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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
DIÓGENES - Libro Sexto
DIÓGENES (1)
(2)
(3)
(4)
(OPINIONES de Diógenes)
23. Decía que «los hombres buenos son imágenes de los dioses»; y
el amor «ocupación de desocupados». Preguntado qué cosa es miserable en esta vida,
respondió: «El viejo pobre». Preguntado también qué animal muerde más perniciosamente,
respondió: «De los bravíos, el calumniador; de los domados, el adulador». Habiendo en
una ocasión visto dos centauros muy mal pintados, dijo: «¿Cuál de éstos es Quirón?» (386).
Decía que «una oración hecha para conseguir favores es un dogal almibarado». Al vientre
lo llamaba «Caribdis de la vida». Sabiendo que Dídimo había sido preso por adúltero, dijo:
«De su propio nombre es digno de que lo cuelguen» (387). Preguntado por qué causa es el oro
de color pálido, respondió: «Porque tiene muchos que lo buscan» (388). Viendo a una mujer
en silla de manos, dijo: «No es la jaula ajustada a la fiera». Como viese a un esclavo fugitivo
que estaba sentado junto a un pozo, le dijo: «Mozo, mira no caigas». Viendo en los
baños un muchacho ladroncillo de ropa, le dijo: «¿Vienes por algún poco de
ungüento o de ropa?» (389).
24. Habiendo visto una vez unas mujeres ahorcadas en un olivo, dijo: «¡Ojalá
que todos los árboles trajesen este fruto!» Viendo a uno que solía robar las
vestiduras de los muertos, le dijo:
«¿A qué venís, amigo? ¿Por ventura
pretendes desnudar algún difunto?» (390)
Preguntado si tenía algún criado o criada, dijo que no; y replicándole que quién
lo llevaría al sepulcro cuando muriese, respondió: «El que necesite de casa».
Habiendo visto a un joven muy hermoso que dormía sin que nadie lo cuidase, lo
despertó diciéndole: «Levántate,
No sea que durmiendo
por detrás con su dardo alguien te hiera» (391)
A uno que prevenía muchos y preciosos comestibles, le dijo:
Presto, hijo, morirás, que tanto compras.
Disputando Platón acerca de las ideas, y usando de las voces mesalidad y
vaseidad, dijo: «Yo, oh Platón, veo la mesa y el vaso; pero no la mesalidad ni
la vaseidad». A esto respondió Platón: «Dices bien; pues tienes ojos con que se
ven el vaso y la mesa, pero no tienes mente con que se entiende la mesalidad y
vaseidad». Preguntado por uno quién le parecía que había sido Sócrates,
respondió: «Un loco». Preguntado cuándo deben casarse los hombres, respondió:
«Los jóvenes todavía no; los viejos nunca». Preguntándole uno qué quería, y
dejarse dar una bofetada, respondió; «Un morrión». Visto un mocito que se
adornaba mucho, le dijo: «Si lo haces por los hombres, es inútil; si por las
mujeres, malo». Viendo a un otro joven a quien le salían los colores al
rostro, le dijo: «Ten ánimo, que ése es el color de la virtud».
25. Habiendo una vez oído a dos abogados, los condenó a entrambos diciendo: «El
uno nada ha quitado; el otro nada ha perdido». Preguntado qué vino le gustaba
más, respondió: «El ajeno». A uno que le decía: «Muchos se burlan de ti», le
respondió: «Pero yo no soy burlado». A otro que decía que el vivir es malo, le
dijo: «No el vivir, sino el vivir mal». A los que lo instaban a que buscase un
esclavo que se le había huido, les respondió: «Cosa es ridícula que pudiendo
Manes vivir sin Diógenes, no haya Diógenes de poder vivir sin Manes». Estando
comiendo aceitunas, como le sacasen una torta, arrojó las aceitunas, diciendo:
Cede al momento, oh huésped,
a los tiranos el lugar que ocupas (392).
Y aun añadió:
Azotó la aceituna (393).
Preguntado qué raza de perro era la suya, respondió: «Cuando hambriento,
melitense (394); cuando harto, molósico. También soy de aquellos perros que
muchos alaban, pero por el trabajo no se atreven a salir con ellos a caza; y
así, ni conmigo podéis vivir por miedo de los trabajos».
