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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes
Capítulo XXXVIII -
SANTO TOMÁS DE AQUINO
XXXVIII - SANTO TOMÁS DE AQUINO
198.
Al fijar la consideración en el movimiento intelectual de Europa en el
siglo XIII, se conoce que el espíritu humano había recibido ya tan
grande impulso que no era fácil se parase en lo sucesivo: mayormente
cuando la sociedad, aunque envuelta todavía en gran confusión, se
enaminaba, no obstante, a la seguridad que obtuvo en los siglos
siguientes. Lanfranco, San Anselmo, San Bernardo, Hugo de San Víctor,
Ricardo de San Víctor, Pedro Lombardo, Alberto Margno y otros hombres
ilustres, habían esparcido un germen de verdadera ciencia que no debía
perecer. Sin embargo, es menester confesar que el espíritu de sutileza y
de disputa iba extraviando lastimosamente los entendimientos,
llevándolos a un examen de la religión, tanto más peligroso cuanto se le
fundaba principalmente en vanas cavilaciones de escuela. Ya hemos visto
los errores de Roscelin y Abelardo; posteriormente hallamos que a
principios del siglo XIII, Amaury de Chartres, y su discípulo David de
Dinand. enseñan el panteísmo. Los escritores católicos, sin huir el
cuerpo a sus adversarios, ni aun en el terreno filosófico, defendían la
verdad a medida que las circunstancias lo exigían; pero no habían
reducido las doctrinas de Aristóteles y sus comentadores árabes a un
sistema completo, que por una parte ofreciese enlace y unidad,
satisfaciendo las necesidades intelectuales de la época, y por otra se
armonizase con los dogmas de la Iglesia. Para llevar a cabo esta obra
era necesario un hombre de alta capacidad que con su poderoso
ascendiente dominara la anarquía de las escuelas y las sometiese a su
imperio; este hombre apareció: era Santo Tomás de Aquino. Entre sus
muchas obras descuella la Suma Teológica, a la cual ha hecho justicia
M. Cousin, llamándola «uno de los más grandes monumentos del espíritu
humano en la Edad Media, y que contiene, a más de una alta metafísica,
un sistema completo de moral, y hasta de política» (Historia de la
Filosofía, tomo I). 199.
Desde Santo Tomás data propiamente la filosofía escolástica reducida a
un sistema completo y en armonía con el dogma católico: en los siglos
XI y XII se reunían los materiales, se construían tiendas, habitaciones
provisionales; pero el verdadero edificio lo levantó en el siglo XIII el
genio de este hombre extraordinario, a quien, conforme al espíritu de
los tiempos, se dió con mucha verdad el hermoso título de Angel de las
escuelas, o Doctor Angélico.
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