfilo Platónico.
Que empezó a filosofar de edad de doce años, y que regentó la escuela cerca de
treinta y dos. «Nació, dice Apolodoro en las Crónicas, el año III de la
Olimpíada CIX, siendo arconte Sosígenes, el día 7 del mes de Gamelión (707),
siete años después de muerto Platón. A los treinta y dos de su edad tuvo escuela
en Mitilene y Lampsaco, la que duró cinco años; después pasó a Atenas, donde
murió el segundo de la Olimpíada CXXVII, siendo arconte Pitarato, habiendo vivido
setenta y dos años. Sucedióle en la escuela Hermaco Miteleneo, hijo de Agemarco.»
10. Hermaco escribe en sus Cartas que murió de mal de piedra, que le interceptó
la orina, el día catorce de la enfermedad. Y Hermipo dice sucedió su muerte
habiendo entrado en un labro o baño de bronce lleno de agua caliente, pedido
vino puro para beber, y exhortado los amigos a que se acordasen de sus dogmas. Mis versos a él son
éstos:
«Adiós, y recordaos de mis dogmas.»
Esto dijo Epicuro a sus amigos
en su postrer aliento.
Metióse luego en el caliente labro.
sorbió un poco de mero, y detrás déste
bebió las frías aguas del Leteo.
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(704) Esto es, cegato o cegajoso.
(705) La cótila contenía cerca de media libra de agua, como ya dijimos en otro lugar.
(706) Οίνιδίου, vinillo, como si dijera vino ordinario y vil.
(707) Enero.
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