26. Preguntado si los sabios comen tortas, respondió: «De todo, como los demás
hombres». Siendo igualmente preguntado por qué los hombres socorren a los
mendigos y no a los filósofos, dijo: «Porque ser cojos y ciegos bien lo
esperan; pero hacerse filósofos no lo esperan». Estaba pidiendo a un avaro, y
como éste se excusase, le dijo: «Hombre, para comer te pido, no para el
sepulcro». Objetándole uno el que había hecho moneda falsa, le dijo: «Hubo un
tiempo en que era yo tal cual tú ahora; pero cual yo soy ahora, no serás tú nunca».
Culpándolo otro sobre lo mismo, dijo: «También antes (395) me meaba encima, y
ahora no». Habiendo ido a Mindo, como viese las puertas grandes siendo la ciudad
pequeña, dijo: «¡Oh varones mindios!, cerrad las puertas, no sea que la ciudad se
salga por ellas».
27. Habiendo una vez visto a un ladrón de púrpura cogido en el hurto, dijo:
Una purpúrea muerte (396),
y una Parca violenta lo cogieron.
Rogándole Crátero se viniese a vivir con él, respondió: «Mas quiero yo lamer
sal en Atenas que disfrutar con Crátero mesas abundantísimas». Habiendo ido a
ver al retórico Anaxímenes, que era muy recio de cuerpo, dijo: «Danos
también a nosotros pobres un poco de tripa, y con eso tú te aligerarás y a
nosotros nos serás útil». Disputando en cierta ocasión el mismo Anaxímenes,
levantó Diógenes en alto un pedacito de pescado salado (397), con lo cual se le
volvió el auditorio, y como Anaxímenes se indignase, dijo Diógenes: «Un óbolo
de pescado salado disolvió la disputa de Anaxímenes». Notándole una vez de que
comía en el foro, respondió: «En el foro me cogió el hambre».
28. Dicen algunos que es suyo lo siguiente: habiéndole visto Platón lavando
unas hierbas, se le acercó y le dijo: «Si sirvieras a Dionisio, cierto no lavarías
hierbas»; mas él, acercándosele también, le respondió: «Y si tú lavaras
hierbas, seguramente no sirvieras a Dionisio». A uno que le dijo que muchos se
reían de él, le respondió: «Y acaso de ellos los asnos; pero ni ellos se cuidan
de los asnos ni yo de ellos». Viendo a un joven que filosofaba, le dijo:
«¡Grandemente!, tú induces a los adoradores del cuerpo a la belleza del alma».
Admirando uno los muchos votos que había en Samotracia, dijo: «Muchos más
habría si también los hubieran puesto los que perecieron». Algunos atribuyen
esto a Diágores Melio (398).
29. A un joven hermoso que iba a un banquete, le dijo: «Peor volverás»
(399). Como éste volviese al día siguiente y le dijese: «Fui y no volví peor»,
le respondió: «Si peor no, más laxo sí» (400). Pedía algo a un hombre duro, y
como éste le dijese: «Si me lo persuadieres», le respondió: «Si yo pudiera
persuadirte algo, te persuadiría que te ahogaras». Volvía de Lacedemonia a Atenas,
y como uno le preguntase de dónde venía y adónde iba, respondió: «Vengo de los hombres
y voy a las hembras» (401). Volviendo de los Juegos Olímpicos le preguntó uno si había
concurrido mucha gente, a que respondió: «Gente mucha; hombres pocos». Decía
que «los voluptuosos son semejantes a las higueras que nacen en los
despeñaderos, de cuyo fruto no goza el hombre, sino que se lo comen cuervos y buitres».
Habiendo Friné (402) dedicado en Delfos una Venus de oro, Diógenes le puso esta
inscripción: SE HIZO DE LA INCONTINENCIA DE LOS GRIEGOS. Viniendo una vez a él
Alejandro y diciéndole: «Yo soy Alejandro, aquel gran rey», le respondió: «Y yo
Diógenes el can». Preguntado qué hacía para que lo llamasen can, respondió:
«Halago a los que dan, ladro a los que no dan, y a los malos los muerdo».
30. Cogía higos de una higuera, y como el guarda le dijese: «De ella hace poco
se colgó un hombre», respondió: «Pues yo la dejaré pura». Viendo que un
olimpiónico miraba mucho a una ramera, dijo: «He aquí el carnero belicoso cómo
es llevado del cuello por una muchacha vulgar». Decía que las meretrices
hermosas son semejantes al vino-miel envenenado (403). Comiendo una vez en el
foro, las gentes que estaban allí lo llamaron perro repetidas veces; pero él les
decía: «Vosotros sois los perros, que estando yo comiendo me estáis alrededor».
