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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
XVI - SÓCRATES
XVI - SÓCRATES
67.
El escepticismo y el ateísmo, frutos de las pasiones y del espíritu de
sofisma, iban desfigurando la filosofía de una manera lamentable; y a
la sombra de las malas doctrinas se corrompían las costumbres y se
minaban los cimientos de la sociedad. Convenía, pues, que apareciese un
hombre extraordinario capaz de oponerse a tantos estragos, y que pudiese
llenar su objeto no sólo por la elevación de sus ideas, sino también
por las cualidades de su carácter. Este fue Sócrates. Nació en Atenas en
470 antes de la era vulgar, y murió en el de 400, condenado a beber la
cicuta. 68.
El nombre de este filósofo ha pasado a la posteridad como un modelo de
juiciosa templanza en las investigaciones y de moralidad en la
conducta, y sea cual fuere la exageración que en las narraciones se
haya podido introducir, siempre resulta cierto que
Sócrates ejerció
grande influjo en la dirección de la filosofía griega y que su fama fue
respetada en los tiempos posteriores, triunfos que no se alcanzan sino
con calidades eminentes. 69.
La presunción de los sofistas, que pretendían hablar de improviso sobre
todo, halló un correctivo en la modesta expresión del filósofo de Atenas: una cosa sé, y es que no sé nada. Los que se burlaban de Dios, de la
religión y de la moral encontraron un freno en la doctrina de
Sócrates
que, apartando la consideración de lo demás, ponía la perfección de la
filosofía en el conocimiento y culto de la divinidad, en el arreglo de
la conducta y en prepararse para recibir en otra vida el premio de las
buenas acciones. 70.
Se dice que Sócrates tenía un genio familiar, doemon, con quien estaba
en comunicación frecuente. ¿Era impostura? ¿Era ilusión? La impostura
no parece propia de un hombre que profesaba doctrinas tan severas, y
aunque haya en favor de tal sospecha el ejemplo de otros célebres
personajes de la antigüedad, esto no es bastante para admitirla. La
buena fama de los hombres es siempre respetable, siquiera hayan vivido
en tiempos muy remotos. Un filósofo que de tal modo se concentraba en la
meditación de las verdades morales, de la suerte del alma en la vida
futura y sus relaciones con la divinidad, no es extraño que cayese en
la ilusión, creyendo que eran inspiraciones de un genio los productos de
su viva fantasía y reflexión profunda. 71.
El método de Sócrates era conforme a sus principios: enemigo de
cavilaciones, se dirigía especialmente al buen sentido de los oyentes
empleando la forma de diálogo, que aproxima la discusión filosófica al trato común de la vida. En
su tiempo como en el nuestro, no faltaban filósofos que, orgullosos de
su razón, despreciaban el sentido común. Sócrates les enseñaba con su
ejemplo que no es buena la filosofía que empieza por ponerse en
contradicción con las ideas y los sentimientos del linaje humano. 72.
El mismo comparaba su método de enseñanza a un auxilio para el
alumbramiento intelectual; no creía producir las ideas, sino sacarlas
de donde estaban, ayudarlas a nacer. Este método se ligaba con sus
doctrinas ideológicas, pues opinaba en favor de las ideas innatas,
diciendo que pensar era recordar. Apoyaba su doctrina con el ejemplo de
los niños, a quienes se puede ir enseñando le geometría con sólo
procurar que desenvuelvan reflexiva y ordenadamente sus ideas sobre las
figuras que se les vayan ofreciendo. Así es que sin consignar principios
generales ni establecer teorías, se dirigía a sus oyentes haciéndoles
alguna pregunta; según la respuesta, preguntaba de nuevo, excitando y
dirigiendo la reflexión de su discípulo hasta que le conducía a la
verdad deseada; con lo cual conseguía que el amor propio no se sintiese
humillado teniendo que recibir doctrinas ajenas, antes experimentase una
complacencia al ver cómo salían de su propio seno las verdades que
aprendía.
73.
En medio de la humildad de su discusión, sabía emplear
Sócrates una
dialéctica contundente. Al disputar con los sofistas, confesaba su
propia ignorancia; y como éstos creían saberlo todo, se adelantaban
fácilmente a exponer con extensión sus doctrinas.
Sócrates los oía,
notaba los puntos flacos, las contradicciones, y tomando la palabra,
los llevaba gradualmente adonde quería, cubriéndolos de vergüenza. Esta
sabía hacerla más abrumadora con su finísima ironía. 74.
Sea cual fuere el concepto que se forme sobre el método socrático, es
preciso reconocer un hecho que le abona, y es el que produjo hombres
eminentes. Veremos en lo sucesivo que la filosofía griega recibe en la
escuela de Sócrates un fuerte impulso que la levanta a una altura antes
desconocida. No cabe duda en que una gran parte de este mérito se debe
al filósofo de Atenas, aunque no
sería justo exagerar las cosas hasta el punto de atribuírselo todo.
Sócrates fue discípulo de Archelao, y éste lo había sido de Anaxágoras,
filósofo eminente, que trasladó a Atenas las doctrinas de la escuela
jónica. Es preciso no olvidar estas circunstancias para no perder de
vista el hilo que une la filosofía de Occidente con la de Oriente. No
ignoro que Anaxágoras cultivó especialmente la física, y
Sócrates la
moral; pero ya hemos visto que la escuela jónica había estado en
íntimas relaciones con las de Oriente, y que el estudio del mundo
corpóreo no le hacía olvidar el del orden espiritual; del Oriente
recibió el Occidente las doctrinas sobre el espiritualismo, la
providencia, la vida futura y la inmortalidad del alma en una mansión
de premio o castigo.
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Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
XVI - SÓCRATES
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