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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres
DEMETRIO - Libro Quinto
BIOGRAFÍA DE DEMETRIO
1. Demetrio, hijo de Fanostrato, fue natural de Falera y discípulo de
Teofrasto. Habiendo hablado al pueblo ateniense, lo gobernó por espacio de diez
años, y fue honrado de él con 360 estatuas de bronce, de las cuales muchas eran
ecuestres y puestas en carros y vigas (337), ejecutadas todas en menos de 300 días con la mayor diligencia. Empezó a gobernar la
república, según dice Demetrio de Magnesia en sus Colombroños, cuando Harpalo,
huyendo de Alejandro, se fue a Atenas. Ordenó en su gobierno muchas cosas
utilísimas a la patria, le aumentó las rentas y la ilustró con edificios, por
más que él no era de sangre ilustre, pues según Favorino en el libro I de sus
Comentarios, era de la servidumbre de Conón (338). Vivía con su ciudadana y
noble amiga Lamia, como dice él mismo en el libro I; y en el II asegura que
Cleón se sirvió de él para el nefando. Dídimo escribe en sus Convites que fue
hermoso de cejas, y que cierta meretriz lo llamaba Lampeto. Dicen que habiendo
perdido la vista en Alejandría, se la restituyó Sérapis. Con este motivo
compuso himnos a Apolo que todavía se cantan. Siendo como era celebradísimo
entre los atenienses, no obstante lo derribó la envidia, que todo lo devora,
pues perseguido por asechanzas de algunos, fue sentenciado a pena capital
hallándose ausente. No pudieron cogerlo; pero vomitaron su veneno en el bronce,
derribando sus estatuas, de las cuales unas las vendieron, otras las sumergieron
y otras las quebrantaron para hacer de ellas orinales, como dicen algunos.
Solamente quedó libre una en la Roca. Favorino dice en su Historia varia
que esto lo ejecutaron los atenienses por orden del rey Demetrio. Según el mismo
Favorino, aun acusaron de ilegítimo su principado. Hermipo dice que después de la
muerte de Casandro, por temor de Antígono, se fue a Tolomeo Sotero, y que habiendo
estado allí mucho tiempo, aconsejó a Tolomeo entre otras cosas diese el reino a los
hijos que había tenido con Eurídice; mas que no habiendo él asentido a ello, y dada la
diadema al que tenía de Berenice, éste, después de muerto Tolomeo, tuvo a bien
guardarlo preso en la provincia mientras deliberaba lo que debía hacer. Vivió
allí muy caído de ánimo hasta que, estando dormitando un día, lo mordió un áspid
en la mano y murió. Fue enterrado en la prefectura busiriense, junto a Diópolis.
Yo le he compuesto los versos siguientes:
Mató al sabio Demetrio
un áspid venenoso,
no ya vibrando luces,
sino negros infiernos por los ojos.
2. Heráclides, en su Epítome de las sucesiones de Soción, dice que Tolomeo quiso
ceder el reino a Filadelfo, pero él lo disuadió, diciéndole: «Si a otro lo das,
tú no lo tendrás». Cuando lo acusaron en Atenas, faltó poco para ser también
condenado el poeta cómico Menandro, no más que por ser amigo suyo; así lo he
leído, pero lo excusó Telesforo, primo de Demetrio. En la multitud de libros y
número de versos excedió a casi todos los peripatéticos de su tiempo, siendo
igualmente el más docto y perito de todos. Sus escritos son unos de historia,
otros de política, otros de poesía, otros de retórica, otros disertaciones
dichas al pueblo, y otros embajadas. También tiene colecciones de discursos
esópicos y muchas otras obras. Son, pues: cinco libros De las leyes de los
atenienses; dos De los ciudadanos atenienses; dos Del gobierno o
conducción del pueblo; uno De las leyes; dos De Retórica; dos
De la milicia; dos Acerca de la Ilíada; cuatro Acerca de la Odisea;
uno titulado Tolomeo; otro libro Amatorio; otro llamado
Fedondas; otro Medón; otro Cleón; otro Sócrates; otro
Aristómaco; otro Artajerjes; otro Homérico; otro Arístides;
otro Exhortatorio; otro Por la República; otro Sobre el Decenio;
otro De los Jones; otro Sobre Embajadas; otro De la fe (339); otro
De la gracia (340); otro De la fortuna; otro De la magnificencia;
otro De las nupcias; otro De la opinión; otro De la paz; otro De
las leyes; otro De los estudios; otro De la oportunidad; otro titulado
Dionisio; otro Calcídico; otro De la incursión de los Atenienses; otro
De Antífanes; otro Proemio histórico; otro De cartas; otro
Asamblea jurada; otro De la vejez; otro titulado Derechos;
otro Acerca de Esopo, y otro De críos.
