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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
LVII - SCHELLING
LVII - SCHELLING
236.
El principio fundamental de Schelling es la identidad del sujeto que
conoce con el objeto conocido. Las leyes del mundo real son las mismas
que las del ideal; las unas se pueden comprobar por las otras. No
habiendo más que la unidad absoluta, la multiplicidad es una simple
apariencia: una manifestación de lo absoluto, que, según las fases
que muestra, se llama naturaleza o inteligencia, cuerpo o espíritu. El
desarrollo de la humanidad es una evolución de lo absoluto. La historia
en todos sus aspectos, en todas sus partes, es una serie en que el ser
absoluto se presenta bajo distintas formas; nuestra propia conciencia
es un mero fenómeno de la conciencia absoluta. La filosofía puede
seguir dos caminos: partir del yo y de allí sacar el objeto, el mundo;
o partir del objeto y de allí sacar el yo. Como el sujeto es idéntico al
objeto, el yo al no yo; lo uno se puede encontrar en lo otro; todo
está en saber el secreto; quien desee conocerlo debe acudir a los
filósofos alemanes; acuda allí, y después de haber gastado largo
tiempo con inminente riesgo de perder el juicio, se hallará que sabe lo
mismo que antes: nada. 237.
Es preciso advertir que Schelling ha procurado, en los últimos tiempos,
explicar a su modo sus teorías, esforzándose por desvanecer los
fundadísimos cargos que se le han hecho; vanos esfuerzos:
Schelling no
puede sincerarse sino abandonando sus doctrinas anteriores. Para
encontrar el panteísmo en su obra titulada Sistema del idealismo
trascendental no se necesita sagacidad: basta saber leer. Comoquiera,
son dignas de atención las palabras del filósofo en 15 de noviembre de
1841, en su cátedra de Berlín. (V. Filosofía fundamental, lib. I, not.
8.)
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