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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
XV - SOFISTAS
Y ESCÉPTICOS
XV - SOFISTAS Y ESCÉPTICOS
62.
El gusto filosófico propagado por las escuelas de
la Jonia e Italia, y el adelanto en la práctica de discutir que se
elevaba a su verdadero arte en la dialéctica de Zenón, produjeron
naturalmente el espíritu de disputa, y lo que antes era investigación
seria, acompañada del amor de la verdad, se fue convirtiendo en vanidad
pueril y en objeto de especulación. Aparecieron entonces los sofistas,
que se preciaban de discutir improvisadamente sobre todas las materias,
sosteniendo el pro y el contra en todas las cuestiones. Estos juegos del
ingenio acarrearon por una parte el descrédito de la filosofía, y por
otra dieron más amplitud al escepticismo, haciendo de él una verdadera
escuela. Quien se acostumbra, aunque sea por juego, a sostener el pro y
el contra de todo, corre peligro de caer en la duda de todo; así como
los que toman la costumbre de balancearse acaban por contraer una
necesidad de balanceo. 63.
Descuella entre los sofistas y escépticos Protágoras de Abdera, quien
sostenía que no hay verdad absoluta, que todo es relativo y que el
conocimiento es sólo de apariencias, no de realidad, y que, por tanto,
el hombre es la medida de todas las cosas. El escepticismo de Protágoras
se liga con sus doctrinas ideológicas, que eran sensualistas. Como no
admitía en el hombre más que sensaciones, y éstas son contingentes y
variables, sacaba de aquí un argumento para combatir la verdad absoluta.
Por manera que la doctrina sensualista que algunos ideólogos modernos
han querido presentar como base de certeza y preservativo contra los
extravíos de la razón, figura desde los antiguos tiempos como un
manantial de escepticismo. Y no sin fundamento, porque si no admitimos
otra cosa que sensaciones, no tenemos otra base de certeza que una
serie de fenómenos contingentes, y, por consiguiente, perdemos todo
principio de necesidad. Siendo las sensaciones hechos subjetivos, que en
muchos casos no representan la naturaleza del objeto, resultaría que no
podrían darnos a. conocer con certeza ni siquiera la realidad
contingente que corresponde al fenómeno pasajero. 64.
La teoría de la verdad relativa conduce a la falsedad absoluta, pues
que hay poca distancia entre decir que no hay más que verdad aparente y
el afirmar que no hay
verdad alguna. La mera apariencia de la verdad no es la verdad, y así se
explica por qué habiendo sostenido Protágoras que todo es igualmente
verdadero, Gorgias Leontino sacó la consecuencia de que todo es
igualmente falso. La razón fundamental de Gorgias es la imposibilidad de
pasar de lo subjetivo a lo objetivo y de conocer algo real, si la
realidad no se confunde con el conocimiento, o sin que la cosa conocida
esté en el mismo sujeto que conoce. Gorgias opinaba que no existe nada,
y añadía que aun suponiendo la existencia de algo no podría sernos
conocida en no estando el objeto en el mismo sujeto. El argumento de
Gorgias se ha reproducido en los siglos posteriores, y el idealismo
panteísta de Schelling se funda en la misma base. 65.
Pródico, Hippias, Trasímaco, Calicles, Eutidemo, Diágoras, Critias y
otros, se distinguieron en la escuela sofística, si es que merece el
nombre de escuela una turba de impostores que traficaban con cosas tan
respetables como la razón y la verdad. 66.
Excusado es añadir que el ateísmo era una consecuencia de tales
doctrinas; quien duda de todo, ¿cómo afirmará la existencia de Dios?
Así es que Protágoras decía que no sabía lo que eran los dioses, y que
aun ignoraba si existían. En el mismo error cayó Diágoras, cuya cabeza
pusieron a precio los atenienses. Protágoras fue también desterrado de
Atenas y sus libros quemados en la plaza pública.
Estos dos filósofos vivían por los años de 410 antes de la era vulgar.
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XV - SOFISTAS
Y ESCÉPTICOS
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