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Diógenes Laercio - Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres ARCESILAO - Libro Cuarto
BIOGRAFÍA DE ARCESILAO (1)
(2)
(vida y epístolas de
Arcesilao)
5. Habiendo una vez ido a ver a Ctesibio, que estaba enfermo, y vístolo
afligido de la pobreza, le puso ocultamente una bolsa de dinero debajo de la
almohada; y habiéndola hallado éste, dijo: «Ésta es burla de Arcesilao». Y aun
en otra ocasión le envió mil dracmas. También alcanzó de Eumenes muchos favores
para Arquias Arcade, habiéndoselo recomendado. Siendo, como era, liberal, y
nada amante del dinero, concurría el primero a las ostentaciones de la plata;
como lo ejecutó en la de Arquestrates y Calícrates, y aun a las de oro se
apresuraba más que otro alguno (290). Suministraba también a muchos cuanto
podía recoger. Habiendo prestado varias piezas de plata a uno que convidaba a
ciertos amigos, como éste se quedase con ellas, ni se las pidió, ni indicó
habérselas prestado. Algunos dicen
que se las ofreció él mismo para servirse en aquella ocasión, y que al
volvérselas, porque era pobre, le hizo gracia de ellas.
6. Tenía algunos bienes en Pitana, de los cuales le iba enviando socorros su
hermano Pílades. Igualmente Eumenes, hijo de Filetero, le suministraba mucho,
y por esta causa con ningún rey tenía trato sino con éste (291). Habiendo muchos
que adulaban (292) a Antígono y concurrían a su casa, Arcesilao se abstenía, no
queriendo ni aun que tuviese noticia de él. Era grande amigo de Hierocles,
gobernador de Muniquia y del Pireo, y en los días de fiesta nunca dejaba de
bajar a verlo. Habiéndole éste querido persuadir por muchos caminos a que fuese a
saludar a Antígono, no obedeció, sino que fue hasta la puerta de palacio, y de ahí
se volvió atrás. Después de la batalla naval de Antígono, habiendo ido muchos a
consolarlo, y muchos escrítole cartas consolatorias, Arcesilao guardó silencio;
pero también habiendo ido embajador por la patria a Antígono Demetriade, nada
consiguió.
7. Siempre habitó en la Academia, huyendo de los negocios públicos. Algunas
veces se detenía en Atenas por causa de algunas dudas que le proponían, y
emprendía a explicar, y entonces se quedaba en el Pireo en casa de Hierocles
(293:). Por esta amistad lo motejaban algunos. Era demasiadamente pródigo (¿qué
más que llamarlo segundo Aristipo?), dando banquetes a los de su brazo, y yendo
también él a los de ellos. Usaba públicamente de las dos meretrices elienses
Teódota y Fileta, y a los que lo murmuraban les oponía las respuestas (294) de
Aristipo. Amaba y era muy propenso a la gente joven; y por esto Aristón Quío,
estoico, lo acusaba de corruptor de la juventud, y aun era llamado obsceno
elegante y audaz.
8. Dícese que amó mucho a Demetrio navegando para Cirene; como también a Leocares
Mirleano, del cual dijo públicamente en la mesa que él quería abrir, y que
Leocares lo prohibía vigorosamente. Amábanlo a él Demócares, hijo de Laqueto, y
Pitocles, hijo de Bouselo, y el recibirlos, decía, era por su mucha clemencia.
Por estas cosas lo murmuraban y motejaban los arriba dichos, como amante del
vulgo y de la vanagloria. Pero lo cargaron más que nunca estando con Jerónimo
Peripatético, cuando juntaba los amigos a fin de celebrar los días de Alción,
hijo de Antígono, para lo cual había éste enviado dinero suficiente con deseo de
que lo disfrutasen. En este convite, habiendo excusado absolutamente las
conferencias, como Aridelo le propusiese cierto teorema y le pidiese la
explicación, le dijo: «Lo más importante y más propio de la filosofía es saber
el tiempo oportuno para cada cosa». Sobre lo de atribuirle demasiada unión con
el vulgo, así habla Timón, aunque ciertamente según acostumbra:
Después de haber hablado,
se mete por las turbas que lo cercan
y lo están admirando, como suelen
los simples pajarillos al mochuelo.
Ellas miran a un necio, y sin más causa
maravilladas quedan. ¡Miserable,
por cosa tan pequeña te me engríes!
9. Sin embargo de esto, estaba tan libre de amor propio, que exhortaba a sus
discípulos a que oyesen a otros maestros. Y aun a cierto joven, natural de Quío,
que no gustaba de su escuela, sino de la de Jerónimo arriba nombrado, él mismo
lo condujo al filósofo, y lo exhortó a perseverar en el buen orden empezado.