3. Su estilo es filosófico e interpolado de nervio y vigor retórico. Habiendo
oído que los ateniense habían derribado sus estatuas, dijo: «Pero no han
derribado la virtud por la cual me las habían puesto». Decía que «las cejas no
son parte de poca entidad, pues pueden oscurecer toda la vida del hombre». No
sólo llamaba «ciegas a las riquezas, sino también a la fortuna que las dirige.
Que cuanto puede el hierro en la guerra, tanto vale la lengua en el gobierno de
la república». Habiendo visto una vez a un joven lujurioso, dijo: «Ve aquí un
Mercurio cuadrado con manto, vientre, genitales y barba» (341). Decía que «a
los hombres soberbios se les debía cortar algo de la altura y dejarlos el
concepto que de sí tienen. Que los jóvenes deben reverenciar en su casa a los
padres, en la calle a todos y en la soledad a sí mismos». Llamaba «amigos a los
que en las prosperidades acuden siendo llamados, y en las calamidades sin
serlo». Esto es lo que parece se le atribuye.
4. Veinte Demetrios hay memorables: el primero fue retórico cartaginés, más
antiguo que Trasímaco; el segundo éste de que hablamos; el tercero un
peripatético bizantino; el cuarto se llamó el Dibujante, por ser pintor,
y fue bastante conocido y hábil; el quinto fue Aspendio, discípulo
de Apolonio Solense; el sexto, Calaciano, que escribió veinte libros de Asia y
Europa; el séptimo, bizantino, que escribió en trece libros el pasaje de los
galos de Europa a Asia, y en otros ocho las cosas de Antíoco y Tolomeo, y el
gobierno de Libia por éstos; el octavo fue sofista, habitante de Alejandría, y
escribió De arte oratoria; el noveno fue gramático adramiteno, apellidado
Ixión por haber hecho, según parece, alguna injuria a Juno; el décimo fue un
gramático cireneo, por apodo Tinaja, varón digno de memoria; el undécimo fue
natural de Escepsis, hombre rico y noble y gran filólogo. Éste promovió al
ciudadano Metrodoro. El duodécimo fue gramático eritreo, hecho ciudadano de
Temno; el décimotercero fue de Bitinia, hijo de Difilo Estoico y discípulo de
Panecio Rodio; el décimocuarto fue retórico de Esmirna. Todos éstos fueron
prosistas, los restantes poetas (342). El primero fue poeta de la comedia
antigua; el segundo, poeta épico, de quien sólo queda lo que dijo contra los
envidiosos, y es:
Menosprecian al hombre mientras vive,
y cuando ya no existe lo desean.
Por un vano sepulcro y simulacro
contienden las ciudades y los pueblos.
El tercero fue natural de Tarso, y escribió sátiras; el cuarto escribió yambos,
y fue hombre mordaz; el quinto fue estatuario, de quien Polemón hace memoria; el
sexto fue poeta misceláneo, y compuso cosas de historia y retórica (343).
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(337) Véase la nota 168 de la vida de Estilpón.
(338) El texto griego, según la puntuación de las ediciones modernas, dice:
Aunque él no era noble (εύγενής); pues era de la servidumbre o familia de
Conón... bien que ciudadana y noble. Cualquiera conocerá que aquí hay
contradicción manifiesta. Además, que sabemos por Eliano que Demetrio
Falereo fu esclavo de Conón. ¿Cómo, pues, sería de familia ciudadana y noble?
Ni esto puede entenderse de la familia, esto es, de la sangre, pues Eliano
declara que era de la familia de servicio, esto es, esclavo, όιχότρι
βα . Por estas
razones me ha parecido forzoso seguir la puntuación de Henr. Estéfano y
Tomás Aldobrandini, que las palabras ciudadana y noble las
unen al período segundo, συνψχει Λαμία, etc. Vivía con la ciudadana y noble amiga Lamia, etc.
(339) Περί πίστως.
(340) Περί χάριτος.
(341) Alude a las estatuas de Mercurio llamadas Términos, que suelen ser de
esta figura; esto es, una pirámide cuadrada inversa hasta los genitales, y
de allí arriba un cuerpo humano.
(342) Menos uno, que fue estatuario.
(343) Hubo otros muchos Demetrios además de éstos, y Menagio recoge algunos
que Laercio nombra en otros lugares y aquí los omite.
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