Como dos muy afeminados se escondiesen de él, les dijo: «No temáis, que el perro
no come acelgas». Como le preguntasen de dónde era cierto muchacho estuprado,
respondió: «De Tegea» (404). Habiendo visto que uno que había sido palestrita
muy flojo profesaba medicina, le dijo: «¿Qué es esto? ¿Ahora vences tú a los
que te vencieron en otro tiempo?» Viendo al hijo de una meretriz que tiraba una
piedra a la gente, le dijo: «Mira no des a tu padre». A un muchacho que le
enseñaba una espada que le había dado su amante, le dijo: «La espada es bella,
pero el puño feo» (405). Alabando algunos a quien le había dado socorro, dijo:
«¿Y no me alabáis a mí que soy digno de recibirlo?» Como uno le pidiese el
palio que le había prestado, dijo: «Si me hiciste gracia de él, lo tengo; si para
usarlo, lo uso». Un bastardo prohijado (406) le dijo que tenía oro en el palio, a que
respondió: «Verdad es: por eso duermo sobre él».
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(386) Juego de palabras que en un sentido dicen: ¿Cuál de estos dos es el centro Quirón?, y en otro:
¿Cuál de éstos es peor?, pues χείρων significa también peor.
(387) Digno es de que lo cuelguen de su nombre, ex didimis.
(388) Quia multos habet insidiatores. ΄Ότέ πολλούς έχει τούς έπι
βονλεύοντας.
(389) Es otro juego de palabras entre άλειμάτιον, ungüentillo o uncioncilla, y
άλλ΄ιμάτιον, otra ropa o vestidura.
(390) Es el verso 343 del lib. X de la Ilíada, repetido al v. 387 del mismo libro.
(391) Es el verso 95 del lib. VIII de la Ilíada, algo trovado o acomodado al caso presente.
(392) Es el verso 40 de las Fenisas de Eurípides.
(393) También éste es medio verso de Homero, aplicado a significación diversa. Hállase en la Ilíada, lib. V, v. 366 y
se repite en el lib. VIII, v. 45.
(394) Es más probable quiso significar la inclinación de los perros de Malta, no obstante que hubo otra Mélite. También parece
que hay aquí un equívoco, pues μελιταιόν χυνίδιον llaman también al perrito falderito y de recreo.
Molósico, esto es,
mordedor y fiero, como los de Molosia.
(395) Esto es, cuando era infante. Καί γάρ ένεούρουν θχττον΄ άλλά νϋν, οϋ. Aquí
θχττον significa antea, olim, quondam, y no celerius,
como algunos entendieron, quitando toda la gracia a la respuesta.
(396) Es el verso 83 del lib. V de la Ilíada.
(397) Τάριχος.
(398) Efectivamente, Cicerón, lib. III, De nat. Deor., lo atribuye a Diágoras, y pone la respuesta misma. Samotracia es isla
pequeña del mar Egeo, cercana al Quersoneso. Había allí una cueva en donde sacrificaban a Hécate.
Suidas.
(399) Χείρωνέπανίξεις; Quirón volverás; y también: Peor volverás.
Χείρων significa un centauro que hubo ebrio y vinoso, llamado Eurutión; y
asimismo significa peor. Véase la nota 386.
(400) Eurutión significa en parte amplior, laxior.
(401) Εχ τής ανδρωνίτιδυς είς τήν γυνατχωνίτιν. Del cuarto o pieza de los hombres al de las mujeres.
(Vitrubio, lib. VI, cap. X.)
(402) Fue una célebre ramera.
(403) Οανασίμψ, lethali.
(404) Juego de palabras. Tegea era una ciudad de Arcadia, y tegos significa el lupanar.
(405) Es un equivoco de la palabra χα βή, que significa mango o puño, y también dádiva o don recibido.
(406) ύπο βολιμαίον τινός έιπόντος άυτώ. Supposititio quodam ipsi dicente,
etc.- Véase Suidas en dicha voz. Consta que éstos solían prohijarse ad poederantiam; en cuyo caso pudo haber
mayor malicia de lo que parece en la respuesta de Diógenes.
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