También corre aquel gracioso dicho suyo, y es que a uno que le preguntaba por
qué de las otras escuelas se pasaban muchos a las de Epicuro, y de los
discípulos de Epicuro ninguno a las otras, respondió: «Porque de los hombres se
hacen los eunucos, pero de los eunucos no se hacen los hombres». Finalmente,
hallándose próximo a la muerte, dejó todos sus bienes a su hermano Pílades, que
lo había conducido a Quío y después ocultamente a Marea, de donde se lo llevó a
Atenas. Permaneció sin casarse, ni tuvo hijo alguno. Hizo tres testamentos
(295): el uno lo dejó en Eretria en casa de Amficrito; otro en Atenas en poder
de uno de sus amigos, y el tercero lo envió a su casa, encargándolo a
Taumasías, uno de sus parientes, para que lo guardase, y le escribió en esta
forma:
«ARCESILAO A TAUMASÍAS, GOZARSE (296)
»Entregué a Diógenes mis testamentos para que te los llevase.
Parecióme bien testar, por causa de que enfermo a menudo, y está
mi cuerpo flaco de fuerzas, a fin de no hacerte injusticia alguna si hubiese
novedad en mi vida, ya que me has amado en tanta manera. Habiéndome sido
siempre fidelísimo sobre todos, confío me los guardes, ya por ser tú joven
todavía, ya por nuestra consaguinidad. Cura, pues, ser justo para conmigo, y tratar
las cosas mías con la posible integridad, en atención a que pongo en tus manos
las cosas que por tu misma confesión más necesitas.»
10. Pusiéronse estos testamentos en Atenas en casa de uno de sus amigos, y en
Eretria en poder de Amficrito. Murió, como dice Hermipo, de haber bebido vino
puro en exceso y caído en delirio, a los setenta y cinco años, habiendo sido
tan acepto a los atenienses cual ninguno otro. Hay un epigrama mío a él, que
dice:
¿Por qué profusamente tanto vino
sorbes, Arcesilao, que te privas
de razón y juicio?
Lástima me ha causado, no tu muerte,
sino la contumelia que a las musas
haces, vaciando jarros sin medida.
Hubo otros tres Arcesilaos: uno poeta de la comedia antigua, otro, poeta
elegíaco, y otro escultor, a quien Simónides compuso este epigrama:
De Diana es la imagen que aquí miras:
Ducientas dracmas Parias,
de Arato con la insignia, fue su precio.
Hízole el diestro y noble Agesilao
de Aristódico hijo,
con el ingenio y arte de Minerva.
Nuestro filósofo floreció hacia la Olimpíada CXX, como dice Apolodoro en sus
Crónicas.
__________
(290) No consta qué manifestaciones de los vasos de plata y oro eran éstas, y
con qué fin se hacían. Por ventura era costumbre hacer esta pompa en algunas
funciones, para que después en las urgencias públicas acudiese cada uno con las cantidades
proporcionales a sus haberes.
(291) προσεώνει.
(292) θεραοευόντων.
(293) Si es cierto, como quieren Meursio, Menagio y otros, que la Academia
sólo distaba de Atenas seis estadios, que es menos de un cuarto de legua
nuestra, no acabo de entender la causa de quedarse Arcesilao en El Pireo, que
distaba de la ciudad 40 estadios, como el mismo Laercio dice en
la vida de Antístenes. Y aunque el verbo έχρόνιςεν puede interpretarse no
sólo de tiempo corto, sino también de largo, sin embargo, como la causa de
tales detenciones eran los argumentos y cuestiones que le proponían unos y
otros, no dudo que esto sucedía en la ciudad, v.gr.: en los gimnasios,
liceos, pórticos y demás parajes adonde concurrían los filósofos. Si de esta
reflexión puede deducirse algo acerca de la distancia que había de Atenas a la
Academia, acaso no se engañaron San Jerónimo ni Porfirio con decir que la
Academia estaba distante de Atenas. Los lugares de Cicerón y Livio
que suelen citarse pueden admitir diversos sentidos. Plutarco, Suidas,
Pausanias, el mismo Laercio en la vida de Platón, y otros, que la llaman
lugar suburbano, lugar cercano a Atenas, también puede interpretarse de modo
que no repugne a lo que dice el Santo; pues también el puerto Pireo era
lugar suburbano, y aun unido a la ciudad por medio de muros, templos,
sepulcros, palacios, casas, etc., y sin embargo distaba más de una legua.
El texto laerciano es: Τό πάν δή διέτρι
βεν
έν τή΄ Α΄χαδημία , τόν πολιτισμόν έχτοπίξων Καί ποτε χαί δή χαί Α΄θήνησιν εν τή
Πειραιεϊ πρός τάς θέσεις λέγων εχρόνισεν, οίχείως έχων πρός Ι΄εροχλία.
(294) De los críos, χρείας, tratamos en la vida de Aristipo, nota 131.
(295) Tres ejemplares auténticos del mismo testamento, según era costumbre, a fin de
que si uno se perdiese o fuese corrompido por algún malicioso, quedase modo
de remediar este daño.
(296) Χαϊρειν.
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